14 de octubre de 2018
14.10.2018
Un año de la ola de incendios y Testimonio de una muerte

Incendios en Galicia | "Fue un crimen; quieren acabar con todo"

La viuda de la víctima ourensana de 2017: "Marcelo se hizo fuerte, pretendía apagar el fuego y salvar a los animales, pero no se imaginaba que el incendio fuera tan horrible"

14.10.2018 | 03:13
Leonor Domínguez (76 años), en el lugar donde falleció su esposo Marcelino Martínez (78), la víctima ourensana del fuego en 2017. // B. Lorenzo

Marcelino, Marcelo para su mujer, se enfrentó al cáncer en los últimos cuatro años de su vida. Nunca apeaba el bastón, pero el afán por salvar a sus animales y evitar que el fuego llegara a casa le dio bríos. Dejó el cayado y se aprestó a rescatar a sus tres ovejas, un carnero, una oca y una perra. Amaba a sus animales. Una humareda se cernió sobre él y lo atrapó para siempre. La viuda Leonor Domínguez, que aquella noche consiguió escapar a tiempo de las fauces del fuego, recuerda un año después un día "horrible". El monte calcinado de alrededor mantiene la tragedia muy presente. "Esto no se olvida más".

Leonor fue el miércoles al cementerio de Abelenda das Penas a visitar a Marcelo -Marcelino Martínez-, el amor de "toda la vida", el padre de sus dos hijos. Los separó un incendio salvaje. "Esa tarde estábamos en el campo y el fuego quedaba muy lejos. A las diez de la noche, él estaba viendo la televisión en casa. Vi el humo y lo comentamos, Marcelo estaba tranquilo y me dijo que todavía andaba por Melón. Pero ya estaba aquí. Salió una vecina gritando para que saliéramos de casa, o arderíamos. Marcelo quería salvar a los animales, dejó el bastón, fue hacia allá, pero vino esa humareda... Él se hizo fuerte y allí se quedó", dice observando el lugar en el que falleció su marido, cerca de un galpón ya reconstruido y de una pila de madera talada y muy ennegrecida.

La mujer, físicamente ágil a sus 76 años, consiguió huir del peligro que se cernió de repente. "Él me dijo que cogiera una manguera, pensaba que podríamos apagarlo. Creo que no se imaginaba que el incendio fuera así, tan horrible. Me acerqué con la goma pero vino una humareda horrible, así que la tiré y escapé hacia el tanque. Empecé a llamar por él, pero ya no me habló más. Aquel humo lo ahogó y allí quedó". Marcelino Martínez, de 78 años, fue la víctima ourensana de la oleada de incendios que asoló Galicia la noche del 15 al 16 de octubre de 2017.

"No había nadie que nos pudiera ayudar, porque muchos vecinos ya habían sido desalojados a Carballeda y otros tenían que apagar alrededor de sus propias casas". Ese fin de semana, uno de los más negros de la historia de Galicia, ardieron en la comunidad 49.200 hectáreas en 264 frentes. Casi la mitad de la superficie -22.623 hectáreas-, en la provincia de Ourense, la más castigada de España. Según datos oficiales, entre 1990 (tras la plaga de fuegos de 1989, en la que se quemaron 200.000 hectáreas) y 2017, las llamas devoraron en la región 954.920 hectáreas, un total de 411.789 (un 43,12%) en la provincia interior, cada vez más despoblada.

"Vino la Guardia Civil y ya no me dejó acercarme. Tardaron en encontrarlo por culpa del humo. Yo quería ir a verlo, pero no me dejaron, me dijeron que lo recordara como era y por las fotografías. Un guardia joven y muy amable estuvo toda la noche al lado de esta puerta", el paso entre la entrada de la vivienda y la parcela trasera, libre de maleza gracias a aquellas ovejas de Marcelino. "Él era loco por los animales y la arboleda. Le quería mucho a esta finca, si viera cómo está ahora.... El año pasado tuvimos manzanas, castañas, de todo, ahora se acabó, no quedó nada. Si por lo menos dieran algo por los pinos, que ardieron todos...", enlaza.

Leonor mantiene el luto salvo por un mínimo alivio en el color de uñas -malvas el miércoles- y las medias, a juego. Exhibe fuerza y entereza tras superar una fase inicial de profunda pesadumbre. "Ahora me estoy poniendo algo bien. Estuve muy mal, con mucha depresión. No tenía apetito ni ganas de hablar con nadie. Ahora me voy incorporando un poco, aunque lo que pasó está aquí dentro y nunca se olvida. Fue mucha cosa".

La impresión de que el incendio fue intencionado es mayoritaria en Carballeda de Avia, pero nadie sabe quién provocó la catástrofe, ni las autoridades ni los vecinos. "Esto fue un crimen. Son una mafia. No sé por qué quieren hacer algo así. Nos querían quemar a todos, quieren acabar con todo lo que hay y punto.", denuncia Leonor, que pide condenas más duras para este tipo de delincuentes.

La viuda vive sola en la casa conyugal pero cuenta con el aliento y las frecuentes visitas de sus hijos. Un año después, la ausencia de Marcelo y el monte quemado de alrededor mantienen la tragedia muy presente. Quedan troncos y ramas por cortar -de árboles que el marido había plantado él mismo-, una tarea que encargará a un jornalero. Los restos calcinados de un coche y un tractor continúan en la finca. Los hierros doblados son un recordatorio impactante de la brutalidad del fuego.

El temor a que, antes o después, el monte sea un infierno otra vez no desaparece. "Haría falta que no volviera a pasar algo así nunca más, pero no dejan de prender fuego. Han dado con esa manía y no hay manera. El otro día, vieron que había viento y volvieron a plantar", lamenta la señora con indignación, refiriéndose al reciente incendio de Mondariz.

Cuando vuelve a ver zonas en llamas por televisión, suceda en Galicia, Portugal o California, relata, "se me revuelve el estómago. Esto no se me olvidará jamás".

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