06 de agosto de 2012
06.08.2012
Fue noticia en 1932

El mar pone a Cangas de luto

El naufragio de la trainera "Azaña" en Sálvora, la madrugada del seis de agosto de 1932, se saldó con 22 fallecidos

06.08.2012 | 08:40
Composición con fotografías de víctimas, la barca, los supervivientes y titulares del períódico. // FdV

El naufragio de la trainera a motor "Azaña" frente a la isla de Sálvora el seis de agosto de 1932 se saldó con 22 fallecidos que llenaron de dolor a la villa marinera de Cangas, que nunca hasta entonces había sufrido un golpe tan duro. Sólo hubo dos supervivientes que aguantaron a la deriva durante horas sobre el casco de la lancha volcada hasta que fueron recogidos por un mercante noruego que les prestó auxilio y frente a la costa portuguesa los transbordó al bou coruñés "Santiago Rusiñol" que navegaba rumbo a Vigo. FARO ofreció un minucioso relato del naufragio

En aguas de la isla de Sálvora se produjo el 6 de agosto de 1932 el naufragio de una trainera que enlutó 22 hogares marineros y dejó una triste estela de huérfanos, viudas y dolor en la villa marinera de Cangas.
FARO relataba al día siguiente que "asomarse a la villa de Cangas en estos momentos es tanto como sentir, en turbión, todo el horror de la tragedia, es tanto como vibrar en la emoción del espanto causado por una de esas desgracias de máxima magnitud, por una de esas desgracias capaces de perturbar el ánimo más templado. Madres afligidas, esposas a quienes el dolor ha sumido en congoja inenarrable, niños que gimen la tristeza de la orfandad en el alborear de sus vidas... Y el coro que forma el vecindario todo, sollozando la tremenda desgracia. Esta es la visión desolada, espantosa, que Cangas ofrece desde el naufragio".
Nunca, hasta entonces, había sufrido Cangas castigo de tan magnas proporciones. "Nunca se ha tragado la mar, de una sola bocanada, 22 hijos de la frontera villa. En la Alcaldía de Cangas se recibieron telegramas de condolencia por la espantosa tragedia".
FARO ofreció también a sus lectores un minucioso relato del naufragio, contado al llegar al puerto por el patrón del bou coruñés que recogió a los dos supervivientes.
Informó que en la mañana del día anterior a unas 30 millas al Sudoeste del cabo Silleiro, el "Santiago Rusiñol cruzó con el vapor noruego "Keret ´ que navegaba rumbo al Sur.
Ambos se pusieron al habla, atendiendo a una llamada del "Keret" y cuando estaban próximos del vapor noruego fueron transbordados al bou coruñés los marineros llamados Manuel Castro y Vicente Soto, únicos supervivientes de la dotación de la trainera a motor "Azaña", de la matrícula de Cangas, que tripulaban 24 hombres y que había naufragado en aguas de la isla de Sálvora.
Relato del naufragio
Manuel Castro y Vicente Soto hicieron el siguiente relato de la espantosa catástrofe: En la madrugada deI día 5 la trainera a motor "Azaña", a cuyo equipo pertenecían, pescaba en las cercanías de la isla de Sálvora.
La mar del Noroeste arbolaba mucho y una ola tremenda que pescó de través a la lancha, la hizo tumbar y los 24 hombres de la dotación cayeron al agua.
Cuatro de ellos desaparecieron en los primeros momentos. Los otros 20 se agarraron a la embarcación zozobrada.
La trainera "Azaña", con la quilla al aire, fue llevada a la deriva horas y horas y los náufragos, "hambrientos y atormentados por el martirio bárbaro de la sed, procuraron defender sus vidas; pero el viento y la marejada llevaban la embarcación volcada a la deriva, apartándola de las aguas frecuentadas por los pescadores y haciendo cada instante más difícil la posibilidad de hallar un barco que les prestase auxilio".
Esta lucha angustiosa, tremenda, indescriptible, duró un día y una noche, que fueron siglos para los supervivientes.
Los otros, uno a uno, faltos de fuerzas, agotados por la ruda pelea, destrozados física y moralmente, fueron desprendiéndose de la embarcación zozobrada, para ser sepultados en la gran tumba del Océano.
Soto y Castro, acaso por ser los más fuertes, quizás por haber hallado mejor acomodo encima de la lancha volcada, resistieron la pugna trágica más tiempo que sus camaradas de naufragio.
Sin embargo, creían que su fin se acercaba. Desfallecidos, aniquilados, esperaban, de un momento a otro, el agotamiento definitivo: caer rendidos encima de la madera del casco volcado y resbalar hacia la gran tumba de agua que veían a sus pies.
Un barco en el horizonte
De repente, un barco en el horizonte. ¿Los verían desde la cubierta del vapor que destacaba su mole encima de las ondas marinas?
Poco antes de aparecer el barco en el horizonte, Soto y Castro habían visto caer al agua y desaparecer, tragado «por los crueles cristales azules, a un compañero, al patrón de la embarcación, hijo del dueño de la misma,
El desventurado no había podido resistir más y se dejó caer, vencido por la muerte, al sepulcro del océano.
Soto y Castro miraban e1 barco surgido sobre el lomo de la mar con anhelos infinitos. ¿Sería la salvación? ¿Se alejaría sin verlos?
La angustia de aquellos formidables instantes fue indescriptible para los dos náufragos.
Desde el buque los habían di visado, porque a toda marcha navegaba hacia ellos.
Minutos después subían a la cubierta del vapor noruego "Keret", cuya dotación les prestó cuantos auxilios demandaba su agotamiento. Castro y Soto hacen los más fervientes elogios del magnífico comportamiento que los marinos noruegos tuvieron para con ellos.
Al regresar a sus hogares, estuvieron varios días encamados debido a la fuerte impresión recibida durante el naufragio.
Uno de los tripulantes se salvó al quedarse dormido y llegar al muelle cuando la trainera ya había zarpado
Cuando el "bou" coruñés se dirigía a Vigo, trayendo a bordo los dos supervivientes, encontró en su ruta, a unas diez millas de las islas Cíes, a la trainera "Azaña".
El "bou" se acercó a la lancha que estaba anegada, "pero los tripulantes del pesquero la achicaron y tomaron a remolque, trayéndola hasta nuestra bahía, don de se halla".
El dueño de la embarcación es un señor conocido en Cangas por Godoy.
La dotación de la trainera "Azaña" la componían 25 hombres, pero la embarcación se hizo a la mar con 24. Uno de ellos se salvó de la muerte por haberse quedado dormido y haber llegado al muelle de Cangas cuando ya había zarpado la lancha.
Se decía, y el FARO se hacía eco de ello a título de información, que dos de los 24 hombres que iban a bordo de la trainera eran de Bueu. "Si ello es cierto, también la pintoresca y progresiva villa de la ría de Marín habría perdido a dos de sus esforzados marineros en esta tragedia".
El periódico sumaba su dolor "al duelo inmenso que siente la villa de la otra banda de la ría, que desde anoche siente la indescriptible congoja de haber entregado a las implacables ondas de la insaciable mar veintidós de sus hijos. Son 22 familias, pobres todas ellas, que quedan sin pan, porque ha muerto el que lo ganaba, el que, en lucha diaria con las olas, robaba al ancho mar el sustento cotidiano de los suyos".
La ausencia definitiva de esos hombres "es el hambre y la miseria inmediatos para sus hogares". Por eso, "la Corporación municipal de Cangas, en sesión extraordinaria, tratará la situación en que se han quedado esas 22 familias".

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