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El mundo intimista de Lalla Romano

"La penumbra que hemos atravesado" es una hermosa novela sobre los recuerdos y las decepciones familiares

La penumbra que hemos atravesado - Lalla Romano - Periférica - 288 páginas

La penumbra que hemos atravesado - Lalla Romano - Periférica - 288 páginas

Mario Soldati cortejó a Lalla Romano de manera algo distraída, según ella misma contó. Hay más de un paralelismo entre Romano (Demonte, 1906-Milán, 2001) y Soldati, por encima incluso del amor al cine y la estrecha amistad que los unió. Pertenecen al mismo grupo de escritores antifascistas italianos hijos de un tiempo - Pavese, Beppe Fenoglio, Elsa Morante, Natalia Ginzburg, etcétera- que supieron combinar neorrealismo y poesía en su narrativa. Distintos en las manera y las formas pero disociables por los lazos que la cultura tiende en un mundo abarcable, como fue el italiano de la posguerra. Algunos desaparecieron demasiado pronto, Pavese y Fenoglio; otros, Romano y Soldati, los dos piamonteses murieron siendo nonagenarios después de dejar tras de sí un intercambio epistolar que ha ayudado a interpretar lo que tenían en común: sensibilidad, imaginación y una técnica compartida del sentimiento que les llevó a ser los primeros lectores de los borradores de sus libros.

Romano era una mujer enérgica, alta, sólida, dura e impenetrable. Pintora de formación, poeta y narradora, vivió 95 años y escribió hasta el final de sus días. La mayor parte de su vida permaneció casada con un banquero, tuvo un hijo con el que jamás llegó a entenderse y acabó enemistándose definitivamente al describir la relación que mantenían en Suaves caen las palabras, que ganó en 1969 el Premio Strega y hace ya unos años publicó traducida al español Libros del Asteroide. Un precioso libro sobre los recuerdos y las palabras que no se dicen y se guardan entre una madre y un hijo.

Ahora, Periférica, haciendo gala una vez más de su valiente apuesta literaria, publica La penumbra que hemos atravesado, una novela que se mueve en múltiples direcciones y se superpone con varios niveles de lectura. En ella, Romana recuerda de adulta el mundo de su infancia y en particular de su madre, informa sobre las impresiones y emociones que sintió cuando era niña. Hay mucha nostalgia en esta historia retrospectiva que a veces entraña misterio y otras sencillamente se pierde en una memoria algo inexacta y truncada. Literatura proustiana de alto voltaje, si prefieren decirlo de otra manera. "De pequeños salíamos siempre acompañados por ellas (las criadas), con sus delantales blancos, con el encaje almidonado. Eran Cinta; Anin, la de las mejillas rojas, que acompañaba a Bellina; raramente a Idina; Antonia, gorda y monacal, malhumorada; había que tener un respeto especial hacia ella 'porque era viuda'. Mamá contó que en Turín el servicio doméstico se había rebelado contra la librea y el delantal blanco. -Porque son un símbolo de esclavitud -comentó. A mí la extraña noticia me pareció bien y me quedé aguardando una confirmación". (página 197)

La penumbra que hemos atravesado es, al igual que Suave caen las palabras, una obra intimista cargada de sensaciones que sólo parecen concernirle a su autora y que, sin embargo, implican al lector desde el primer momento en que abre el libro. La madre es la figura central de la novela y Romana se encarga de dibujar en torno a ella la problemática oculta que originan las decepciones familiares. La figura del padre, incluso si se compara con la materna, no es marginal. Romano le dedica igual ternura en algunas de las descripciones que hace sobre la vida cotidiana. "En el sueño, y después al pensar en él, la sensación de ser una huérfana se materializaba en una tristeza profunda y compacta, pero como si fuese por una desgracia ya lejana, sucedida hace mucho, mucho tiempo". (página 157)

Lalla Romano recibió formación pictórica durante años: la pintura y la literatura representan momentos inseparables de un viaje que atravesó el siglo XX, y que combina la emoción del paisaje con la poesía y la narrativa. En la actualidad puede que no sean muchos los que la lean, pero algunas de sus melancólicas novelas siguen formando parte de lo mejor que se ha escrito en el siglo XX italiano.

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