29 de mayo de 2015
29.05.2015

El almacén de los restos del patrimonio en Cangas

El Auditorio Municipal guarda piezas del mosaico de la Casa del Mar y de cruceiros rotos en accidentes y juergas juveniles

29.05.2015 | 02:28

La crisis económica dejó como asignatura pendiente la recuperación del patrimonio artístico de Cangas. En los bajos del Auditorio Municipal se guardan piezas que están en lista de espera para pasar por el maestro cantero o por el restaurador de turno. Pero también están el mosaico del inmueble de la Casa del Mar, derribada en el año 2011. Allí se apilan los restos de un emblema de Cangas. Nadie intentó poner de nuevo el mural en otro edificio. Aseguran que sus piezas están muy dañadas. Los cruceiros son víctimas de las juergas juveniles y de los camiones de la basura.

Cuatro años después, las piezas del mosaico que adornaba la demolida Casa del Mar de Cangas siguen apiladas en los bajos del Auditorio Municipal de Cangas. No hubo ni un intento por parte de las autoridades locales de recuperar este emblema del pueblo de Cangas, que fue retirado a golpes de la pared del viejo inmueble, donde hoy se asienta el Centro de Mayores. Pero éste no es el único ejemplo de inmovilismo que hay en materia de recuperación de patrimonio, además de fallos clamorosos que ponen en entredicho la seguridad del patrimonio artístico de Cangas. Está el ejemplo de los cruceiros mutilados por actos de vandalismo o por accidentes de tráfico que siguen en la lista de espera del restaurador de turno. La crisis también afecta al cuidado del patrimonio.

El mosaico de la vieja Casa del Mar era todo un símbolo para Cangas. Su escaso valor artístico, por el hecho de que había sido fabricado en serie por una empresa valenciana junto con otros muchos de la España franquista y que el Estado no lo tuviera catalogado, hizo con la pieza cotizara a la baja para muchos. Pero sorprendentemente, fueron las fuerzas más de izquierda de Cangas los que en su momento, allá por el año 2010, se movilizaron para que la demolición del edificio no supusiera el destrozo del mural, que sí consideraban representativo de Cangas, igual que las Naves de Ojea O Massó. Pero las operaciones para salvar el mural fracasaron. Las piezas se deshacían cuando se intentaban despegar, después sacó con la pared. Pero el trabajo se hizo sin cuidado y sin una empresa especializada. Ahora el mural se encuentra almacenado en los bajos del Auditorio Municipal de Cangas sin que nadie se atreviera a echarle un vistazo. No hay fotos. Su visión ofendería a cualquiera. Es más escombro de obra que otra cosa. Los técnicos hablan de que el mosaico es irrecuperable. Pero alguien aún espera que este emblema de Cangas sea rescatado.

Pendiente de una operación de restauración está también guardado en los bajos del Auditorio Municipal de Cangas un trozo del cruceiro del Calvario de Coiro. "Unha rotura limpa" que se pode restaurar fácilmente", según dijeron en su día los expertos, pero que también está en lista de espera. También desde 2011 permanece custodiado en esta especie de almacén artístico municipal que son los bajos del Auditorio, el cruceiro de Xaulera, en San Roque. Aquí, su reparación permanece pendiente de una decisión judicial, según nos explica un técnico municipal. En 2011, un joven de Bueu, de 21 años de edad, lo rompió cuando intentaba escalarlo el día 10 de septiembre de 2011. El cruceiro cayó al suelo y quedó fragmentado en cuatro piezas. Su restauración es casi imposible. Entre los años 2010 y 2011 se destrozaron otros cuatro cruceiros más: el de San Cosme, el de Coiro, el de Santo Domingo (lo derribó un camión de la basura) y el de Geo, situado detrás de la casa parroquial de O Hío, lo rompió un coche de madrugada, pero ya está restaurado por una empresa ferrolana especializada.

La historia de la restauración de Santiago Matamoros, estatua situada en las inmediaciones de la ex colegiata de Cangas está llena de anécdotas. Para empezar se trata de una restauración fallida. La mandó hacer el que fuera concejal de Cultura en el tripartito, Xosé Manuel Pazos. Pero tuvo la ocurrencia de que era un buen momento para empezar a acabar con determinados símbolos que ayudaban a diferenciar, más que a igualar. Así que encargó al escultor cangués Manolo Coya que el brazo amputado que enarbolaba una espada se situara hacia abajo. Quería que fuese la imagen de la igualdad entre religiones.

Lo cierto es que la estatua de Santiago Matamoros logró permanecer muy poco tiempo restaurada. Alguien decidió que no, que así no valía y al poco tiempo volvió a estar de nuevo la estatua sin el brazo. Hasta hoy.

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