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«Me enviaron a escribir sobre el comercio sexual de niñas en la India; es espeluznante»

La escritora india Kiran Desai.

La escritora india Kiran Desai. / Pau Gracia

LETICIA BLANCO

Barcelona

Ha escrito una novela tan larga y profunda, con dos décadas de trabajo detrás, que casi podría decirse de ella que es contracultural. ¿La siente así?

La idea original era escribir una historia de amor y soledad en el mundo cosmopolita y globalizado. Y entonces me di cuenta de que no era preciso escribir solo sobre las partes más dolorosas o traumáticas de la soledad. Es algo que buscamos como personas.

¿Se considera solitaria?

Todos buscamos abandonar cierta narrativa, escapar, huir de nuestro propio ser, dejar atrás aquello con lo que nacimos. Buscamos vías de escape constantemente a través del arte, la literatura, la religión, los viajes. La soledad es el descubrimiento de uno mismo frente a la historia familiar o nacional. Existe cierta privacidad y dignidad en uno mismo cuando uno está completamente solo. Y es algo que a veces el mundo no te permite. Soy solitaria, sí.

En la India, con más de 1.000 millones de almas, es casi imposible estar solo.

Así es la sensación en la India. Hay gente que nunca ha dormido o comido sola en su vida. Pero también es verdad que en este planeta cada vez más poblado, más solos estamos y menos conocemos al otro. Todos tenemos la sensación de mirar bloques de rascacielos, urbanizaciones y complejos, y en lugar de ver más gente, nos sentimos más desolados y anónimos.

En la novela explora la idea del inmigrante bueno y malo. Es curioso lo molesto que le resulta a uno de los personajes indios, cuando viaja como turista a Londres, ver a las trabajadoras punyabíes limpiando los lavabos de Heathrow.

Existen emociones muy complejas entre quienes se fueron y quienes se quedaron. En la India persiste la idea de mudarse al mundo occidental y educar a los hijos con el único objetivo de que se vayan. La división de clases sociales persiste. Hay dos clases de indios que emigran. Podemos hablar de quién es afortunado y quién es desafortunado, de todos los celos que despierta cierto tipo de vida.

Sonia quiere ser escritora. Su primer (y muy tóxico) novio norteamericano se burla de ella por sus cuentos, que considera «bobadas orientalistas». ¿Siente presión por ser la escritora india que escribe sobre la India y por no caer en un «orientalismo» para blancos?

Hay un resentimiento real en la India hacia la gente que regresa al país en busca de material. Hice una versión mucho más larga de Sunny yendo por ahí, intentando que la gente le contara sus historias, en la que todos lo rechazaban porque no querían que se aprovecharan de ellos.

La relación tóxica con un hombre tres décadas mayor que destroza a Sonia es dura de leer. ¿Cómo la concibió?

Todo el libro trata sobre quién es controlado por quién y quién es el dueño de la historia. Ella está atrapada por la mirada de él y porque él es más poderoso que ella. Hablamos mucho de la época colonial, pero ¿qué pasa cuando estás tan controlado por la mirada de otra persona en una relación y tan desconectado de ti mismo? Mucha gente me ha preguntado por qué Sonia no deja esa relación abusiva. Tienes que ser una persona para irte. Cuando te han entrenado para diezmar tu sentido de la identidad es imposible.

El abuso sexual recorre toda la novela.

El tema es redundante. Es una historia que se ha contado una y otra vez. Pero ¿qué haces como mujer joven si te dan ese tema?

No lo quieres, pero es tu tema. ¿Qué escribir cuando la historia se ha contado tantas veces y, sin embargo, sigue sucediendo? ¿Sigue sucediendo porque se sigue contando o, al revés, se sigue contando porque sigue sucediendo?¿Los matrimonios concertados siguen siendo la norma en la India?

Sí, la gran mayoría. ¿Qué pueden decirse dos desconocidos que van a casarse la primera vez que se quedan a solas en una habitación? ¿Cómo demonios se logra vivir así? El amor es algo completamente diferente. Existe la presión de lograr ambas cosas. En el mundo moderno actual, se espera que también haya romance. Es extremadamente complejo gestionar esas dos cosas.

El abuso infantil es otro terror ancestral incrustado.

Todo sucede en la superficie de la sociedad, ante nuestros ojos. Siempre hay algo entre bastidores. Hace años fui con la fundación de Bill Gates para cubrir su trabajo contra el sida en la India. Me enviaron a Andhra Pradesh, en la costa sureste. Ves lo que parece una vida normal en un pueblo y en realidad, detrás hay una historia increíble de abuso de mujeres y niñas que son vendidas para el comercio sexual.

¿Cómo se ha sentido tras la revelación de los archivos Epstein?

Es espeluznante. No podía imaginar que fuera cierto. Piensas en todos esos teóricos de la conspiración, en lo impactante que resulta ahora que no quisiéramos creerles. El mayor desastre es que realmente tenían razón.

La novela empieza en los 90 y llega hasta el 11-S. ¿Qué línea político-temporal quería trazar?

El 11-S coincidió con el aumento de los comentarios contra las minorías en la India, le dio a la gente una excusa para expandir esa retórica. Me pareció interesante pensar en cómo la gente en Latinoamérica vio lo que sucedió el 11 de septiembre, por ejemplo en Chile, donde esa fecha es su día del desastre.

¿Es la historia de siempre, de la enorme influencia de Estados Unidos?

Existe una tradición muy arraigada de novelas que narran un viaje heroico al país. Y me parece muy ingrato deshacer esa historia, que es lo que he intentado hacer. La gente que a menudo llega en masa a EE UU lo hace precisamente por lo que EE UU hace en sus países. Llegan con esperanza en Estados Unidos, pero también con odio hacia él. Y eso es lo que nadie quiere oír.

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