14 de julio de 2018
14.07.2018

Dos familias de Poio acogen a dos niños extranjeros este verano

Los pequeños proceden uno del Sáhara y otro de la zona rusa afectada por la catástrofe de Chernóbil y permanecerán dos meses

14.07.2018 | 03:35
Las familias y los representantes de ASOGAP posan con el alcalde. // Gustavo Santos

El alcalde de Poio recibió la mañana de ayer en el Concello a Verónica y Mrabih Ahmed. Estos dos niños, de 12 y 11 años, respectivamente, pasarán el verano en el Concello con familias de acogida.

En el acto estuvieron presentes el alcalde, dos concejalas, las familias de acogida y dos representantes de la asociación ASOGAPS.

Verónica, procedente de una zona cercana a Chernóbil, en Rusia, ya ha estado en España y es el cuarto año consecutivo que pasa con la misma familia de acogida. En este caso fue organizada por la Asociación Ledicia Cativa, que permite venir a los participantes hasta que cumplen los 18 años.

Sin embargo, Mrabih Ahmed, procedente de Sáhara, es la primera vez que está en España gracias a SOGAPS. En este caso la asociación de Solidaridade Galega co Pobo Saharaui permite a los niños venir hasta que cumplen los doce años.

Las familias, que se prestan voluntarias y deben pasar unas entrevistas para ver si son aptas, aseguran que esta experiencia es muy buena para los niños.

Desde el Concello agradecen a estos vecinos que se presten, ya que no solo les dan un hogar durante los dos meses que pasan en sus casas. También los llevan al médico, les hacen las revisiones necesarias y les compran ropa.

El alcalde aseguró que "as familias son fundamentales para levar a cabo este tipo de programas". En sus países de origen los niños reciben clases de español, aunque a un nivel muy básico. A pesar de ello las familias aseguran que cuando llegan a Galicia "son como esponjas" y aprenden muy rápido. Además, contactan mucho con sus familiares. Algunos de ellos son antiguos niños acogidos por lo que conocen el idioma y les sirven como traductores.

Además, los primeros años los niños vienen acompañados de unas monitoras que ayudan a la familia a modo de intérpretes para facilitar la comunicación. "Al principio son algo tímidos, pero al pasar una semana ya hablan muchísimo" decía una de las participantes en el proyecto.

Una de las familias de acogida apuntaba que los niños se sorprenden mucho al llegar y ver cómo es la vida aquí. "Lo que más les sorprende ver son los grifos de agua".

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