19 de enero de 2017
19.01.2017

Javier Urra: "Eso de 'quiero que mi hijo sea feliz' está abocado al fracaso"

En una sociedad "ansiosa", apuesta por educar en la empatía y enseñar a los niños a afrontar la vida real, aunque sea injusta

18.01.2017 | 22:41
Javier Urra, ayer en la sede de la Fundación Abanca. // Brais Lorenzo

Javier Urra impartió ayer una conferencia en la sede de la Fundación Abanca en la que defendió que la educación es la mejor de las vacunas para prevenir conductas problemáticas en niños y adolescentes. Sus años de experiencia y trabajo con padres e hijos en conflicto se recoge en su último libro, una guía que describe específicamente 46 pensamientos, 51 sentimientos y 89 conductas que deben generar alarma en los adultos.

-Una guía de primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes. ¿A qué problema nos enfrentamos?

-Tengo una carrera de 30 años de experiencia en Fiscalía, he trabajado en centros de menores de reforma, he sido Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid y ahora dirijo un equipo de 107 profesionales que trabaja con padres e hijos en conflicto. Este libro tenía que nacer porque los psicólogos, psiquiatras, pediatras... hablan mucho en general pero la gente necesita saber qué hacer ante lo concreto, las cosas exactas. ¿Problemas? En general la cosa va bien pero tenemos acoso escolar, una violencia de género en jóvenes mucho más problemática de lo que la sociedad cree, niños abducidos por la yihad o grupos fanáticos (un escaso número, pero es un síntoma), niños adictos al juego, a las sustancias, violencia filioparental y niños con ideas autolíticas o con conductas suicidas, no son muchos pero van en aumento. Antes los niños y los jóvenes se morían por enfermedad, pero eso en España está superado; ahora tenemos muchos problemas emocionales, psíquicos, de equilibrio, trastornos por déficit de atención, niños obsesivos compulsivos... Hay cierta preocupación porque el 20% de los niños sufre alguna de estas características. Vivimos en una sociedad muy estresante, ansiosa, donde nos golpea el mal uso de la red.

-¿Dónde está el germen de esta nueva realidad?

-Ahora nos fijamos más y se sublima la infancia, se cree que ser niño es ser feliz. Hay un porcentaje de niños que sin duda sí lo son, pero otros no. Es verdad que ahora hay más sensibilidad ante casos, como puede ser la pederastia, que siempre han existido aunque se miraba para otro lado. Pero no basta con ser más sensible, hay que pasar al tratamiento. No llega con decirle a un niño que sea empático ¿eso que quiere decir? Llévale a ver a la abuela con Alzheimer y que bese a las otras abuelas, o a un hospital con niños muy enfermos y diles que algunos se van a morir? eso es ser empático, ponerse en la realidad de la vida, que no es justa. Jugar a qué siente el otro, no lo que piensa, sino lo que siente, todo esto hay que hacerlo a corta edad porque si no estamos endureciendo las leyes, poniendo más jueces, más policías, que está bien y es necesario pero no va a ser suficiente.

-¿Qué nos debe alarmar en la actitud de un adolescente?

-Cuando no sabe decidir, se pone en una esquina y rumia ideas negativas, ese chaval que no tiene amigos, que es presentista, lo quiere todo aquí y ahora, que tiene ideas homófobas, racistas? son llamadas de alerta como las que se encienden cuando vas conduciendo un coche. Son muchas las piezas pero te avisa. Hay que estar atentos y saber qué hay que hacer. Lo que no puede uno es darse cuenta de que algo falla pero seguir adelante, porque probablemente quiebre.

-No es algo que se cure solo.

-No. Las cosas problemáticas y más cuando son de conducta van siempre en progresión a estropearse más. Cuando saltan las alertas ya no cabe la vacuna, sino el antídoto. Hay que abordarlo y saber cómo actuar con profesionales.

-¿Existe un método infalible?

-No, eso sería un superman. Gracias a Dios, el ser humano no siempre es previsible. Ahora bien, si las cosas se hacen bien, como la mayoría de los jóvenes en España, sale bien. A la pregunta ¿hay algo que no vaya a fracasar nunca? No, no existirá nunca porque el ser humano es libre, tiene incertidumbre, es capaz de dar la vida por alguien pero también es capaz de quitársela. Ahora se habla mucho de la neurociencia y la computación, pero el ser humano es mucho más que su cerebro, es su mente.

-En esa búsqueda de una infancia feliz para nuestros hijos, ¿se nos olvida educar?

-Es lógico que busquemos la felicidad de los hijos pero tampoco nos podemos quedar sólo en eso. La vida es otra cosa, la vida es enseñar a los hijos que esto se acabará y que la pregunta que tienen que hacerse es si ha merecido la pena. Esta idea de la felicidad es muy Disney, muy parque temático, la vida no es todo felicidad, es sacrificio, esfuerzo, deslealtad, incomprensión, es muchas cosas. Eso de 'quiero que mi hijo sea feliz' está abocado al fracaso seguro, entre otras cosas porque tu hijo va a saber pronto que se va a morir y eso le va a generar una ansiedad ontológica. A los niños hay que fortalecerles, hay que decirles que esto es lo que hay. Tenemos jóvenes que son como de cristal, duros pero frágiles, si se rompen buscan atajos y un atajo puede ser la droga. Ante una ruptura sentimental un joven puede venirse abajo, creer que la vida ya no tiene sentido. Ante ese tipo de cosas hay que afrontarles la vida, hay que trabajar el tú, y no tanto el yo. Educar con planteamientos, con preguntas. ¿Tú que haces por los demás? ¿Cómo mejoras la sociedad? ¿Cómo piensas educar a tus hijos?

-¿Es habitual pasar de la superprotección en la primera infancia al casi abandono cuando se produce la revolución emocional en la adolescencia?

-Los seis primeros años son realmente esenciales, hay una labor, la comida, leer un cuento, ir al pediatra. Y de pronto nos surge un adolescente que no se conoce bien a sí mismo, que pone dificultades, que se enfrenta, que deja de ser un niño, que nos reta. Y ahí la gente tiene más dificultades. Es la siembra que hayas hecho antes lo que te va a posibilitar la recogida en el adolescente. Afrontar un adolescente es como los incendios en Galicia, hay que prevenirlos en el invierno. Y no educan solo los padres, también el entorno social. Los ayuntamientos tienen que incidir en que haya teatro, cine para jóvenes, alternativas de ocio que no sea el alcohol. La policía municipal tiene que pedir el DNI a los jóvenes que están bebiendo y perseguir a las tiendas que venden alcohol a los menores. Hay que legislar también en el ámbito de la protección, facilitar los horarios a los padres para compaginar la educación de los hijos.

-Entre los muchos frentes el acoso escolar es realmente alarmante. ¿Se está abordando bien este problema?

-Siempre ha existido pero es verdad que algo está fallando, sí. Un 30% de los niños sufre acoso escolar. Esto se tiene que resolver primordialmente en la escuela, los profesores tienen que estar muy atentos e impedir ese maltrato. Hay que actuar para que el resto de los niños se pongan del lado de la víctima y no del agresor. Hay que trabajar también con el agresor y ayudar a la víctima, enseñarle habilidades y mecanismos de defensa. Pero no se puede dejar ahí porque las cosas empeorarán seguro.

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