Con una superficie de 62 kilómetros cuadrados, el municipio ourensano de Parada de Sil dista 47,4 kilómetros de la capital de la provincia. A él se llega por la comarcal 541 Ourense-Trives o desde otros accesos más difíciles pero más interesantes paisajísticamente.

La identidad propia de esta localidad se sintetiza en que es un pueblo pequeño, rural, apartado de las grandes ciudades, con valores patrimoniales muy destacados e incluido en la marca Ribeira Sacra, que más pronto que tarde será Patrimonio

de la Humanidad. Tiene una gestión dinámica, moderna, con cultivos identitarios como la castaña o el vino y con una identidad cultural propia: barquilleros, romerías, el juego ancestral de los bolos, carrera de montaña, concurso de microrrelatos y fotografía o publicación de libros de personas relevantes vinculadas al concello.

La auténtica tranquilidad. Hace ocho años que los dirigentes quieren convertir la llegada de visitantes al municipio en motor económico, junto a la castaña, el vino y, en menor medida, la ganadería. Y va en la dirección correcta al saber apreciar su patrimonio y ponerlo en valor, conservarlo y divulgarlo. Al margen de grandes flujos turísticos, se presenta como un lugar auténtico donde la tranquilidad del territorio y el poso que dejó el tiempo en el patrimonio histórico artístico cuentan al visitante que se encuentra en un lugar intacto.

El paisaje de bancales donde las uvas maduran al ritmo de la tierra y el sol, y el vino se hace lentamente, llevando la impronta del tiempo, es un valor constante y estacionalmente diferente. Bosques de castaños centenarios en los que se potencian visitas y fiestas como el magosto o la “pisa da castaña” son señas de identidad de este municipio declarado de Interés Turístico por la Xunta de Galicia.