12 de febrero de 2011
12.02.2011

Más de 10.000 kilómetros por los bonsáis

El biólogo de Cangas Manuel Germade estudiará esta técnica en una de las mejores escuelas de Japón

12.02.2011 | 07:30
Manuel Germade Menduiña con algunos de los 40 bonsáis que cultiva en la casa que tiene en Beluso (Bueu). // Carmen Giménez

El biólogo cangués Manuel Germade Menduiña sueña con poder vivir de su principal afición, el arte de cultivar bonsáis. Para ello espera poder viajar a una de las mejores escuelas del mundo, en la ciudad japonesa de Shizuoka, en donde trabajará como aprendiz durante los próximos cinco años. En otoño ya estuvo tres meses aprendiendo las técnicas de los cultivadores nipones más reputados. Aunque se trata de un arte muy poco seguido en España, el joven aspira a ganarse la vida sin necesidad de quedarse a residir en el lejano oriente. Los buenos ejemplares pueden costar hasta 6.000 euros.

Existen aficiones y oficios que exigen grandes sacrificios, pero en algunos casos a la paciencia y horas de dedicación necesarias para dominar algún tipo de arte se le añade la dureza de pasar años lejos del hogar. En esta situación se encuentra el joven cangués Manuel Germade Menduiña, que tiene la intención de viajar a Japón para convertirse en un experto en la técnica de cultivar bonsáis.
Se trata de una actividad originaria de China pero en la que los japoneses llegaron a la excelencia. Consiste en cultivar árboles y plantas reduciendo su tamaño de forma que se introduzcan en una maceta. Para ello se utilizan técnicas como el trasplante o la poda, y se modela su forma para recordar escenas de la naturaleza.
La falta de oportunidades en Galicia e incluso en toda España, al no ser una actividad muy común, hizo que Germade perfeccionase su técnica en una de las mejores escuelas internacionales del país nipón: Taisho-en, situada en la ciudad de Shizuoka. Allí estuvo tres meses entre septiembre y noviembre, el tiempo máximo que le permite la Ley sin necesidad de tener un visado. Ahora está buscando financiación para regresar como aprendiz por un largo periodo a partir de abril, que se podría prolongar hasta 5 años. "Es complicado conseguir una buena beca porque suelen estar relacionadas con algún máster o doctorado y tienes que estar matriculado en alguna universidad, y mi caso es distinto", explica. Sin embargo no renuncia a algún tipo de ayuda de la Administración.
El cangués es licenciado en biología y se especializó en la rama vegetal. En su currículo cuenta también con un máster en paisajismo y antes de viajar al lejano oriente ya había realizado un curso sobre bonsáis en Madrid, en uno de los pocos sitios en donde se puede aprender esta técnica en España. "Siempre me gustó la jardinería, y sobre todo los bonsáis, pero no sabía lo que tenía que hacer para irme a aprender a Japón hasta que conseguí contactar con esta escuela. Ahora los tres meses que estuve me saben a poco", relata.
Desde hace un par de años cuenta con un pequeño vivero en Beluso con unos 40 ejemplares. Aspira a ser una de las primeras personas en Galicia que logre vivir de un arte más conocido por ser la afición de algún personaje famoso como el expresidente del Gobierno Felipe González.
"En Japón casi todo el mundo tiene bonsáis decorativos en su jardín, es una técnica muy común pero las escuelas tienen miedo a que se pierda la tradición, pues ya no despierta mucho interés entre la gente joven, por eso están extendiendo la técnica y acogen a estudiantes de otros países", explica.
Precio
En el país nipón muchos bonsáis están considerados obras de arte, con un precio elevadísimo e incluso tienen nombre, como si de un cuadro famoso se tratase. Germade explica que el precio de estos ejemplares varía mucho, no tanto por la especie de árbol como por sus años, forma y la sensación de vejez, que se paga más. "Se pueden comprar buenos ejemplares por 50 euros, pero algunos llegan a valer hasta 6.000 euros", apunta. Aunque los bonsáis creados a partir de alguna especie de arbusto no duran muchos años, algunos de los más conocidos datan de antes de la Segunda Guerra Mundial. "Hay especies que pueden vivir miles de años", recuerda.
Es crítico con los bonsáis que se suelen vender al gran público "porque normalmente necesitan un clima tropical y aquí se adaptan mal y mueren rápido".
Aunque sabe que es difícil vivir de cultivar bonsáis en Galicia este joven, de 28 años, no tiene en mente quedarse a residir en Japón, sino que pretende regresar para hacer de su afición su profesión. En Vigo y en A Coruña existen sendos clubs de cultivadores aficionados.

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