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La recuperada actualidad de Julio Camba

La reedición de la antología “Ni fuh ni fah” pone un ladrillo más en el renacimiento del genial articulista pronosticado por Torrente Ballester

La recuperada actualidad de Julio Camba

La recuperada actualidad de Julio Camba

La recuperación por la editorial riojana Pepitas de Calabaza de Ni fuh ni fah, la penúltima recopilación de artículos periodísticos en vida de Julio Camba –se publicó por primera vez en junio de 1957, cinco años antes su muerte– vuelve a traer a la actualidad al genial articulista gallego, nacido en Vilanova de Arousa en 1884. En sus páginas, el maestro del humor inteligente nos regala divertidísimas anécdotas de su deambular por tierras extranjeras, fruto de esa manía suya de observar el ancho mundo, trufadas con lúcidas reflexiones que dejarían sin habla al más elocuente de los filósofos y que constituyen la prueba fehaciente de lo que él mismo solía predicar: “Los hombres no son ni buenos ni malos: son absurdos”.

El libro se debe en buena medida a Luis Calvo, quien, tras convertirse en el director de ABC en 1953, buscó artículos ya publicados del cronista gallego, llamó al genial ilustrador Lorenzo Goñi y montó una página en la que hasta las mínimas correcciones se atribuyen a él. Calvo fue otro periodista memorable. Corresponsal en diferentes países, como Camba, cubrió como enviado especial de ABC la guerra de Oriente Medio en 1967; los conflictos de Europa del Este en 1968; la guerra de Indochina en 1972 y el golpe militar en Chile en 1973, entre otros acontecimientos. Además, tradujo del inglés Mi Vida, las memorias de la bailarina Isadora Duncan.

La publicación de Ni fuh ni fah por Pepitas de Calabaza viene a poner otro ladrillo en la labor de recuperación de la obra del periodista gallego a la que venimos asistiendo desde los años noventa del siglo pasado por parte de editoriales como Cátedra, Espasa Calpe o la catalana Alhena Media. Pepitas de Calabaza ya había contribuido a esta tarea reeditando en 2012 Mis páginas mejores (1956), antología preparada por el propio autor.

Tras gozar de gran popularidad y prestigio en vida, Camba cayó en el olvido poco antes de su muerte. En 1951 ganó el Premio Mariano de Cavia, sus colecciones de artículos eran leídos con deleite por los lectores de la época y grandes personalidades de la cultura lo elogiaron con justicia. Unamuno le definió como “filósofo celta” y Ortega y Gasset dijo de él que era “el logos, la más pura y elegante inteligencia de España”. Ha llegado ahora el momento de su renacimiento, ese que pronosticó Gonzalo Torrente Ballester en un artículo escrito tras su fallecimiento: “Váyase tranquilo, querido Camba, a pesar de este olvido. Así las gastan aquí, pero ya sabe que para todo verdadero ingenio existe un renacimiento. Habrá un mañana para el de usted. Y los que vuelvan a leerle pensarán ‘¡He aquí a un hombre bueno!”.

¿Por qué Camba es un autor desconocido por muchos en la actualidad? ¿Por qué fue olvidado durante tantos años? La respuesta es simple: por escribir artículos periodísticos, en vez de novelas, y encima eminentemente humorísticos; y por su relación con el franquismo. Curiosamente, las dos mismas razones que explican el similar ostracismo de su paisano Wenceslao Fernández Flórez. (Este sí escribió novelas, pero también de humor. En cualquier caso, es notable su labor periodística, especialmente sus “Acotaciones de un oyente” [crónicas parlamentarias] en ABC).

El artículo elevado a literatura

El cronista gallego fue uno de los principales artífices en España de la elevación del artículo de prensa a la categoría de género literario. La labor había comenzado ya en el siglo XIX con Larra, pero fue en el XX cuando se consolidó a través de la pluma de Camba y algunos otros pocos periodistas.

Gracias a su mirada crítica, a su humor chispeante y a su capacidad de síntesis, consigue convertir un breve artículo en todo un tratado filosófico. Curioso observador de todo lo que le rodea, tiene la habilidad de sacar chispa de cualquier acontecimiento, por menor que pudiera parecer todo lo que le rodea. Es el curioso solitario que pasea por las ciudades y los pueblos, que observa lo que otros no ven y que al hilo de una anécdota nos hace comprender la idiosincrasia de todo un país.

Camba es considerado uno de los mayores genios del humorismo español y uno de los pilares del canon humorístico gallego, junto a Castelao, Cunqueiro y Fernández Flórez. El suyo es un humorismo brillante y escéptico, lejos de la sátira y la comicidad. Su ironía no despedaza lo que toca, sino que lo eleva a un pedestal para que todo el mundo lo contemple. El catedrático de Lengua y Literatura Francisco García Pérez lo describía bien en un artículo de prensa en FARO DE VIGO en 2013 en la que decía que constituye “un antídoto contra la mala leche que va comiéndonos el espíritu: no un adormecedor opiáceo, sino una forma de mirar que busca la esquina, el detalle, el matiz, el enfoque preciso en una breve columna periodística para que la realidad no nos dé solo arcadas, para que nos deje una media sonrisa al menos colgada de los labios”.

Juventud anarquista

Su apoyo al bando nacional en la Guerra Civil le llevó a ser despreciado por muchos, que ignoran su talante liberal y su pasado anarquista. A los trece años, se escapó de casa y se embarcó como polizón en un barco rumbo a Argentina. En Buenos Aires se introdujo en los círculos libertarios e hizo sus primeras armas literarias redactando proclamas y panfletos. A consecuencia de ello, en 1902 fue expulsado del país, junto a otros anarquistas extranjeros, regresando a Galicia.

En seguida saltó a Madrid, fundando su propio periódico, El Rebelde, en la misma línea libertaria de sus escritos argentinos. Acosada por las autoridades y las dificultades propias de una empresa de este tipo, la publicación no tardó en cerrar. Tras el fallido atentado contra Alfonso XIII el día de su boda, el periodista fue llamado a declarar por su vinculación con Mateo Morral, el anarquista que arrojó la bomba contra los reyes camuflada en un ramo de flores. Sus escritos libertarios fueron recuperados también por Pepitas de Calabaza en 2012, en el volumen antológico ¡Oh, justo, sutil y poderoso veneno! En él, escribe: “Ningún fumador de opio, ningún bebedor de ajenjo, ningún tomador de morfina ni de haschis ha tenido sus sueños poblados de visiones más hermosas que las visiones que pueblan el gran ensueño anarquista. La Anarquía es también uno de los paraísos artificiales, y bien vale la pena visitar este paraíso cuando no se dispone de uno natural”.

Huésped fijo del Hotel Palace

Camba fue corresponsal para diversos diarios en Constantinopla, París, Londres, Berlín, Roma y Nueva York, y dominaba cinco idiomas extranjeros. Su afán viajero durante la juventud y la madurez contrasta con los últimos años de su vida, que pasó en soledad en una habitación del Hotel Palace de Madrid, del que fue huésped fijo desde abril de 1954 hasta su muerte el 28 de febrero de 1962.

Pero tras sus viajes por todo el mundo volvía siempre, para encontrarse a sí mismo, a Vilanova de Arousa, su villa natal, en la que nació también Valle-Inclán. (El periodista Arcadi Espada le ha calificado alguna vez a Camba como “el mejor escritor de Villanueva de Arosa”, en malvada crítica hacia el autor de Divinas palabras). Allí se le veía pasear por el puerto, jugar a las cartas en el Casino del Cabo, charlar con sus amigos o navegar en una gamela. Y allí se levanta hoy la Casa Museo Hermanos Camba, dedicada también a Francisco, mayor que él. Si Julio fue un genio del articulismo, su hermano no pasó de ser un novelista de tipo medio, pero la conjunción de los dos resulta muy adecuada para demostrar que en la literatura no todos han de ser mariscales. Para mantener la tradición literaria y servir de puente para llegar a las cumbres son necesarios los mandos medios.

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