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Cuando la Parca descansa

Enard regresa a Francia con una divertida y brillante novela sobre la relación del ser humano con la muerte y la naturaleza

Mathias Enard

Mathias Enard

David Mazón debe trabajar en su tesis doctoral sobre la vida en el campo hoy en día, con ese fin ha dejado París para instalarse durante un año en un remoto pueblo rodeado de marismas en la costa oeste de Francia, cerca de Niort. Mientras supera las incomodidades del mundo rural, establece contacto con los pintorescos lugareños que frecuentan el café-colmado para entrevistarles. Los encabeza Martial, el alcalde enterrador, y el anfitrión del tradicional banquete de los miembros de la Cofradía de los Sepultureros. En este festín pantagruélico donde vinos y manjares van de la mano de leyendas, canciones y disputas sobre el futuro del oficio funerario, la Muerte les ofrece curiosamente tres días de tregua.

El resto del año, cuando la Parca se apodera de alguien, la Rueda de la Vida lanza su alma de nuevo al mundo, a un tiempo futuro o pasado, como animal o como ser humano, para que el disco continúe girando. En esta gran novela, que combina numerosas dosis de humor con la conocida erudición de su autor, Mathias Enard exhuma el pasado turbulento y los tesoros de su Francia natal recorriendo el último milenio de su historia, pero sin perder de vista los miedos contemporáneos y con la esperanza de un mañana en el que el ser humano esté en armonía con el planeta.

El joven antropólogo que es Mazón –el protagonista– quiere escribir “la auténtica monografía rural que tanta falta hace en la etnología contemporánea”. Tras conseguir una beca del Consejo Departamental de Deux-Sevres, el investigador deja París y se traslada a La Pierre-Saint Christophe, donde estudiará durante un año a sus habitantes. Ese tiempo va a ser muy poco productivo en lo académico pero muy interesante en todo lo demás. Especialmente en esos tres días de primavera en los que la Parca descansa –como regalo a sus trabajadores: marmolistas, cavadores, guardianes de cementerio, cocheros de carrozas fúnebres…– y no se lleva a nadie para que celebren alegremente el ágape.

Después, la Rueda de la Vida continúa su curso para asignar un cuerpo a cada alma. Así, a lo largo de la historia el lector irá sabiendo quién es el pequeño jabalí que corre ahora por el bosque buscando jabalinas o los villanos que viven en los diminutos cuerpos de los gusanos que el protagonista encuentra en su bañera.

Con pequeñas historias dentro de la historia, la novela está salpicada de un humor negro que provoca la sonrisa del lector a lo largo de las páginas, así como de una brillante erudición que encaja a la perfección en la lectura. A Mathias Enard, premio Goncourt –entre otros– hay quien le considera el “nuevo heredero de Balzac”. En la narración también hay espacio para la reflexión sobre la relación del ser humano con la naturaleza y la huella irreparable que deja.

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