20 de febrero de 2019
20.02.2019

El PRUG delimita solo una zona de reserva de 32 hectáreas, ante Cíes, donde estará prohibido pescar

El sector considera "asumible" esa restricción

20.02.2019 | 02:17

El Plan Rector de Usos y Gestión (PRUG) del Parque Nacional Illas Atlánticas entró oficialmente ayer en vigor, casi 18 años después de que se aprobase en el Congreso la declaración del único parque nacional gallego. El sector de la pesca de bajura estaba especialmente atento a un documento que le ha supuesto numerosos quebraderos de cabeza por la intención de habilitar zonas de reserva en las que estaría prohibido pescar y mariscar. Finalmente, el documento recoge un único área de reserva: un rectángulo de unas 32 hectáreas de superficie, situado en la parte interior del archipiélago de Cíes y aproximadamente a la altura del canal entre las islas. Un recuadro de 32 hectáreas sobre una superficie total de 7.282 hectáreas de superficie marina. "Tenía que haber zonas de reserva y consideramos asumible que se concentrase en ese ámbito", explica el presidente de la Federación Provincial de Confrarías, José Manuel Rosas.

Esta delimitación difiere de la que se incluía en el documento que salió a exposición pública en marzo de 2018. Aquella propuesta fijaba hasta tres zonas de reserva en todo el parque nacional. Dos de ellas estaba en Cíes: al sur de la isla de San Martiño, entre Punta Xesteira y Cabo dos Bicos, y otra al sur del islote de Boeiro. La tercera de las áreas restringidas a la pesca se delimitaba en Sálvora: de Con de Lapegar a Fillo de Lapegar. Esta distribución no disgustaba a las cofradías, aunque durante el posterior proceso de exposición pública y negociación con la administración autonómica han conseguido que el área de reserva se concentre en un único espacio de unas 32 hectáreas. El documento del PRUG se refiere a esta Zona Marina de Reserva (ZMR) como un área "circunscrita a los fondos marinos que permanecen permanentemente cubiertos por la columna de agua y las biocenosis [conjunto de organismos de todas las especies que coexisten en un espacio definido llamado biotopo] desarrolladas sobre éstos".

En este ámbito queda "expresamente prohibido todo tipo de aprovechamientos de los recursos naturales y no se permiten las actividades de uso público". La Cofradía de Cangas apuntaba ayer que el establecimiento de esta ZMR se puede considerar "viable" para el sector. "Ahora procederemos a entregar las coordenadas a los barcos para que las carguen en el plotter a bordo y que sepan que ahí no se puede trabajar", explican desde el pósito.

El presidente de la Federación Provincial de Confrarías se mostraba ayer comedido en sus valoraciones. "Se puede decir que estamos satisfechos por una razón: ahora sí se respetan los usos y costumbres tradicionales de la flota de bajura, que era el compromiso cuando se aprobó la declaración de parque nacional", insistía José Manuel Rosas. El anterior intento de la Xunta de Galicia de aprobar el PRUG data de entre 2010 y 2012 y en aquel entonces se encontró con la oposición frontal de las cofradías afectadas puesto que las zonas de reserva que se planteaban era mucho más grandes y con una mayor afección para la flota artesanal.

La primera propuesta manejaba delimitar entre un 15% y un 20% de la superficie marina total, que luego se rebajó a un 4% (291 hectáreas). Un planteamiento que para las cofradías de pescadores era inasumible y que provocó una serie de movilizaciones que obligaron al gobierno autonómico a frenar su tramitación. "Esta vez, a diferencia de entonces, se tuvo en cuenta al sector", destacan desde la federación provincial.

Todo esto no significa que la flota tenga una especie de barra libre para trabajar en el resto del ámbito del Parque Nacional Illas Atlánticas. Las propias cofradías insisten en que el sector siempre debe ajustarse al Decreto de Artes e Aparellos de la Consellería do Mar. Esta normativa regula los días de actividad, cuotas de capturas en función de las especies, horario de trabajo, vedas, artes y aparejos que se pueden emplear... "Siempre manifestamos que con las restricciones normativas que ya existían eran suficientes para compatibilizar nuestro modo de vida y el parque nacional", manifiesta José Manuel Rosas. "No lo debimos hacer tan mal cuando después tanto tiempo y tras pescar toda la vida en esas islas se pudieron llegar a declarar como parque nacional", sentencia.


Haz click para ampliar el gráfico
Compartir en Twitter
Compartir en Facebook