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CRÍTICA «Cumbres borrascosas» Emerald Fennell

Una fotonovela exultante

Desirée de Fez

La adaptación de Emerald Fennell de Cumbres borrascosas prometía al menos dos cosas. Por un lado, ser un melodrama romántico más grande que la vida: véanse sus pósteres. Por otro, el erotismo y la estética camp del tráiler daban a entender que Fennell se iba a mover en el territorio de su anterior Saltburn (2023), el de la provocación. No es del todo así. La directora firma una adaptación libre del clásico de Emily Brontë, según explica, inspirada en las emociones que le sugirió el libro cuando lo leyó de adolescente. Aquí tiene algo de promesa incumplida, pero también decisiones interesantes.

Falla en su dimensión psicológica y emocional: más que por amor u odio, los personajes actúan según sopla el viento. En su desarrollo no hay ni profundidad ni coherencia. La película de Fennell también carece de la expresión exultante del afecto propia del melodrama romántico: es una película desbocada pero no emocionante. Sí es sensual y sexual. Es tosca en sus metáforas sexuales y menos provocadora de lo que se intuía, pero hay erotismo en las imágenes, química entre Margot Robbie y Jacob Elordi y cachondeo a costa del deseo. La película de Fennell es visualmente exultante, pero de una manera insólita.

Cumbres borrascosas está más cerca de la fotonovela exquisita que del lenguaje cinematográfico. Es una película con un diseño de producción atractivo, realmente vistosa, pero más preocupada por el plano esteticista, casi la postal, que por el movimiento, la sucesión y el diálogo interno de las imágenes. Es una decisión voluntaria, pues no era así en las anteriores películas de Fennell (aunque algo de eso había en Saltburn). La duda es si es consecuencia del lenguaje de Instagram o una forma de alinearse, mediante las herramientas del cine, con otras formas populares de consumir las imágenes.

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