«En los 80 y los 90 vivíamos a diario cosas que no tenían nombre, como los ‘bullyings’»

Miqui Puig, en una imagen reciente. | FDV
Usted siempre me ha caído bien. ¿Soy minoría?
No lo tengo contabilizado. Es cierto que la gente piensa que soy muy soberbio, y no sé por qué, o sí, porque tengo una parte tímida, y me cuesta exponerme, y parece que cuando no eres comunicativo eres soberbio. Pero luego no te lo pierdas: cuando me pongo nervioso hablo demasiado, es decir, no sé dónde está el equilibrio.
Solo tiene 57 tacos, ¿por qué unas memorias precisamente ahora?
Como dice una canción de Los Sencillos: son una parte de mi vida. Fue un encargo chulo, y quería dejar una huella de cosas que he hecho y he vivido. El libro empieza cuando Bonito es explota y concluye el día que muere mi padre, en 2016, momento a partir del cual vivo una situación de madurez, una palabra que odio.
Ha escrito un libro a partir de diarios, con el que ofrece una mirada íntima de su vida y su carrera. ¿Revivir el pasado ha sido un ejercicio sanador?
Sanador, al 50 por ciento. Ha habido cosas que han sido como una montaña rusa. Es muy curioso cómo moldeamos los recuerdos según nos conviene. Había recuerdos que yo los tenía como edulcorados y no lo eran, y otros que siempre he mitificado por la parte negativa, y que luego eran trivialidades y quizá un poco actos de inmadurez. Puedo presentar los tickets de todos los errores que he cometido, no reconocerlos es absurdo. Cuando leo biografías que todas son edulcoradas o que venden solo una parte… porque a veces en las memorias de rock cuantos más excesos, mejor. Los excesos están en todas partes de la vida, tú y yo tenemos amigos que no se dedican al rock y que son mucho más punkis que cualquier personaje del rock. El libro es muy anti-rock, como mi actitud, que ha sido muy anti-rock en todo, y lo quería dejar claro.
¿A qué se refiere con lo de anti-rock?
Cuando hablo anti-rock no hablo del estilo, sino de la manera. En el rock tienes que mostrarte duro, tienes que tener una actitud dura, y yo creo que estoy más cerca de una posición pop, que tampoco es pop, porque ya sabes que los compartimentos se derrumban muy rápido, pero sí que es otra manera. Lo único que me preocupaba, y por eso he tardado tanto en publicarlo, es que estuviera bien escrito, porque escribo canciones y para mí escribir es vital.
«Yo no quería ser Miqui Puig». ¿A veces duele el personaje?
Sin duda. A mí me han llamado soberbio, borde, ñoño… he sido un blanco fácil. En el libro hablo de esas cosas que vivíamos a diario en los 80 y en los 90 y que no tenían nombre, como los bullyings. Sí que ahora se han visualizado de otra manera, y hay gente que los respeta, gente que no los respeta y luego otros que se aprovecha de ellos, en muchos sentidos. A veces, hay gente que antes que exponer un hecho artístico, expone un hecho de este tipo, y yo creo que al final debe prevalecer el acto artístico: la canción, el libro, la película, por encima de lo que sea. Por ejemplo, hoy estaba viendo unas noticias que decían que Tarantino está apoyando a Israel. Y dices, qué pena, ¿no? Con lo que hemos flipado con sus películas, y que ahora tengas esta historia... para mí sigue prevaleciendo la película. Sí que es verdad que ahora, cuando dicen aquello del personaje o la obra, depende qué obras o qué actos y qué personajes, pues si patinan mucho te cuesta. Y yo soy de los que llego a apartarlos. Cuando un personaje para mí me ha abandonado en alma, pues puedo apartarlo y no pasa nada.
Siempre se ha dicho que no existe la canción perfecta. ¿Bonito es rompe esa regla?
No, seguro que para alguien no será perfecta. Lo que sí que tiene Bonito es es el sello pop de una canción que perdura, que llega en un momento concreto saltándose muchas barreras. Pero si eso lo planeas, no surge. Yo recuerdo perfectamente terminar la canción en el local de ensayo y saber que tenías algo mágico, distinto, no sabía si era perfecto, pero yo creo que es eso, una canción que ha perdurado hasta hoy.
Usted cantó con Jeanette, pero aquí somos más de Lorenzo Santamaría.
Llorenç es muy grande, tiene una voz muy bestia. Yo reivindico siempre el oficio. Llorenç empezó tocando en los clubes, en los hoteles, para ganarse la vida, y no sé si se ha vuelto a arrepentir de cuando le pidieron para irse con Eric Burdon.
Al final también ves que son decisiones que forman parte de la vida. Llorenç es oficio, gente que vive la música. Y no de esta manera efímera, porque ahora los signos de los tiempos nos obliga a muchos a que si no vamos al mismo compás que van las modas, parece que no existamos. Ahora que el libro casi va a cumplir un año, en marzo lo hará, casi te diría que ahora creo que el sitio de resistencia va a ser estar en la contranorma. Ahí es donde pasarán las cosas más interesantes.
Usted ha hecho muchas cosas a lo largo de su carrera. Ha sido cantante, DJ, radiofonista, presentador de televisión, jurado de concurso de talentos, productor, celebridad incómoda... ¿Cuál es su auténtica pasión?
Las canciones. Lo demás que he hecho en la vida es porque se me da bien hablar, escribir o ponerme delante de una pantalla. Pero hostia, las canciones son lo más grande. Ahora estoy hablando contigo y me voy al estudio a trabajar con mi socio en una producción, y la libreta de canciones de Miqui Puig está abierta. No sé si grabaré este año, o dentro de dos, pero hacer canciones es lo único que me motiva. No, perdón, lo único no. Suena demasiado altisonante, pero sí que es mi pasión y donde creo que me manejo muy bien.
Usted es productor y yo tengo una banda. ¿Qué le va a exigir a mis canciones?
Que sean bonitas. No hay más, las canciones hablan por sí solas. A veces, nos perdemos en técnica, en acordes complicados, y una canción funciona o no funciona. Una canción te tiene que apelar, te tiene que entrar. Y, sobre todo, humildad y querer aprender. Nosotros nos estamos encontrando con muchas generaciones que porque saben programar un ordenador y poco más creen que ya lo saben todo de la música.
«Una vez más volví a equivocarme», ha confesado sobre el adiós de Los Sencillos.
Eso lo digo porque hubo unas voces que decían que nos separamos muy tarde. Esas voces eran de una revista de rock que al final se ha vendido al capital. Haces lo que haces cuando te toca. Y yo siempre digo que cuando trabajo con gente nueva, gente joven, les enseño en qué me he equivocado yo pero para que cometan otros errores. Porque en el cometer errores es donde tú creces. Yo sigo cometiendo errores. ¿Pecar de soberbia y de pensarte que eres mejor que nadie? No, no, no. Yo día a día aprendo, y aprendo de gente joven y de gente adulta. Al final yo creo que hay otra cosa en la que siempre he tenido como una obsesión que es en el escuchar. Tenía una profesora que me decía siempre: discurre. Y esa palabra me quedó grabada para siempre. Yo no paro, siempre estoy tomando notas de cosas que quiero escuchar y descubrir.
¿Cuál fue la última hostia que se dio en su carrera?
Hostia, no, pero sí frustraciones de confiar en gente, dejarles que te digan que van a editar un disco y que luego no pase nada, gente que tú puedes creer que son amigos tuyos. De las cosas que más me enorgullezco es que la SGAE me vetó hace muy poco. Y eso me parece más magistral. Te hacen una entrevista, hablas de la SGAE, de cómo durante años esa sociedad pública sin posibilidad de salida actúa de una manera prepotente, no les gusta y me vetan en una actuación que me habían contratado. No ha cambiado nada, siguen igual, no puedes elevar la voz.
- Madonna responde al Celta y zanja el misterio de su camiseta: «¡La llevo puesta y represento a tu equipo con todo mi espíritu!»
- La científica viguesa Sara Abalde regresa a Galicia con una prestigiosa Consolidator Grant para estudiar la comunicación individual entre células cancerígenas e inmunes
- Costas plantea eliminar aparcamientos y paseos para salvar Praia América
- Unas 150 variedades de camelias atraen a multitud de personas a Porta do Sol
- La salud o la nota: cuando el esfuerzo por un 13 «asfixia» en Bachillerato
- Vigo cierra al tráfico Torrecedeira desde y hacia Praza da Industria por la reconstrucción de un pozo
- «Mi vida está dividida en dos, una parte aquí, en Pontevedra y, la otra, en Brasil»
- Muere José Antonio Suárez-Llanos, referente del sector pesquero gallego, a los 71 años