16 de julio de 2019
16.07.2019

La investigación del naufragio del Nuevo Marcos concluye que "la tripulación no fue consciente de la gravedad de la situación"

El informe del CIAIM sitúa el factor humano y la falta de señalización de las bateas entre las causas del hundimiento del pesquero de Poio en abril de 2017, en el que fallecieron tres marineros

16.07.2019 | 13:46
Reflotamiento del pesquero

El factor humano, en el que la tripulación "no fue consciente de la gravedad de la situación" y no adoptó las medidas necesarias de salvamento, y la nula señalización del polígono de bateas contra las que colisionó el pesquero son dos de las principales razones por las que se hundió el Nuevo Marcos el 26 de abril de 2017. Así se concluye en el informe de la Comisión Permanente de Investigación de Accidentes e Incidentes Marítimos (CIAIM) que hizo público el Ministerio de Fomento.

Dos años y tres meses después del naufragio y en plena festividad del Carmen, Patrona de los marineros, el CIAIM desvela sus conclusiones sobre un tráfico accidente en el que fallecieron tres vecinos de Poio. Eran el patrón del Nuevo Marcos, Francisco Castiñeira Sabarís y los tripulantes Jesús Ligero Abilleira y Florentino Carballa Viña. Sobrevivieron los hijos de los dos últimos, Carlos Carballa Rosales y Adrián Ligero.

El pesquero chocó de madrugada contra una batea cuando navegada desde el puerto de Marín hacia el de Combarro y se hundió en pocos minutos "por una inundación masiva". El informe ténico del CIAM deja claro que "no prejuzga en ningún caso la decisión que pueda recaer en vía judicial, ni persigue la evaluación de responsabilidades, ni la determinación de culpabilidades", pero sí ofrece conclusiones sobre aspectos oscuros de aquel accidente, como la situación de los marineros a bordo, la necesidad de señalizar las bateas de la ría o la incógnita sobre la baliza de emergencia del pesquero, que no llegó a activarse y solo se tuvo conocimiento del naufragio cuando uno de los marineros, Carlos Carballa, llegó a nado a la costa.

Las conclusiones del documento indican que "el hundimiento se produjo como resultado de varios eventos accidentales consecutivos", y cita cuatro en concreto: El primero de ellos es que "el tripulante que estaba al timó, sin poder determinar quién de los dos patrones enrolados estaba gobernando en esos momentos, no estaba ejerciendo una vigilancia eficaz o bien no era consciente de la cercanía del polígono de bateas". En segundo lugar apunta que "la embarcación colisionó con la batea" y añade que "la tripulación no se detuvo a inspeccionar los daños y la embarcación continuó marcha avante a la velocidad a la que iba navegando".

Por último, subraya que "la ola de proa generada por la propia navegación alcanzó el límite inferior de los daños producido en el casco, ocasionándose una vía de agua que progresivamente fue aumentando hasta provocar el hundimiento".

Tras detallar estos cuatro "eventos accidentales", el CIAIM explica que "posteriormente tampoco se tomó medida de protección alguna que permitiera a la tripulación ponerse a salvo de manera efectiva. La tripulación no fue consciente de la gravedad de la situación, como lo muestran los hechos de que no se ordenara abandono, ni preparar la balsa salvavidas, ni colocarse los chalecos, ni tan siquiera avisar a las embarcaciones de la zona o a Sasemar del suceso. Posiblemente se juzgó de manera errónea que el puerto de destino era más accesible de lo que en realidad era".

Para los técnicos que investigaron este accidente, "si la tripulación hubiera parado la embarcación y comprobado los daños, probablemente la embarcación no se hubiera hundido o hubieran tenido más tiempo para protegerse, pedir ayuda y organizar el abandono" puesto que "los daños estaban por encima de la línea de flotación, en el interior de la ría y protegidos de los rigores de una mar agitada".

Pero además de estas consideraciones, el informe detalla otros "factores que contribuyeron en mayor o menor medida a que se produjera el accidente, y que constituyen las verdaderas causas del accidente". Al respecto indica que "el polígono de bateas no disponía de balizamiento" y "una noche sin luna, oscura, que no permitía ver las bateas a no ser que se estuviera vigilando el radar". También señala que "no se descarta que, debido a la hora en que se produjo el accidente (sobre las cuatro de la madrugada) la vigilancia de la navegación no fuera eficaz" y añade que "debido a lo repentina y violenta que debió ser la colisión, no se descarta que el estado psicológico de los tripulantes fuera de confusión, lo que llevó a que no se evaluara correctamente la situación".

Como resumen, el informe señala que "el factor más importante es que el orden de prioridades de la tripulación no estaba suficientemente asentado a cuenta a hacer prevalecer la seguridad de la tripulación y el buque por encima del resto de consideraciones. Es decir, su conciencia de seguridad no era la adecuada".

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