11 de abril de 2018
11.04.2018

Policías de servicio cuando murió un agente vieron a un investigado pero no oyeron disparos

Los gemelos, que acuden al juzgado a diario, aparcaban en una zona que la cámara no ve

11.04.2018 | 08:59
Neil González, la defensa de los gemelos. // Iñaki Osorio

A las 15.12 horas del 9 de abril de 2016, el día de la muerte del policía Celso B. A. en la comisaría de Ourense, las cámaras grabaron la entrada en el garaje del Volvo XC90 que usaban los inspectores gemelos, Roi y Bernardo, investigados por el presunto homicidio de su compañero y otros 6 delitos de la trama de la Policía: el robo de armas del búnker y los anónimos. Esa tarde, solo Roi fue visto en la sede. No todos son capaces de distinguir a los hermanos idénticos, pero en aquella época Bernardo estaba de baja y era más reconocible. Cuatro agentes que se encontraban de servicio la tarde de los hechos declararon ayer como testigos. Dos aseguraron a la juez que vieron a Roi. Uno habló con él, aunque no recuerda la conversación ni el tiempo que estuvieron. Nadie escuchó disparos ni vio movimientos extraños. El cuerpo de Celso fue hallado esa jornada con un tiro en la cabeza.

El interrogatorio de la magistrada de Instrucción 3, Eva Armesto -preguntó "con detenimiento y exhaustividad", según un abogado-, la fiscal Pilar Manso y los letrados se prolongó durante más de cinco horas. Los policías -dos del 091, uno de la seguridad del acceso y otro de la oficina de denuncias- ya habían declarado como testigos ante los investigadores de homicidios. Antes de que comenzara el acto, Roi y Bernardo acudieron al juzgado. Están obligados a presentarse cada día desde su puesta en libertad provisional bajo fianza, hace 2 meses y medio.

Entre otras cuestiones, a los testigos se les preguntó por la zona del garaje donde Roi y Bernardo estacionaban. Es una hilera en la que se ubican las plazas más amplias. Uno de los agentes que testificó ayer dijo que él también solía dejar el coche ahí, y que desconocía que el área se encontrase fuera del ángulo de la cámara de seguridad.

El pasadizo

La hipótesis del homicidio que la juez sostuvo cuando ordenó la detención de Roi y Bernardo tras casi 2 años de investigación bajo secreto, se apoya en que uno de los gemelos conducía -Roi, en principio-, pero no descarta que otro accediera en el maletero. La tarde de la muerte, el Volvo fue estacionado en una plaza amplia de la primera planta del garaje, fuera del ángulo de cámara y cerca de una puerta que conduce a un pasadizo que llega por las tripas del edificio a la galería de tiro. El testigo que aparca en la zona conocía el acceso pero no a dónde lleva. Cree la magistrada que desde allí pudieron llegar al despacho de Celso, en la quinta planta, donde apareció muerto de un disparo en la cabeza con una de las pistolas robadas en el búnker entre 2014 y 2015 (otras dos aparecieron en un cajón y un archivador).

En el conducto se recogieron 14 huellas sin identificar. La defensa esgrime que Roi, que ese día acudió por la mañana a comisaría para dejar otro vehículo, un Audi A5, salió por la tarde a hacer compras mientras Bernardo, exjefe de Celso, estuvo viendo pádel en Monterrei, a 8,5 kilómetros y 10 minutos en coche. Su móvil, sin tráfico de llamadas, lo ubicó en ese lugar.

¿Homicidio o suicidio?

A la espera del análisis de sangre hallada en una funda y el Volvo -los gemelos dicen que es de la matanza del cerdo-, la juez ve varios indicios de homicidio, incluyendo que la trama de los anónimos y el robo de armas -que los investigadores atribuyeron a los gemelos y el fallecido- degenerara en un crimen. El arma de la muerte tenía la recámara abierta pese a que no había cargador, cuando la corredera debería estar cerrada. Armesto se apoya en un informe de balística forense que sitúa la distancia de disparo a 10 centímetros, con trayectoria "notoria y significativamente descendente", más compatible con el crimen.

El abogado de los gemelos, Neil González, cita informes que apuntan a suicidio: Celso tenía restos de disparo en la mano izquierda -era zurdo-, una corrección de Toxicología sitúa la distancia del tiro a entre 2 y 6 centímetros, y la reconstrucción virtual de la Guardia Civil sostiene que Celso estaba sentado, lo que justificaría la ausencia de golpes en el cuerpo, un indicio que lleva a la juez a sospechar que fuera colocado en el suelo. El letrado del fallecido, Arturo Mosquera, discrepa: "Todos los indicios indican casi al 100% que Celso no se suicidó".

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