Radiografía del espectáculo
Rosalía llega a Madrid con su «Lux Tour», el ‘show’ de las mil y una capas
El doctor en Musicología Daniel Gómez, autor de la primera tesis doctoral dedicada a la artista, ha estudiado al detalle su concierto desde que arrancó la gira en Lyon

Rosalía, en el primer concierto de la gira de «Lux», en Lyon. | GARETH CATTERMOLE / LIVE NATION
Pedro del Corral
En los conciertos de Rosalía hay tantas capas que resulta complicado desmenuzarlas de una pasada. Son tantas las referencias pictóricas, cinéfilas y musicales que, en dos horas, con tanto estímulo, es difícil captarlas. Pasó en Lyon. Y, probablemente, ojo, suceda en Madrid, donde hoy sacará lustre a Lux, su cuarto álbum, por primera vez en España. Y, aunque gran parte del show ya se haya filtrado a través de las redes sociales, los detalles claves han pasado desapercibidos. Motivo por el que, quizás, tras el éxtasis que desató con Motomami, haya recibido tantas críticas. Lo han tachado de minimalista, poco efectivo. Incluso la acusaron de hacer playback. Sin embargo, tal y como señala Daniel Gómez, autor de la primera tesis doctoral dedicada a la artista, el foco está mal colocado: «La gente no lo está entendiendo». El experto estuvo en Francia y, desde entonces, concienzudo, ha analizado cada segundo del espectáculo que montó. Un universo oculto que volverá a desplegar para la suerte de los más avispados.
«En Lux hay un cambio de paradigma respecto a sus discos anteriores. Es la primera vez que la música está al servicio de las letras, lo que recuerda al canto gregoriano. Empleó un año entero para escribirlas. Una dedicación coherente con el hecho de incluir 13 idiomas distintos. Estamos ante un actuación increíble porque se siente orgánica. Este álbum es el binomio perfecto entre música y arte», sostiene Gómez, doctor en Musicología en la Universidad Complutense de Madrid. Han pasado 14 días desde que Rosalía arrancó la gira y, en cada charla, cuando se adentra en algunos pasajes, no duda en exponer nuevas interpretaciones. «Construye catedrales sonoras», añade. Por ello, precisamente, surgen tantas preguntas.
Su propuesta es tan profunda que el público percibirá una atmósfera distinta nada más poner un pie en el Movistar Arena. Así sucedió en LDLC Arena galo: «Antes de empezar, se escucha a la orquesta afinando como si estuvieras en el Auditorio Nacional. Un momento único que interrumpe una trompeta al estilo de Carmen, la ópera de Georges Bizet. Entonces, intuyes que el concierto va a comenzar. Y te encuentras una caja de madera que presenta a Rosalía como si fuera una bailarina. Canta ‘Sexo, llantas y violencia’ con un lamento poderoso. Este modo de hacerlo es un guiño a Manuel Molina, una declaración de intenciones. Su técnica es abrumadora. Te deja boquiabierto. Yo, personalmente, no escuché nada pregrabado como se ha dicho. De hecho, lleva dos coristas magníficas: Claudia Lachispa y Aroa Fernández». El viaje místico que plantea está organizado en cuatro actos y un intermezzo. Una estructura que le permite enfrentar lo divino y lo terrenal con una devoción desmedida. En ‘Reliquia’ queda patente.
«Está hablando de sí misma en esta canción. Además, llama la atención por el arreglo de cuerdas que recuerda a los Beatles. A continuación, rescata ‘Porcelana’. Es el tema más transgresor a la hora de jugar con los sonidos. Funciona genial. Y te quedas estupefacto al verla bailar de puntillas. Es fascinante ver al elenco formando una barra de ballet con sus brazos. Esto es bastante más maximalista que, de repente, como pasaba con Coldplay, se encendieran miles pulseras a la vez. Luego, la cogen de la cintura. Y, al rato, realiza movimientos propios de El lago de los cisnes», continúa Gómez. Tras abrazar lo trascendental en el primer acto, el segundo se adentra en lo tangible. Y lo hace con la mastodóntica ‘Berghain’.
Inspirada en El aquelarre de Goya, Rosalía con ella firma una de las estampas más inolvidables del show. En parte, por levantar a un gallinero hasta entonces entregado a su credo: «La rave que organiza abre la puerta a los grandes éxitos de Motomami, como ‘La fama’ y ‘La combi Versace’. También ‘De madrugá’, muy oportuna. De hecho, no es baladí que Rosalía vaya a Madrid en plena Semana Santa. En este instante, se ponen a bailar danzas irlandesas, asturianas y catalanas, emulando la escena de Titanic. Algo bonito teniendo en cuenta que, en ‘La yugular’, literalmente, dice: El Titanic cabe en un pintalabios. Es precioso».
La temática religiosa se mantiene en el tercer acto, donde la artista discute sobre los distintos tipos de amor que ha vivido. ‘El redentor’, el único corte que recupera de Los Ángeles, su debut, es buen punto de partida. «Se trata de una saeta inspirada en Juanito Valderrama. Y, de repente, baja a tierra con ‘Can’t Take My Eyes Off You’», continúa.
Antes de ‘La perla’, tiene lugar el tan comentado confesionario: uno de los fans que sube al escenario para fotografiarla durante su versión de Frankie Valli se queda y le confiesa su mal de amores. «Recuerda a una opereta, donde solía haber momentos de comedia. Después se adentra ‘Sauvignon blanc’, donde se recrea una de las escenas de Eduardo Manostijeras cuando nieva», prosigue el experto. Tras bajar a platea para corear con la masa ‘Dios es un stalker’, desarrolla un intermezzo de lo más personal: destaca, sobre todo, el uso de un botafumeiro en ‘CUUUUuuuuuute’: «No puede ser más brutalista. No sé lo que esperaba el público realmente». Para 2026, tiene confirmadas 57 fechas que la llevarán por Canadá, Estados Unidos, Argentina, Puerto Rico, Colombia y Brasil.
Su autenticidad se ha saldado con 200 nominaciones y 80 premios, entre ellos el Grammy, el Billboard y el MTV. Ahora bien, no hay mayor galardón que contar con una masa que responde al unísono ante cualquier movimiento. Ahí están las cifras: el día que lanzó Lux, marcó un hito con 42 millones de reproducciones en Spotify. Un álbum en el que, además, no es baladí, refuerza su búsqueda constante de universalidad: «Por último, el acto cinco refleja el rito de paso. Recupera ‘Bizcochito’ y ‘Despechá’. Hay ángeles, peleas de almohadas. Todo tiene sentido. Y, tras la ‘Novia robot’, como en las misas, la gente empieza a sentarse. Cierra con la impresionante ‘Magnolias’. Últimamente, Rosalía acostumbra a cerrar sus trabajos con un tema con nombre de flor. Ahí está también ‘Sakura’. Es su particular ofrenda a Dios. Pocos artistas están a su nivel. A mí, me gusta compararla con Miles Davis. ¿Lo siguiente? Supongo que será el summum de la experimentación. O no. Ella dirá».
¿Y hay espacio para sorpresas? «Seguramente. En Lyon no cantó ‘Mundo nuevo’ ni ‘Memória’. Es posible que, en Portugal, por ejemplo, saque a Carminho. Quién sabe lo que está guardándose».
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