24 de mayo de 2020
24.05.2020
Faro de Vigo

Los mismos genes frente al coronavirus

Marta y Paula Fernández, hermanas y ambas enfermeras, ayudaron a los positivos críticos de la UCI-Covid del hospital ourensano a luchar contra la pandemia

24.05.2020 | 02:20
Paula y Marta sentadas en las inmediaciones del hospital ourensano. // Carlos Peteiro

Su personalidad es diferente, pero su espíritu es el mismo. La UCI es su presente y esperan que sea su futuro para ayudar a devolverle la vida a aquellos que se les va. Marta hizo de hermana mayor para que Paula se adaptara rápido tras regresar de la sanidad inglesa donde trabajo durante años. Ellas miraron de frente al coronavirus para pelear con un enemigo invisible que puso el mundo patas arriba. Sus compañeros las confunden y sus "ojos iguales" no ayudan a distinguirlas a través de una protección obligatoria en una trinchera crítica donde los casos están en la fina línea de la muerte.

Tienen la misma complicidad aunque respondan individualmente. Marta y Paula Fernández representan el trabajo en familia que se realizó durante los dos últimos meses en la UCI-Covid del hospital ourensano por parte de todos los sanitarios. Ellas representan la cooperación entre los profesionales para ayudar a pronar y despronar a los intubados, dar medicación, animar a quien tuviera una mínima flaqueza y vestir el EPI de héroe. "La verdad, que fueron momentos muy duros por todo lo que hemos visto en la UCI, tanto en relación a los pacientes, como en la gestión y organización del trabajo. Al principio era caótico, pero los más veteranos fueron organizando y eso crea equipo. Fuimos un equipo", dice Paula. Su hermana mayor lo corrobora: "Estábamos todos perdidos al principio, pero al final supimos coordinarnos para tener descansos y para quitarnos EPI porque estábamos horas y horas con él y eso desgasta tanto físicamente como mentalmente".

No son las únicas que tienen vínculos familiares y trabajan en la UCI. Otras dos hermanas, un matrimonio y otra pareja también estuvieron en la unidad de críticos. "Es fácil trabajar con mi hermana porque ella ya conocía toda la organización y a mí me faltaba adaptarme", explica Paula que llegó de Inglaterra después de años trabajando en un hospital inglés. "Los primeros días sí que es cierto que me preguntaba por cosas y que la ayudara, pero es normal porque ella estaba en otro tipo de asistencia sanitaria, ya que ella allí tenía menos carga de pacientes y las cosas no funcionan igual".

Los demás profesionales, las confunden: "Sí, incluso una vez que trabajaba mi hermana de mañana y yo de tarde, nos preguntaron si estaba doblando turnos", dice riendo Paula. Marta lo corrobora también riéndose: "Sí, sí muchas veces nos confunden porque cuando estamos trabajando llevamos mascarilla y solamente se nos ven los ojos, y casi los tenemos iguales, entonces es normal que a Paula le llaman Marta y a mí me llamen Paula". No hay anécdotas que contar, pero sí historias que recordar, porque trabajar en la UCI durante estos dos meses deja huella física y mental.

Ser familia y enfermeras conlleva a ser un apoyo fundamental. Paula admite que "claro que nos contamos cómo nos sentimos y cómo lo estamos pasando, porque nadie mejor que tu hermana y además que comparta la misma profesión. Entonces, es más fácil que te entienda y te comprenda. Lo cierto es que es una situación agobiante y estresante porque no sabes si un día vas a ser positivo o negativo, entonces duermes intranquila y necesitas tener apoyo para pasar esos momentos de incertidumbres". Marta también se sintió así: "No es fácil tener que estar en la UCI con esta pandemia de por medio, pero lo cierto es que tanto a mi hermana como a mí nos encanta, es una unidad muy gratificante, porque cuidas a personas que son críticas y puedes ayudarles a salvarle la vida. Eso es muy bueno. Y con las dificultades que pasamos, siempre necesitas a alguien a quien contarle cómo estás o cómo te encuentras, porque se vivían jornadas muy estresantes. Llegabas con media hora antes, ponerte el EPI, horas con el, a veces la cara destrozada... fue duro y hubo muchas apuradas que finalmente se solucionaron bien".

Entre ellas intercambian confidencias y delante de sus progenitores esconden la realidad. "Delante de mi padre y mi madre no solemos comentar nada del trabajo para que no se preocupen", dice Marta. Su hermana añade que "ellos estaban preocupados por si podíamos tener coronavirus o contagiárselo a ellos, no es una situación fácil y delante de ellos no solemos hablar de esas cosas".

Ellas también aplaudieron por los esenciales y por todos sus compañeros, pero creen "la situación se está olvidando muy rápido, ahora ves gente por la calle que cumple, pero hay otra mucha que no lo hace", dice Paula. Marta añade "hay veces que en los supermercados la gente no cumple o mismo en la calle y eso la verdad te genera cierta crispación porque no son conscientes de lo duro que es superar el coronavirus y luchar contra él. Aplausos sí, pero prevención no".

El Sergas acaba de prorrogar los contratos tipo Covid que se generaron con el inicio de la pandemia. "No es justo, que personas con contrato tipo Covid se les prorrogue el contrato y mientras haya personas en la lista con un número superior que están sin trabajar cuando hicieron servicios y estuvieron en contacto con pacientes. No es justo", dice Paula.

El destino de cada día es incierto, a veces hasta unos minutos antes de entrar al hospital. "Hay días que no sabes dónde te va a tocar, si estoy en una unidad, si estoy de refuerzo, si hoy con casos positivos, si hoy no. Hay veces que te llaman media hora antes y te dicen a dónde vas. En el verano teníamos unos contratos por vacaciones, cubrías a una persona y tenías cartelera, días libres y podías cambiar turnos. Ahora no será así. Yo tenía un derecho de elegir y ahora no lo voy tener. Y no es justo que haya gente fuera de listas que le están prorrogando el contrato y gente por encima de ellas en las listas que esté sin trabajar".

Se sienten contentas por trabajar juntas, pero disgustadas por la situación que vive la enfermería en la actualidad con condiciones "precarias" que generan estrés y agobio en la vida diaria. Además han vivido momentos difíciles con el uso de mascarillas que no protegían lo suficiente y con una prevención de detección de contagios en sanitarios que no entienden: "Es que no podemos comprender como al personal de Coruña se le hacía pruebas de serología y a nosotras test rápidos que tienen una fiabilidad mala. Hay cosas que desgatan". Su fortaleza es estar unidas y sentir que en sus manos está la vida les enriquece. No se dan por vencidas en la lucha colectiva por la sanidad pública. La primera batalla contra el coronavirus la ganaron, pero en la guerra por mejorar sus condiciones todavía tienen batallas que perder.

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