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«El desafío no es acostarte con alguien, sino lo que viene después»

El director y guionista canadiense concede su única entrevista a un medio español sobre este fenómeno televisivo

Jacob Tierney, en un momento del rodaje de «Más que rivales». | SABRINA LANTOS

Jacob Tierney, en un momento del rodaje de «Más que rivales». | SABRINA LANTOS

Juan Manuel Freire

Barcelona

Jacob Tierney ha trabajado casi toda su vida, 39 de sus 46 años, en cine y televisión, primero como actor infantil, más adelante también como guionista y director. Pero nada lo había preparado para el enorme impacto a nivel global de Más que rivales (Movistar Plus+), su drama romántico-deportivo sobre dos jóvenes jugadores de hockey sobre hielo, uno canadiense (Hudson Williams), el otro ruso (Connor Storrie), metidos en un ardoroso romance secreto. Tierney explica las esencias y referencias de la serie en un entrevista exclusiva.

¿Cómo acabó escuchando los audiolibros de Más que rivales, la saga escrita por Rachel Reid en que se ha basado?

Durante la pandemia, empecé a escuchar discos en Audible, algo nuevo para mí. Un amigo me recomendó algunos libros románticos, un género que nunca había explorado. Hay toda una industria dedicada al romance MM [man-man, hombre-hombre], pero yo no sabía nada de su existencia. Más que rivales fue uno de los primeros libros que escuché; después, me puse con la saga al completo.

Usted era conocido, sobre todo, como creador de la comedia televisiva Letterkenny y su spin-off Shoresy. ¿Le imponía un poco pasarse al drama? Lo que no significa que Más que rivales no pueda ser divertida: la forma ruda de flirtear de Rozanov puede serlo, y mucho.

No del todo, porque ya había hecho cosas más dramáticas en cine [incluyendo el thriller de asesino en serie Buenos vecinos, de 2010]. Y aunque adoro la comedia y, de hecho, es una de las cosas que más me gusta hacer, también es interesante probar cosas nuevas.

Hudson Williams y Connor Storrie son grandes revelaciones. Podría haber buscado rostros algo más conocidos, pero prefirió apostar con actores con poca experiencia. ¿Por hacerlo todo más creíble? ¿O, simplemente, porque ellos eran los más apropiados y atrevidos?

Creo que en el género romántico siempre ayuda tener a actores menos conocidos. Gracias a eso, los personajes toman vida propia. Si el actor es conocido, es más difícil que puedas olvidar todo su bagaje y creerte al personaje al cien por cien. Por otro lado, tampoco sé si habría sido fácil encontrar estrellas que se prestaran a esto. No habrían aceptado [ríe].

¿Cómo de difícil o fácil fue para Williams y Storrie rodar esas francas y extensas escenas de sexo?

Tuvimos a una coordinadora de intimidad [Chala Hunter] y diseñamos cada coreografía con todo detalle durante un periodo de ensayos. Cuando llegó la hora de filmar, confiaban plenamente el uno en el otro y tenían una conexión sólida. Si le soy sincero, fue muy fácil rodar las escenas. Realmente sencillo. No hicimos muchas tomas porque enseguida quedaban bien. Espero que fuera tan fácil para ellos como lo fue para mí.

Es raro dar con una serie como esta, cuyo tema central sea realmente la intimidad. Para mí la intimidad es el mayor espectáculo del mundo. Y no me refiero estrictamente al sexo. Hablo del privilegio de observar cómo dos personas van dejando caer sus armaduras para abrirse a una conexión.

Eso es lo que propone esta serie. Con el sexo estamos dando gato por liebre. Es solo su forma de conectar. Creo que mucha gente queer se puede identificar con ello: primero tienes sexo, después desarrollas sentimientos. El desafío no es acostarte con alguien, sino lo que viene después. ¿Qué haces con esos sentimientos que crecen en tu interior? ¿Y qué pasa cuando los sentimientos de uno y otro evolucionan y evolucionan y acabáis queriendo cosas diferentes en diversos puntos de vuestra vida? ¿Qué haces con una conexión que no puedes abandonar?

La serie que más me vino a la mente viendo Más que rivales fue Normal people, con la que conecta en la franqueza del sexo y la intermitencia del romance. ¿Diría que fue una influencia consciente o inconsciente?

Hablamos mucho de ella mientras tratábamos de levantar el proyecto. Lo que consiguieron en aquella serie, como creo que hemos logrado nosotros, es que vieras evolucionar a los personajes a través del sexo. El sexo es su forma de comunicación; es en esos momentos cuando están siendo honestos la una con el otro. Para ellos, hablar es mucho más difícil. Usamos mucho esa referencia con los posibles productores, porque, aunque no tengo problema en mostrar sexo en pantalla, no quería que creyeran que era gratuito. El sexo es parte de la narración. Es esencial para que la acción avance.

Además de la intimidad, Más que rivales toca algunos otros temas, como, por ejemplo, la homofobia enquistada en el mundo del deporte, sobre todo el masculino.

La homofobia en el deporte es una realidad. No es tan grave en el deporte femenino, en el que hay muchas mujeres, sobre todo en el baloncesto o el fútbol, que se declaran queer y gay abiertamente. En el masculino hay gente buena y aliados, pero queda mucho por hacer. Hacen falta más aliados explícitos. No puedes forzar a nadie a salir del armario, pero podría haber más amigos y aliados que se pronunciaran amablemente sobre la cuestión.

La serie tiene ahora mismo un 8,4 de puntuación de usuario en Kinopoisk, algo así como la IMDb rusa. ¡Es la misma nota de Stranger things! ¿Cree que ha impactado a la comunidad queer del país?

La verdad es que no tengo ni idea. He estado en Rusia, pero hace mucho tiempo de eso. Y no tengo ningún acceso a esa parte de la cultura. Pero esa puntuación me alegra y espero que los rusos estén viendo y disfrutando la serie. Conozco a gente rusa y me han dicho cosas bonitas, como que aprecian el esfuerzo que hemos hecho por no ser simplistas con su cultura y ellos mismos en general. Intento no simplificar nada. La vida es complicada y dura y hay gente buena y mala en todas partes. No he pasado mucho tiempo en Rusia, pero sí el suficiente para saber que allí vive gente queer, gente de muchas clases. Me halaga que la serie pueda ser una especie de refugio.

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