21 de diciembre de 2018
21.12.2018

Mataron al triple asesino en una granja a las horas de salir de prisión y retiraron 15.000 euros en 15 días

Los investigados quisieron hacer creer a la Guardia Civil que se había fugado. Aceleraron el caso por miedo a que uno destruyera pruebas

21.12.2018 | 14:59
Las claves del asesinato de Fernando Iglesias Espiño // FARO

La Guardia Civil llama al caso operación "Avaro" para resumir el móvil económico del crimen de Fernando Iglesias Espiño, triple asesino en Gran Canaria de mujer e hijos en 1996, y que el 11 de agosto fue víctima presuntamente de dos hombres a los que conoció en la cárcel y con los que compartía amistad y planes en los permisos de salida, Francisco Javier G. H., de 43 años, y Óscar G. L., de 38, los dos de regreso al centro penitenciario desde la noche del jueves por orden del juez de Instrucción 1 de Ourense, Leonardo Álvarez.

Se enteraron de que había cobrado una herencia de 26.600 euros de su madre y fueron a por el dinero que le quedaba. El hombre no regresó el 13 de agosto al centro penitenciario de Pereiro. Tras más de 80 permisos sin incidencias, aquello causó extrañeza en el penal. Lo habían matado. Su cuerpo fue desenterrado con signos de violencia (murió de un golpe en la cabeza con una mecánica por determinar) la mañana del jueves en una finca de A Senra (Piñor), donde Francisco Javier tiene raíces familiares y Óscar reveló a la Guardia Civil el lugar del paradero del cuerpo. Antes, durante dos jornadas intensivas, bajo secreto, los investigadores inspeccionaron y excavaron en la granja de pollos de Bouzas (Maside) de la que Francisco Javier es el arrendatario y a la que la víctima acudía a trabajar en sus salidas.

La Policía Judicial de la Guardia Civil de Ourense recabó el apoyo de unidades especializadas, medios técnicos como el georradar y drones además de una treintena de efectivos, para practicar los registros en busca del cuerpo. Descubrieron en el terreno de la granja miles de restos de pollos soterrados, pero no el cuerpo de la víctima. Estaba a unos kilómetros, en una parcela de A Senra (Piñor) propiedad de un familiar del investigado Francisco Javier. Así lo manifestó Óscar G. L. a los agentes, que pese a todo contaban con indicios para llegar antes o después al emplazamiento del cadáver.

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Los investigadores comenzaron trazando un perfil del desaparecido, que incluyó la toma de declaración a personas de su entorno, incluidos los detenidos, para determinar si la ausencia de Iglesias Espiño encajaba con una desaparición forzosa o una fuga voluntaria. Observaron circunstancias extrañas y concluyeron que su desaparición había sido forzada y que el hecho de haber cobrado una herencia de 26.000 euros hacía poco tiempo podría estar relacionado.

Una de las principales líneas de investigación marcadas fue el rastreo del dinero, que llevó a los investigadores hasta varios cajeros de entidades bancarias en provincias de Ourense, Pontevedra y norte de Portugal, donde en menos de 15 dias después de la desaparición del recluso, se habían retirado 15.000 euros, utilizando sofisticados sistemas para la sustracción y para borrar cualquier rastro.

Los sospechosos querían dar a entender que Fernando se había fugado y estaba sacando dinero para irse a otro país. "No obstante, era un relato que fueron construyendo los propios detenidos para que se dedujera que la víctima había fugado, quedando a la vista de los investigadores como un crimen perfecto", dice la Comandancia de la Guardia Civil de Ourense.

Llegado este punto de la investigación, se comienza a trabajar sobre la hipótesis del asesinato y que las personas que sacaron dinero de los cajeros estaban relacionadas con la desaparición. A finales de septiembre, los sospechosos fueron identificados como las dos personas que estaban sacando dinero de la cuenta. Fueron sometidos a una vigilancia 24 horas y a una reconstrucción minuciosa de todos sus movimientos desde la salida de prisión de la víctima hasta la última extracción de dinero del cajero, por lo que se deduce que Fernando pudo ser asesinado a las pocas horas de salir de prisión en lagranja de Maside, que regentaba como arrendatario Francisco Javier y en la que Fernando colaboraba trabajando en sus salidas de permiso penitenciario.

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Con toda esa información e investigación, la Judicial de la Guardia Civil determina "de manera fehaciente" que el móvil del crimen fue el dinero. A finales de noviembre, los investigadores comienzan a detectar movimientos raros de una de las personas detenidas, provocados quizá porque detecta la presencia policial en algún momento, motivo por el que se toma la decisión de acelerar la investigación ante el temor de que pudiera destruir pruebas.

Para la realización de los registros y tomando como hipótesis que hubieran enterrado el cadáver a varios metros de profundidad, se realizó un gran despliegue, con el uso de manera simultánea de medios del Servicio Provincial de Emergencias de Ourense, drones de la Unidad de Drones de AXEGA y detectores especiales de las Fuerzas Armadas (EDEX de Zarpadores 7 de la Brigada Galicia 7) así como la contratación de empresas privadas para la extracción de tierra y residuos,

En el operativo trabajaron 30 personas. La Guardia Civil agradece la colaboración prestada al Ejército, el Servicio Provincial de Emergencias de Ourense, a la Unidad de Drones de AXEGA, al Instituto de Medicina Legal de Ourense (IMELGA) y al Centro Penitenciario de Pereiro de Aguiar, que participaron de forma activa en el desarrollo de la operación.

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