Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Una nueva mirada al mundo

La ganadora del Pulizter Anne Tyler regresa con una conmovedora y divertida historia de amor actual que bucea en los entresijos de los sentimientos a través del protagonista masculino

Anne Tyler.   | // MICHAEL LIONSTAR

Anne Tyler. | // MICHAEL LIONSTAR

Una sala llena de corazones rotos

Una sala llena de corazones rotos

Anne Tyler (Minneápolis, 1941) se lo ha llevado casi todo –además de aplausos– en una carrera de más de cincuenta años. Premio Pulitzer, National Book Critics Circle y PEN/Faulkner, entre otros, acaba de alumbrar otra joya en su dilatada trayectoria, “Una sala llena de corazones rotos”, en la que vuelve a meterse en la piel de un personaje masculino que debe adaptarse a los cambios que le sobrevendrán, que no van a ser pocos. Divertida y empática, Tyler presenta situaciones, personas y diálogos con la mezcla perfecta de humanidad y calidez que le han dado fama.

A través de su mirada y escritura afilada aparece Micah Mortimer, un cuarentón solitario que trabaja como técnico de ordenadores y tiene una vida ordenada: su empresa unipersonal, “Tecnoermitaño”, se dedica a la asistencia técnica informática para particulares, y su lado amoroso se resume a Cassia, su pareja –a la que se niega a llamar “novia”–, con la que lleva tres años y con quien comparte su postura independiente sin convivencias ni compromiso. Mortimer vive en el norte de Baltimore, y está a gusto con su orden inalterable.

Sin embargo, esa existencia plácida de pronto da un vuelco. Cassia le anuncia que van a echarla de su casa porque la dueña se ha enterado de que tiene un gato y debe irse a vivir con él. Paralelamente, llama a su puerta un adolescente, Brink, que dice ser su hijo, fruto de una relación que tuvo Micah en la universidad. No obstante, parece imposible que sea su padre porque al parecer nunca llegaron a mantener relaciones sexuales. Brink se ha escapado y no quiere ver a sus progenitores, pero poco a poco Micah consigue acercar a la familia y retomar el contacto con su ex-pareja. El ermitaño debe abrirse a los sentimientos y a la relación social para ver el mundo con otros ojos.

“Él da la impresión de no tener amigos. Es cordial con los vecinos, pero nada más. Lo saludan cuando se lo encuentran, y él les devuelve el saludo con un gesto de la cabeza y levanta la mano, a menudo sin molestarse en abrir la boca”, describe a Micah al inicio. Respecto a la facilidad para describir personajes masculinos, dice Tyler: “Me siento muy cómoda escribiendo sobre ellos; creo que eso se debe a que en mi vida ha habido muchos hombres buenos. Me hicieron sentir a gusto, así que pensé: “Vale, no somos tan diferentes”. Una sala llena de corazones rotos es la vigesimotercera novela de Tyler.

Compartir el artículo

stats