15 de marzo de 2019
15.03.2019

La mujer del millonario luso acusado de intentar asesinarla dice que él quiso comprar su silencio

Asegura que le ofreció desde prisión 750.000 euros a cambio de no declarar y retirar la denuncia -"Solo quería salir de aquella habitación de hotel; pensé que iba a morir allí"

15.03.2019 | 02:57

Dos versiones contradictorias sobre unos hechos cuyo móvil todavía se desconoce, aunque todo apunta a que podría tener un origen económico. La primera jornada del juicio contra el millonario portugués acusado de intentar matar a su esposa en un hotel de Vigo, Carlos Inácio Pinto, dejó los relatos completamente contrapuestos que depusieron ante el tribunal tanto él en primer lugar, como posteriormente su esposa, quien reconoció que llegó a pensar que no iba a salir viva de aquella habitación.

Ella ratificó que fue su marido quien la atacó por sorpresa, por la espalda, con un objeto contundente que resultó ser una maza de cantero. Él afirma que fue ella quien le agredió utilizando semejante arma y que él, lo único que hizo, fue defenderse.

El tribunal deberá dilucidar quien de los dos miente dado que una de las cuestiones centrales del caso es determinar cuál de los miembros de este matrimonio adinerado, que el día antes de los hechos se hacía selfies cariñosos en la playa de Samil, llevó hasta la habitación del hotel NH de Vigo la maza de cantero, el arma que se empleó en el ataque y que no estaba previamente en el hotel. Tanto Carlos Pinto, como su esposa, niegan que hubieran llevado la maza al hotel, que apareció en el pasillo del establecimiento a los pies de la mujer ensangrentada, y cada uno atribuye este hecho al contrario.

Con un "soy inocente de los hechos" empezó su declaración Carlos Inácio Pinto. Respondió a todas las preguntas del fiscal (que defiende la versión de la esposa y pide 12 años de prisión para el acusado por intento de asesinato) pero no quiso contestar a las de la abogada de su esposa, que ejerce la acusación particular. Explicó que habían viajado a Galicia para comprar un coche en un concesionario de Santiago esa mañana y que se encontraba ante el espejo del baño cuando su mujer entró por detrás y le atacó. Él asegura que se protegió con una toalla, quizá para argumentar que apenas presentase pequeñas lesiones: "me doy cuenta que no es la cara normal de Eliza y reaccioné empujándola", de forma que ella se cayó hacia atrás, golpeándose contra una esquina del baño y el marco de la puerta. Explicó que se ella se levantó de nuevo y que "ahí me dí cuenta que llevaba algo en la mano, aunque no sabía lo que era". Asegura que padece problemas cardíacos, que ya sufrió un infarto, y que en ese momento se empezó a "sentir muy mal". Afirma que ella lo siguió atacando, que la volvió a empujar pero que no acababa de zafarse de ella: "ella es más fuerte que yo, es una atleta".

El acusado también sembró dudas sobre el entorno de su esposa, a la que conoció a través de internet y a la que fue a conocer a Bucarest. De allí regresaron ambos como novios y se fue a vivir con él a Gaia. Pinto asegura que, tiempo después, el antiguo novio rumano de la mujer se presentó en Portugal junto a otros compatriotas para "simular un rapto de ella y que yo les pagase". Afirma que se denunciaron los hechos a la Policía, pero que su mujer no quiso continuar adelante con la denuncia. También aludió a un posible enfado de Eliza hacia él por no querer entrar en unos supuestos negocios turbios de blanqueo de dinero de ciudadanos chinos de unos amigos de la joven, días antes de los hechos en Vigo.

Golpes reiterados

Ella negó todas estas insinuaciones. Sí reconoció que se llegó a encontrar con un exnovio rumano en Portugal, pero rechazó que hubiera tramado un posible secuestro o rapto para sacarle dinero al que, desde septiembre de 2015, pasó a ser su marido. En el juicio, recalcó que, a día de hoy, todavía sigue siendo su esposa. Eliza G. P. contó que aquella mañana del 2 de mayo de 2016 se había dado una ducha en su habitación del hotel NH de Vigo. Estaba ya fuera del baño, agachada echándose crema, cuando "sentí un golpe muy fuerte en la cabeza por detrás". Eliza tuvo que interrumpir su declaración debido a que rompió en llanto al recordar lo sucedido. Oculta de su presunto agresor tras un biombo, continuó su declaración asegurando que el acusado la siguió golpeando reiteradamente con un objeto que no llegó a identificar. Luego ambos cayeron al suelo y asegura que él la agarró con las dos manos por el cuello y le golpeó la cabeza contra el suelo. Negó que ella fuese la que le atacó a él o que le golpease en algún momento: "Yo intentaba pedir ayuda, sabía que tenía que soltarme de sus brazos", añadió, "yo no le golpeé a él, solo quería salir de la habitación, sabía que me iba a morir allí si no salía", declaró.

Por último, añadió que en algún momento de la refriega logró sacarle a él algo de la mano, el objeto con el que le estaba golpeando, y que finalmente consiguió salir con él en la mano de la habitación. Allí, en el suelo, fue donde localizaron la maza los primeros trabajadores del Hotel que acudieron alarmados por los gritos provenientes de la habitación. Estos testigos explicaron que se encontraron a la mujer encogida ante la puerta con la maza de cantero al lado y sangrando. Les dijo que le había golpeado su marido y que lo "mirasen, que no sabía que le pasaba". Dentro, escucharon a él "pedir ayuda".

Le dijeron a la víctima que iban a pedir una ambulancia y llamar a la Policía, a lo que ella les pidió que "a la Policía no". Ella, ayer insistió en que no se negaba a que llamasen a la Policía sino que lo que insistía era en que quería una ambulancia, por que "pensaba que me iba a morir".

Cartas desde prisión

Eliza relató también al tribunal que el acusado envió varias cartas a amigas suyas desde prisión para "amenazarlas". En ella les decía supuestamente que iba a revelar "datos íntimos" de ella y de sus amigos si no la convencían de que retirase la denuncia en su contra. También aseguró que el acusado "me ofreció dinero", concretamente 750.000 euros a cambio de su silencio y no declarar. Por último, también le prometió que la liberaría de los problemas que la esperaban en el futuro con Hacienda en Portugal (con quien el acusado tiene cuentas y condenas pendientes) a cambio de su colaboración. Ella se negó. Aunque el abogado de la defensa le preguntó sino era cierto que había acudido a su despacho a negociar un acuerdo para retirar la denuncia a cambio de dinero, pero ella lo negó: "solo fui con la idea de obtener el divorcio", dijo.

El juicio continuará el próximo día 28 de este mes con la declaración de nuevos testigos.

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