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Manuel Charlín, el capo más “siciliano”

Manuel Charlín, en octubre de 2020, a las puertas del juzgado de Vilagarcía INAKI ABELLA DIEGUEZ

La historia de Manuel Charlín Gama no puede escribirse al margen de la de su familia. El “Patriarca” protagonizó mil y una andanzas, pero no fueron menos ajetreadas las vidas de varios de sus hijos, nietos, sobrinos y yernos. Por eso, hace décadas que cuando se habla de los Charlines se emplea de forma casi constante el vocablo “clan”. Es la familia arousana con más miembros que en algún momento pasaron por la cárcel o fueron detenidos por su relación con el negocio de las drogas. Eso, y su fama de irascible y violento, han convertido a Manuel Charlín en uno de los narcos más “sicilianos” de la vieja escuela gallega.

Cuando el “Patriarca” (también apodado el “Viejo”) salió de la cárcel a mediados de julio de 2010, tenía 78 años, y se comportaba como un recién jubilado jovial y enérgico. Contó a FARO que en la cárcel había hecho deporte y que se había aficionado a la carpintería. “Lo único que hacía era cuidarme para el momento de salir”, afirmó en ese momento.

Charlín, en la finca de su casa de Vilanova, un año después de salir de la cárcel. INAKI ABELLA DIEGUEZ

No tenía problemas de dinero, pese a haber pasado las dos últimas décadas entre rejas. Cuando fue detenido en la operación “Repesca”, apenas unos días después de su excarcelación, reunió en un suspiro los 30.000 euros que se le pidieron de fianza para eludir la cárcel, y se le veía conducir un robusto todoterreno.

Pero no siempre había sido así. Los orígenes familiares de Manuel Charlín, fallecido en la tarde de Nochevieja en su casa de Vilanova de Arousa, son muy humildes. Los especialistas en la lucha contra el narcotráfico, de hecho, consideran que tal vez las estrecheces de la infancia forjaron a fuego el carácter de Charlín y de sus descendientes. Algunos miembros de la familia se mostraban a menudo bruscos, impulsivos, destemplados.

Charlín Gama se fogueó como muchos otros en el estraperlo, para hacer fortuna con el “Winston de batea”, el contrabando de tabaco. En unos años, el capo vilanovés edificó un imperio: se hizo con bateas de mejillón, puso a andar un cocedero y una fábrica conservera, y compró el magnífico pazo de Vista Real, uno de los edificios señoriales más grandes y mejor situados de O Salnés. Eran años en los que la sola mención del apellido Charlín infundía temor en Arousa.

El "Patriarca", tras sufrir una agresión en su casa de Vilanova, en 2018 INAKI ABELLA DIEGUEZ

Las trabajadoras de Charpo relataban unos abusos y unas condiciones laborales impropias del siglo XX; y en 1982 el industrial vallisoletano Celestino Suances llegó a casa de milagro tras sobrevivir a una paliza y pasar unas horas en el interior de un furgón congelador. Había sido su castigo por hacerse el olvidadizo y no pagar una deuda de varios millones de las antiguas pesetas que había contraído con Charlín.

Mucho más lúgubre fue el episodio del asesinato del narco cambadés Manuel Baúlo, que estaba desayunando la mañana de septiembre de 1994 en que unos colombianos irrumpieron en la cocina de su casa y lo mataron a bocajarro. Los sicarios fueron detenidos y condenados, pero jamás contaron quienes les había encargado el crimen.

La sombra de los Charlines jamás dejó de planear sobre el trágico suceso, puesto que Baúlo iba a testificar en un juicio de narcotráfico en el que estaban procesados varios miembros del “clan” de Vilanova de Arousa.

Una vida de sobresaltos

“Yo no sirvo para esperar sentado”, afirmaba Charlín en la huerta de su casa de Vilanova apenas cuatro horas después de su puesta en libertad, el 17 de julio de 2010. En efecto, la biografía del “Patriarca” estuvo desde el principio jalonada de sobresaltos. En los años 80 estuvo preso por contrabando (el secuestro de Celestino Suances fue el detonante de la primera gran operación judicial contra el negocio del “Winston de batea”); y en 1990 la familia sufrió en sus carnes un atentado del Exército Guerrilheiro do Povo Galego Ceibe, y Manuel Charlín fue uno de los mejores trofeos de la operación “Nécora”, pese a que después saldría absuelto.

La suerte le abandonó en 1995, año en el que se desencadena una gran operación contra el blanqueo de dinero de los Charlines, e intervienen a la familia bienes por valor de 250 millones de pesetas de la época (1,5 millones de euros). En 1999, le condenaron a 20 años de cárcel por un transporte marítimo de 600 kilos de cocaína.

Tampoco halló la paz cuando salió de la cárcel en 2010. En la última década, fue sido denunciado varias veces por conducir sin carné; en 2011 le investigaron por un presunto caso de abusos sexuales a una menor; en abril de 2018, unos encapuchados le propinaron una paliza en su propia casa, y unos meses después pasó unas horas detenido en una redada por narcotráfico. Charlín falleció en la casa en la que seguía viviendo de prestado (está intervenida por la Audiencia Nacional), mientras esperaba otro juicio. El fiscal pedía para él ocho años de cárcel por blanqueo.

Una vecina alertó a las fuerzas de seguridad tras ver al hombre tirado boca abajo

Manuel Charlín Gama, de 89 años, residía en la casa familiar de Cálago. Sufrió el accidente que le costó la vida entre las cinco y las seis de la tarde de Nochevieja, según algunas fuentes tras tropezar con el riel del portalón del acceso a la finca, caer al suelo y golpearse la cabeza. Fue una vecina de la zona la que dio la voz de alarma tras ver a Charlín tendido boca abajo.

Fuentes consultadas indican que fue la primera en socorrerlo y en alertar a las fuerzas de seguridad, pero que cuando llegaron los equipos de emergencia ya no pudieron hacer nada por salvarle la vida. El médico que acudió con el servicio sanitario solicitó, de todos modos, que se le practicase la autopsia, para poder determinar de manera científica la causa del óbito. La intención de la familia era la de proceder a la incineración de los restos mortales del “Patriarca” justo después de su llegada al tanatorio procedente de Pontevedra, donde se le hizo el análisis forense.

Los familiares, de hecho, no quisieron hacer ni velatorio, para evitar la presión mediática. Hace 15 años, el entierro de un hermano de Manuel Charlín había desembocado en un fea gresca entre la familia de Vilanova y algunos medios gráficos que se habían desplazado a Arousa para dar cobertura informativa al funeral. Pese a su avanzada edad, Manuel Charlín Gama seguía mostrándose físicamente bien. Se le veía mucho por Vilanova, y no tenía problemas de movilidad. Estaba viudo desde 2012, año en que murió Josefa Pomares, con la que tuvo seis hijos. Y en 2019 sufrió la pérdida de su hijo Manuel, víctima de cáncer.

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