19 de marzo de 2020
19.03.2020
Faro de Vigo

Pontevedra, esa suma de sus traba jadores

Cientos de profesionales continúan garantizando servicios mínimos: de paquetería, limpieza, alimentación, reposición de material, policías...

19.03.2020 | 02:18
Pontevedra, esa suma de sus traba jadores

A veces hago lo que deseo hacer. El resto del tiempo hago lo que debo... Debajo de las mascarillas, los guantes y los uniformes los trabajadores se ríen cuando se les recuerda el lema de Máximo, el héroe de Gladiator; y conversando por un momento no tenemos miedo ni nos sentimos tan solos y nuestro desconcierto, mira, no parece tanto así de repartido.





"Es usted la primera persona con la que hablo esta mañana", reconoce el trabajador de Correos, Pablo López, uno más al que la gente intenta evitar, " nadie se aproxima o te toca, salvo alguno que está esperando algo urgente". Atiende a FARO mientras realiza el reparto en el centro histórico, en unos días en los que se están multiplicado las entregas. "El lunes entró mucho y ahora la gente que se queda en casa se pone a pedir" por correo, de ahí que los profesionales carguen un carro cada vez más voluminoso.





Trabaja entre Vigo y Pontevedra, donde pasará el confinamiento trabajando. Otro tanto hará Manuel Martínez, operario del servicio de limpieza desde hace más de 20 años y que barre el entorno del Mercado desde la madrugada. Estos días le han cambiado el horario "para no coincidir todos en la nave" y tras el parón de gente nota "mucha diferencia" en las calles del centro histórico, donde "ahora no hay la basura de antes, pero tenemos que hacer nuestro trabajo igual, tener la ciudad limpia".





María Luisa también es toda una veterana. "Llevo aquí 35 años", explica desde el mostrador de la panadería Abelleira, desde donde es testigo de "uno de los momentos más complicados que hemos visto". En su caso "trabajamos con muchas precauciones, con guantes, líquidos desinfectantes y no se toca el pan con nada; los clientes además se atienden muy espaciados".







Sus clientes "están preocupados" y "vienen pocos", un bajón que se repite en muchas empresas y comercios, por ejemplo en la farmacia de Rubén Blanco, en la plaza de Curros Enríquez, que señala que el parón es muy importante "porque funcionamos con gente de paso, que viene a trabajar".








Jesús Álvarez, repartidor de Avigal, es uno de los autónomos que no puede parar. "Lo tenemos difícil y no nos queda otra que trabajar", señala en medio de una entrega, "pero además en mi caso el ramo en el que estoy tiene que servir a las tiendas porque la gente necesita alimentos". Reparte por el ayuntamiento de Pontevedra los productos de una cooperativa avícola de Campañó que abastece "a bares, que están cerrados, y a tiendas, donde se ha notado un incremento de la demanda".





En la perfumería Muchas, en la calle Oliva, solo están a la venta los productos de higiene y las empleadas (trabajan dos en cada turno) viven la víspera de San José con menos regalos de colonias que recuerdan. "Viene la gente de todos los días, que viene a por su lejía, detergente, champú, lo que necesite para limpieza e higienizar, que es prácticamente lo único que piden, con los guantes, lo más vendido", señala Rosa Vidal. Con más de 10 años de experiencia, es una de las trabajadoras que constata que "la gente cada vez está más concienciada, por ejemplo en mantener las distancias, todos colaboran mucho".



Con los trabajadores veteranos, también forman parte de los servicios mínimos que mantienen la ciudad cientos de jóvenes que acaban de firmar su primer contrato. Es el caso de Yolanda Fernández, que atiende en la frutería Isabel a los pocos clientes que siguen acudiendo. "Ha bajado muchísimo", explica sobre la demanda, "el fin de semana vino mucha gente, pero ahora se nota el bajón, sobre todo por las tardes". A sus 25 años reconoce que está "preocupada, pero no queda otra, es mi primer trabajo y hay que estar aquí: es una distracción también".




También Sara Sertal es muy joven. Trabaja con otro técnico en J.S.C Services, un taller familiar que repara la principales marcas del mercado. "Suministramos pedidos a tiendas y hacemos reparaciones", indica, "ahora la gente llama menos y no atendemos a particulares, pero seguimos garantizando esos servicios mínimos de reparación".







Otra que sigue al pie del cañón en el mismo local de la calle Pardo Bazán donde abrió hace 45 años es María Jesús Mato, de carnicería MJ. "Los autónomos tenemos que seguir, no puedo estar esperando a una indemnización, así que sigo trabajando", explica esta profesional que lamenta que sus clientas de fuera de la ciudad "les pongan impedimentos para venir en coche".







La anormalidad como norma


Si algo se repite es la anormalidad. En el caso del estanco La Palma Real la cosa va como sigue: a un metro de la puerta está un cenicero de pie en la calle con un cartel de parada, después está una reja, unos dos metros por dentro el mostrador y al fondo se adivina a Javier Pérez. Explica que "de momento el Estado nos obliga a abrir, estamos negociando para reducir el horario, la afluencia de gente cada vez es menor".

Al igual que con los productos de alimentación e higiene, muchos fumadores hicieron acopio de su tabaco la pasada semana. "Unos llevaron 4 o 5 cajetillas y otros hasta 4 cartones, los más concienciados se llevaron bastante para pasar la cuarentena en casa, que es lo que debemos hacer todos", indica el estanquero.







David Gómez, de Papelería Ares, se decidió a abrir porque "soy autónomo y tenemos pocas ayudas". Su establecimiento, en el que trabaja con una socia, suministra de material de oficina a empresas y hospitales, si bien su responsable asegura que " preferiría que nos obligasen a cerrar con un buen paquete de ayudas; estaríamos mejor en casa".







Juan Martínez, repartidor del restaurante Cambalache, intenta "llevarlo con normalidad", y a pesar de que en su trabajo observa "todas las precauciones posibles" reconoce estar personalmente preocupado "porque convivo con personas mayores, si veo que los casos siguen aumentando igual me planteo no venir a trabajar".







"Días raros", coincide Rosario Baños, dependienta de la tienda delicatessen Mimate, "los más raros que he visto en el comercio, muy poquita gente, que viene solo a cosas muy puntuales y solo clientes de siempre". Es una de las tiendas que ofrece realizar telefónicamente la compra "para adelantar todo", explica, "y que el cliente solo tenga que llegar y recogerlo; cada vez más la gente quiere llegar y que esté ya la compra lista".





En general los repartidores de supermercados constatan masivamente que "se trabaja más que antes" de la alerta sanitaria, "más rápido y se lleva más cantidad". Otro aspecto en el que coinciden: se hacen a domicilio pedidos enormes que se entregan "con el mínimo contacto, de lejos, y no te dan ni la propina".

En el caso del taxista José María López, lo peor del día a día es la sensación de incertidumbre. "Es algo constante porque no sabes cómo actuar, si poner o no mascarilla en función de si la usa el cliente, desinfectas constantemente y cuidas mucho la higiene, pero el volumen de trabajo es bajísimo, igual en el día haces 3 o 4 carreras solamente".







Por lo demás, como la mayoría de los profesionales asegura que la cooperación ciudadana es máxima, como también en el ambulatorio Virxe Peregrina. Pilar Rodríguez, enfermera, explica que "es una rutina distinta pero no deja de serlo, la gente está con mucho miedo pero dándole información entiende las restricciones".







"El trabajo bajó bastante, pero lo que veo es que mucha gente no tiene miedo, me gustaría que la gente fuese más responsable y usase guantes y mascarilla", señala Luis Otero, empleado de gasolinera.









Manuel Buceta, agente de la Policía Local de Poio, también ha visto alterado su día a día. "Recibimos muchísimas llamadas por la incentidumbre, facilitamos información a los vecinos, y también tenemos muchos requerimientos de vecinos que ven a otros incumpliendo el estado de alarma". Hay colaboración entre los ciudadanos; y entre los policías "cansancio", resume, "como entre todos los profesionales que estamos trabajando y al tiempo intentado evitar el virus".





A las anormalidades del día se sumó ayer el cierre del garaje Plaza tras la sesión matinal, que habitualmente convoca en este parking a decenas de vehículos. Alrededor de las 14 horas los responsables confirmaron a FARO que bajarían la verja en la siguiente hora. " Cierro ahora y hasta nuevo aviso, me lo acaban de cerrar los militares. Vino la Policía y los militares y nos mandaron cerrar, hasta nuevo aviso no vamos a abrir", explicó David Silva.
Una parte de los clientes tuvo que abandonar las instalaciones con sus vehículos en los siguientes minutos y otros "tienen que tomar la decisión de si dejar el coche dentro" hasta que se decida la reapertura de las instalaciones o "sacarlo en las siguientes horas".
La medida afectó a los propietarios de 15 vecinos del entorno que cuentan con plazas fijas en el céntrico garaje, uno de los más antiguos de la ciudad, ubicado en la calle Cobián Rofignac. A mayores, el parking recibe a diario "entre ochenta y cien coches", concreta David Silva, que comprende que la medida ordenada es "por el bien de todos, es normal" y se mantendrá mientras dure la actual situación de alarma.
Por lo pronto nos sabemos otras lecciones de nuestro gladiador de referencia: la vida es impredecible, no siempre justa, pero debemos seguir juntos. Y trabajar.
Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

ESPECIAL


Puerto de Marín

?Seguimos trabajando duro?. El presidente de la AP cree que la entidad ?resiste de forma muy razonable en un contexto convulso? y apunta a la atracción de nuevos tráficos y la apuesta por las infraestructuras como líneas maestras

GALICIA EN VINOS

Galicia en Vinos

Todos los vinos de Galicia

Consulta aquí todos los vinos de las cinco denominaciones de origen de Galicia


FaroEduca