07 de abril de 2013
07.04.2013
De vuelta y media

El retorno a las aulas de Guillerme Vázquez

07.04.2013 | 11:19

Fiel a la discreción que mantuvo toda su vida, el reciente fallecimiento de José Luís Coladas Calvo ha pasado desapercibido en esta ciudad, que no siempre hace justicia con los méritos sociales que otorga a unos y niega a otros. Por derecho propio Coladas ocupa un lugar destacado en la pequeña gran historia de las APAS de Pontevedra.

Junto a Camilo Bello Fernández formó un admirable tándem que dio vida en los años 80 a las asociaciones de padres de alumnos, al amparo de la LODE. De cabeza trajeron al conselleiro Vázquez Portomeñe. Fruto de su incansable trabajo nació la federación provincial Teucro, que José Luís Coladas presidió durante varios años.

Las primeras asociaciones de padres, o también de padres y maestros, surgieron en los años 20 y 30 en España. Luego dispusieron de un modesto reconocimiento en la Ley de Educación Primaria de 1945, durante la época más dura del franquismo. Pero ni antes ni tampoco después de la Guerra Civil destacó especialmente ninguna asociación de padres de alumnos en Pontevedra hasta el año 1950.

Entonces fue cuando se fundó en el Instituto un consejo pionero de padres de alumnos por iniciativa de su director, José Fernando Filgueira Valverde. Al frente de un equipo directivo competente, entusiasta y decidido a impulsar la modernización del centro, tuvo la clarividencia de buscar la complicidad de los padres para conseguir tan ambicioso objetivo.

Como se trataba de una iniciativa experimental que podía suscitar algunos recelos en determinados estamentos oficiales, el profesor Filgueira se las arregló para situar al frente de su acariciado proyecto a un hombre libre de toda sospecha: José María Suárez Vence.

El primer presidente de aquel consejo escolar era nada menos que el presidente de la Audiencia Provincial, entonces segunda autoridad en el escalafón oficial tras el gobernador civil. Suárez Vence gozaba de un notable prestigio profesional, que pronto le valió su ascenso al Tribunal Supremo. Luego lo sustituyó el delegado de Hacienda, Augusto Marzal, un hombre igualmente respetado y bastante liberal para aquel tiempo.

La articulación de aquel consejo de padres de alumnos resultó tan original y atractiva, que el Comisario de Selección y Protección Escolar reclamó un informe detallado sobre su funcionamiento para presentarlo en un congreso pedagógico internacional que se celebró en Ginebra. Junto a la cúpula directiva, cada curso disponía de un padre y una madre como vocales para el seguimiento de todas las actividades.

A la implantación del uniforme entre el alumnado, que constituyó la primera actuación relevante y visible de los padres de alumnos, siguió el establecimiento de un servicio médico escolar, que hasta estaba dotado de un aparato de rayos X.

Los doctores Antonio Fernández y Venancio Blanco se encargaron de los reconocimientos médicos, llevando a cabo un control de las enfermedades más habituales. Además, este servicio contaba con el valioso apéndice del Sanatorio Domínguez, que cubría toda la traumatología; es decir, las típicas incidencias de golpes y roturas de brazos o piernas. Toda esta parte médica iba muy ligada, obviamente, a la práctica deportiva.

El consejo de padres de alumnos también autorizó la puesta en marcha de un gabinete de psicología de carácter experimental, que estuvo a cargo del doctor José Mato Calderón, reconocido psiquiatra todavía hoy en activo. Mato llevó a cabo entonces el primer ensayo conocido en España sobre una clínica de conducta en el ámbito escolar, que tuvo bastante eco entre sus colegas.

Entre unos y otros crearon en el Instituto un caldo de cultivo muy rico en donde se llevaron a cabo numerosas iniciativas culturales, deportivas y sociales: charlas y conferencias, audiciones musicales, representaciones teatrales, excursiones educativas, etcétera. Detrás del consejo de padres de alumnos, surgieron la cofradía del Espíritu Santo, el coro, y la asociación de exalumnos.

El primer reconocimiento importante de toda esta labor conjunta llegó en 1956 con su elección por el Ministerio de Educación como "centro modelo" de ámbito nacional. Esta distinción se tradujo en la concesión de una ayuda extraordinaria de 100.000 pesetas para mejorar sus dotaciones.

Un año después, conquistaba con todo merecimiento la medalla de oro en los campeonatos escolares españoles de 1957-58, que marcó un hito en su larga historia y el nombre del Instituto de Pontevedra resonó con fuerza en toda España.

El meollo de la cuestión está en adivinar si con su vuelta a las aulas Guillerme Vázquez ha dicho adiós o solo hasta luego a su actividad política. El ex portavoz del BNG ha tratado de sobrellevar con naturalidad su reingreso en la plaza que ocupaba en el instituto Fray Martín Sarmiento de esta ciudad. Sin tiempo para gestionar su ocupación inmediata, ahora está a la expectativa de saber que función va a desempeñar exactamente cuando el curso 2012-13 ha entrado ya en su recta final. Veinte años es mucho tiempo como para impartir como si fuera ayer sus clases de prácticas de laboratorio. De modo que un mínimo reciclaje parece aconsejable sin ningún demérito. Pero desde 1993 Guillerme Vázquez lo ha sido todo en el BNG, desde concejal de a pié hasta diputado autonómico y nacional, y la política tira mucho como para decirle adiós sin más.

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