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Alejandría: Un viaje literario

A los 30 años de la muerte de Lawrence Durrell “El cuarteto de Alejandría” se sigue reivindicando como una de las cumbres literarias del siglo XX

El escritor Lawrence Durrell, en París en 1984

El escritor Lawrence Durrell, en París en 1984

El 8 de noviembre de 1990, hace treinta años, murió en Sommières (Francia) el escritor Lawrence Durrell. En 1957 había decidido instalarse en el sur de Francia después de una vida de incesantes desplazamientos. El primero fue desde su lugar de nacimiento en La India en 1912 a Londres, a donde le enviaron a los once años cuando su padre dejó de trabajar como ingeniero de los ferrocarriles de la colonia británica. En la capital tuvo varios oficios antes de terminar como pianista en un club de jazz, pero no se adaptó a la vida de la metrópoli (“la islita atroz y mezquina”, según sus palabras), y al no poder ingresar en la universidad de Cambridge decidió alejarse para siempre de su país. En 1935 convenció a su tres hermanos y a su madre (su padre había muerto ocho años antes) para irse a vivir a la isla griega de Corfú, donde empezó a escribir poesías y novelas. Su amistad y un intercambio epistolar con Henry Miller que duró toda la vida, le llevaron a París, donde también se relacionó con Anaïs Nin. Bajo la influencia literaria de Miller escribió su primera novela, “El cuaderno negro” (1938), en la que mezclaba sucesos imaginados con experiencias autobiográficas (el protagonista se llama Lawrence), una obra que la censura no permitió publicar en Inglaterra hasta 1973. Trabajó como profesor en el British Council de Atenas hasta la llegada de los nazis a Grecia, y como agregado del servicio diplomático estuvo destinado en El Cairo, Rodas, Belgrado, Chipre, Argentina y Alejandría. Esta última ciudad lo cautivó hasta el punto de convertirla en escenario y protagonista de su novela más importante, “El cuarteto de Alejandría”, una de las cumbres de la literatura del siglo XX, cuyos cuatro volúmenes publicó entre 1957 y 1960. Durrell no consiguió repetir el éxito de la tetralogía con “El quinteto de Avignon”, aunque se nota en ella su evolución literaria y su madurez creativa.

La familia de Lawrence Durrell criticó siempre su forma de vida desordenada, sus cuatro matrimonios y su incesante trashumancia

La familia de Lawrence Durrell criticó siempre su forma de vida desordenada, sus cuatro matrimonios y su incesante trashumancia. Su hermano menor, el naturalista Gerald Durrell desliza algunas críticas en su trilogía “Mi familia y otros animales”, “Bichos y demás parientes” y “El jardín de los dioses” (Lawrence es el despótico y excéntrico Larry), que no impidieron que el autor del Cuarteto prologara el libro de su hermano. Con los libros de Gerald, Netflix ha producido la serie “The Durrells”, que acaba de estrenarse en España. La hija de Lawrence, Safo, nombre que Durrell le puso en memoria de la poetisa griega, se ahorcó a los 33 años, después de acusar a su padre de abusos sexuales en un libro de memorias, un episodio nunca demostrado cuya acusación convirtió en tragedia los últimos años del escritor, arrasado por el alcoholismo y por el enfisema que terminó con su vida.

Alejandría como metáfora

La primera novela de las cuatro que forman “El cuarteto de Alejandría” es ‘Justine’, nombre del personaje central, una mujer exótica y sensual a la que el narrador, el novelista irlandés L.G. Darley, sitúa en esta ciudad portuaria y cosmopolita, donde se mezclan las culturas cristiana, judía y musulmana. Las relaciones amorosas y sexuales que se cuentan en esta narración se desarrollan durante las décadas de 1930 y 1940 en un ambiente decadente de intrigas políticas en el que el narrador tiene un apasionado romance con Justine, casada con uno de los hombres más poderosos de Alejandría, el comerciante copto Nessim Hosnani, que conspira contra el Gobierno. La relación de personajes fascinantes que desfilan ante el lector conforman un mosaico de relaciones en el que se desarrollan las diferentes tramas de la novela: Melissa, la pareja del escritor; el judío Balthazar, practicante de la Cábala; los escritores Pursewarden y Arnauti, la pintora Clea; Leila, antigua amante del embajador británico Mountolive y madre de Nessim… casi todos ellos interrelacionados entre sí y con el narrador. Cada uno va tomando cuerpo y convirtiéndose en referencia importante de la trama a medida que se desarrollan los cuatro volúmenes de la obra y se van conociendo los distintos perfiles de cada personaje sobre los que Durrel proyecta puntos de vista diferentes (como las imágenes que proyectan los espejos en los que se contempla Justine en un episodio de la primera novela del Cuarteto) que descubren facetas inéditas y aspectos distintos a las versiones expuestas por el narrador en cada uno de los volúmenes de la tetralogía (en los tres primeros se cuentan las mismas historias desde visiones diferentes), que no respeta el orden cronológico de los hechos, en un experimentalismo que algunos críticos han definido como precursor del realismo mágico. En el último, a la manera como Proust contara el paso del tiempo, Durrell presenta a los personajes cuando han pasado los años. 

A través de las diferentes visiones que se presentan en cada uno de los cuatro volúmenes sobre los hechos que se cuentan en “El cuarteto de Alejandría”, el lector concluye que nunca hay una versión única y objetiva de lo que acontece en la vida y en la historia, puesto que todo es relativo (Durrell fue un admirador de las teorías de Freud y Eistein).

Nunca se conocerá el contenido autobiográfico que el cuarteto esconde bajo los personajes y los avatares de la narración, pero muchos intérpretes de la obra de Durrell coinciden en identificarlos con vivencias del escritor. Según algunos, fue Yvette Cohen, su segunda esposa, la que le inspiró el personaje de Justine. Realmente, casi toda la obra de Durrell contiene elementos autobiográficos mezclados con la ficción de las tramas narrativas, desde “El cuaderno negro” hasta “Una sonrisa en el ojo de la mente”, una obra que reúne sus novelas “Tunc” y “Nunquam”; de ahí que todo haga pensar que también “El cuarteto de Alejandría” fuese una obra en gran parte autobiográfica”. 

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