09 de octubre de 2012
09.10.2012

Quevedo, el obispo que llegó en mula

La diócesis publica una biografía del cardenal y su labor durante 42 años en Ourense - Estuvo en las Cortes de Cádiz, pero rehusó jurar la Constitución de 1812 y fue desterrado

09.10.2012 | 10:29
El autor del libro José Ramón Hernández, el obispo Leonardo Lemos, y el vicario Francisco José Prieto, ayer. // Iñaki Osorio

Pedro de Quevedo y Quintano aparece en los libros de Historia de España por ser uno de los regentes (presidente del consejo) que se ausentó de las Cortes de Cádiz para irse a casa a rezar y a dormir cuando se juraba la Constitución de 1812. Entonces ya era obispo de Ourense y defendió su actitud alegando que aquella Carta Magna de la que ahora se celebra el bicentenario no era otra cosa que una copia de la constitución democrática francesa. Quevedo, que también fue un símbolo de la resistencia ante el invasor francés, fue desterrado por eso a San Pedro de Tourém donde permaneció exiliado hasta mayo de 1814.

Este y otros aspectos de su vida están recogidos en el libro "El Cardenal Pedro de Quevedo y Quintano en las Cortes de Cádiz", escrito por el sacerdote José Ramón Hernández Figueirido con prólogo del obispo de Ourense, Leonardo Lemos. Ambos, junto con el vicario para la Nueva Evangelización, Francisco José Prieto, lo presentaron ayer en el Centro Cultural "Marcos Valcárcel".

La publicación, editada por la Biblioteca de Autores Cristianos, destaca el papel de un "eclesiástico íntegro", en palabras de Lemos Montanet, que se mantiene en la historia de la diócesis de Ourense como el obispo que ha ocupado este cargo durante más tiempo: 42 años, y en una época singular por tratarse de la transición entre el antiguo régimen y la Inquisición y el liberalismo de comienzos del siglo XIX.

El propio obispo destaca en su prólogo la humildad del cardenal que llegó a Ourense tras ser nombrado obispo durante la noche del 13 de agosto de 1776, "de manera silenciosa y sin ningún protocolo, sobre una mula, y sin más comitiva de familia propia que el paje que le servía en Salamanca".

Así demostraba, añade Lemos, "que no estaba apegado a las pompas y vanidades de su siglo", propias también de los obispos de la época, unos señores de "basta jurisdicción" y gran autoridad en el ámbito social, económico y político.

En cambio, Pedro de Quevedo demostró siempre una caridad sin límites, además de un genio "vivo", como destacan diferentes biografías.

La que ayer presentó el obispado, obra de José Ramón Hernández Figueirido, lo define como un hombre "firme" tanto en sus ideas políticas como religiosas, cuya figura trascendió al ámbito internacional por su resistencia frente a la invasión francesa.

Hernández Figueirido lo describe como un hombre "hospitalario, caritativo, ritual y puntilloso en la normativa canóniga", pero también, "íntegro, virtuoso y celoso en el cumplimiento de la formación de las generaciones jóvenes". El turbión de acontecimientos políticos que se sucedieron a partir del año 1808 provocó que, además, el cardenal Quevedo pasase también a formar parte de la "historia general de España".

Para el obispo Lemos Montanet, el episodio histórico que recoge el libro del sacerdote Hernández Figueirido, es "de gran importancia" para entender doscientos años después la realidad de España en la presente época contemporánea.

El prelado destacó el arduo trabajo del autor en la síntesis de "documentos críticos" para convertirlos en una obra de estilo "claro y sencillo", que "cautiva" desde el primer momento.

Además, Leonardo de Lemos sostiene que la aproximación a la vida de Quevedo sirve también para mostrar que la Iglesia Católica de finales del siglo XVIII y principios del XIX "no fue tan terrible como la presentan desde algunos sectores".

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