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«No habrá seguridad para Israel sin justicia para los palestinos»

El exembajador publica ‘Pez negro’, la tercera novela protagonizada por Asís García. La historia viaja a Oriente Próximo a la caza de un terrorista

El diplomático Jorge Dezcallar, en Palma. | MANU MIELNIEZUK

El diplomático Jorge Dezcallar, en Palma. | MANU MIELNIEZUK

CARLOS GINARD

Palma

Diplomático, exembajador en Marruecos, la Santa Sede y Estados Unidos, y primer director civil del CNI, el mallorquín Jorge Dezcallar vuelve a llevar la ficción al terreno que mejor conoce con su nueva novela, Pez negro, la tercera entrega protagonizada por el espía Asís García. La historia arranca plácida en Mallorca, pero pronto viaja a Oriente Próximo a la caza de un sanguinario terrorista.

¿Qué se va a encontrar el lector en Pez negro?

Una historia de espionaje y también de amor, entre un palestino israelí y una israelí, entre dos mundos que intentan acercarse. Luego un terrorista va ganando fuerza y se convierte en protagonista importante. Ahí participan el Mosad, la CIA y el CNI.

¿Cuánto hay de experiencia real en lo que cuenta?

No podría escribir estos libros sin la experiencia vital que he tenido. Sé cómo funcionan una embajada y un centro de inteligencia. Qué tipo de trabajos hacen los espías, cómo se los recluta y cómo se los recompensa.

En las primeras páginas se atisba su percepción del conflicto Israel-Palestina. ¿Cómo podría evolucionar?

Ciertamente, no habrá seguridad para Israel sin justicia para los palestinos, como escribo. Todo lo que ha pasado en Gaza se cerrará mal y provocará otro conflicto en unos años, porque si tienes diez terroristas y matas dos, te quedan veinte. Estás creando gente con deseo de venganza.

¿Qué sería hoy justicia para los palestinos?

Que les permitieran tener su Estado. Después de la Conferencia de Madrid y de la de Oslo se estuvo a nada de lograr algo. Creo que se perdió una gran oportunidad. Cada vez es más difícil formar un Estado palestino porque continúan la colonización y las expropiaciones de tierras. Y va disminuyendo el terreno para el Estado de Palestina. La otra posibilidad sería vivir juntos en un mismo país, pero eso tampoco existe porque los palestinos que viven bajo ocupación israelí lo hacen en un régimen de apartheid.

¿Pero cree que podrían llegar a compartir esa tierra?

El drama es que no es una guerra religiosa ni étnica. Es una guerra por el territorio. Israel y Palestina han sido incapaces de compartir la tierra desde siempre. He estado en campamentos de refugiados y ahí vi la desesperación de gente sin trabajo, sin futuro y sin pasado. Esos odios son los que dan lugar a estallidos tan brutales como el de Hamás del 7 de octubre.

¿Quiénes son los malvados de los que habla en la contraportada?

Los que utilizan el terrorismo como arma son malvados, pero los que crean las condiciones para que ese terrorismo nazca también lo son. Aquellos que en la Cisjordania ocupada no paran de extender sus territorios y expulsar a los palestinos de lo que les queda, de sus viñedos, de sus olivares, de sus cabras. Por desgracia, malos son muchos.

La novela entra también en la cooperación entre servicios secretos. ¿Cuánto ocurre?

La cooperación entre agencias de inteligencia se intensificó a partir de los atentados del 11S, cuando nos dimos cuenta de que si esperas al terrorista en tu territorio, llegas tarde. Las redes operan de forma muy descentralizada. Compran en un sitio un explosivo, en otro alquilan un coche, en otro roban un pasaporte. Para la visión de conjunto hay que cooperar.

¿Incluso con países con los que hay tensiones?

Sí. En el caso de España tenemos una cooperación intensa con países de Oriente Medio o con Marruecos mismo. En el caso de Perejil, el contacto y el fluido paso de información entre el CNI y la inteligencia marroquí funcionaba en todo momento. Eso evita muchos problemas. Otra cosa es que las agencias cooperan y se hacen faenas también.

¿Y con Israel, pese al deterioro político?

Las relaciones entre España e Israel efectivamente se han deteriorado mucho desde el reconocimiento de España del Estado Palestino. Pero intuyo que, a pesar de eso, la relación entre el Mosad y el CNI, en lo que tiene que ver sobre todo con el combate al terrorismo, seguro se mantiene.

¿El problema de Irán puede superar al de Palestina?

En Oriente Próximo lo que no faltan son problemas. Entre radicales y moderados, entre islamistas y laicos, entre turcos y kurdos, entre sunitas y chiitas, entre israelíes e iraníes. Pero el hecho de que en este momento el combate se dé esencialmente entre israelíes e iraníes no quiere decir que en el fondo de todo no esté el problema palestino. Sin este conflicto, sería mucho más fácil que Israel fuera aceptado en el entorno geográfico al que pertenece.

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