31 de diciembre de 2009
31.12.2009

El último señor de Ons

El doctor Manuel Riobó era natural de Cela, fue concejal de la corporación y compró el archipiélago en 1919

31.12.2009 | 07:30
Una imagen de Don Manuel Riobó Guimeráns.

La historia de Ons y Onza está ligada de manera indiscutible a la de sus últimos propietarios, la familia Riobó y en especial a don Manuel. Ahora son sus descendientes quienes litigan con el Estado reclamando sus derechos, después de la expropiación efectuada tras la Guerra Civil. Una bisnieta de Manuel Riobó, Margaritá Riobó Serván, es la presidenta de la Institución Cultural Isleña y recientemente, durante unas jornadas sobre la historia de la isla, realizó una semblanza de especial interés sobre su bisabuelo y que sirve para arrojar luz sobre su figura y la de su familia.

Manuel Riobó Guimeráns nació en la parroquia de Cela en el año 1860 y la casa en la que vino al mundo todavía se conserva, justo frente a la iglesia románica de Santa María. Sus padres eran también naturales de Bueu y llevaban tiempo asentados en esta parroquia. Manuel Riobó se casaría más tarde con otra vecina de Cela, María Dolores Bustelo, aunque los padres de ella eran naturales de la zona de Santiago.
Mucho antes de hacerse con la propiedad de Ons, Riobó era conocido por ser uno de los médicos más importantes de su tiempo. Según explica su bisnieta Margarita Riobó Serván, estudió Medicina y Cirugía en la facultad de Santiago y obtuvo el título de licenciado en 1887. Se doctoró en 1894 después de defender en Madrid una tesis que se titulaba "Regulación del calor en la fiebre y sus relaciones con la temperatura hiper-pirética post mortem". Fue un "pionero" en este campo y son muchos los expertos que consideran que Manuel Riobó "fue el primer práctico de Medicina Legal en Vigo a lo largo del primer tercio del siglo XX".
Curiosamente, en esa época tuvo la oportunidad de aplicar sus conocimientos en la isla, muchos años antes de que fuese de su propiedad. En 1888 hubo en Ons una epidemia de fiebres tifoideas y prestó desinteresadamente sus servicios. Esta labor le sirvió para acercarse a la epidemiología, una rama muy importante de su trabajo en su siguiente destino: Filipinas. En aquel entonces el archipiélago era todavía una colonia española y el Gobierno, para atajar las epidemias de la viruela y del cólera, instituyó la figura de los médicos titulares, tal como recuerda Margarita Riobó Serván. Su bisabuelo ejerció esa labor en varios lugares. En 1890 estuvo en Romblon y allí hizo frente a un brote de viruela. Según los documentos de la época lo hizo de manera tan eficaz que "mereció por ello ser propuesto para la debida recompensa". De allí, pasó a Cayagán de Misamis, en la isla de Mindanao. Aquí lo más grave fue su propio estado de salud: paludismo crónico y gastroenteritis, unos problemas agravados por las temperaturas calientes y húmedas del archipiélago asiático.
Intentó la recuperación con unas semanas de reposo en Manila, pero su estado no mejoró y fue "de absoluta e imprescindible necesidad su inmedita marcha a la Península [Ibérica], peligrando su vida si así no lo hiciere", tal como se refleja en documentos de la época. Sin embargo, Manuel Riobó aún regresaría de nuevo a Filipinas en 1894 y estuvo en la isla de Panay. Allí puso en marcha algunos negocios y adquirió algunos terrenos que le permitieron conseguir una posición económica bastante holgada. En esa última etapa trabó conocimiento con un conocido escritor y héroe nacional filipino, José Rizal, y que le reflejó en sus escritos. Fue en agosto 1896 y pocos meses más tarde el filipino fue fusilado por rebelión.
Antes de acabar el siglo, Manuel Riobó volvió a Galicia y en Filipinas se quedó uno de sus hijos, Alfonso Riobó Bustelo. El doctor tuvo tres hijos más: Sofía (nacida en 1887) Didio Ismael (en 1888) e Iligio (1890).
En se regreso a Bueu, el doctor Riobó entró en política y se sabe que fue concejal en el ayuntamiento desde el 1 de enero de 1902 hasta como mínimo el mes de noviembre de 1905. Esto no impidió que continuase trabajando en la medicina y estableció su consulta de médico forense en Vigo, en un edificio de la calle García Olloqui.
Al mismo tiempo, Manuel Riobó empezó a invertir la fortuna adquirida en Filipinas en la compra de algunos bienes y el más singular fue sin duda el archipiélago de Ons y Onza. Lo compró en dos fases: en 1919 adquirió la mitad a los anteriores dueños, que eran la marquesa viuda de Mos y Valladares y el marqués de Alcedo. Margarita Riobó explica que el precio que se pagó fue de 250.000 pesetas de la época. Riobó entregó en el acto 100.000 y para el resto del importe se establecieron plazos y una hipoteca, que sería cancelada por el doctor en dos fases, entre 1920 y 1921.
La otra mitad la adquirió un vecino isleño, Marcial Bernadal y que la tenía arrendada desde 1911. En marzo de 1921 llegaron a un acuerdo para que Manuel Riobó comprase esa segunda mitad, que se valoró en 65.000 pesetas y a abonar en dos plazos de 50.000 y 15.000 pesetas.
No hay muchos detalles, pero parece que la relación entre ambos no acabó bien y se puede vislumbrar en las "estipulaciones tan terminantes" del contrato. Una de ellas establece que el segundo plazo se abonará "el día en el que el señor vendedor [Bernadal] traslade su domicilio afuera de la isla de Ons y entregue la llave de la casa almacén que actualmente ocupa". Parece que Riobó adelantó una parte del dinero que correspondía a su socio a la hora de comprar la isla, aunque luego renunció a exigir su reembolso.
En el contrato de compraventa, además de establecer el reparto de las propiedades, se incluían algunas claúsulas peculiares. Una de ellas establecía que el derecho a la cazar en Ons se reservaba de manera exclusiva y vitalicia a un abogado de Vigo, "sin que pueda haber permanente o transitoriamente en dichas islas perros de ninguna clase ni armas de fuego" mientras esta persona estuviese con vida.
También queda reflejado el carácter de Onza y Ons. La primera se dedicaba "a inculto" (estaba sin cultivar) y la segunda era "a labradío, hortalizas, tojar, pinar, árboles y otros cultivos, en la que existe además de la casa principal [la del marqués, situada cerca de Canexol], compuesta de varias dependencias y la capilla bajo la advocación de San Joaquín, una fábrica de salazón con almacén y otras casas más de menos extensión que utilizan los labradores que la cultivan".
Según su bisnieta, durante la década de los años 20 y 30, Manuel Riobó "intentó mejorar la formación humana y cristiana" de los habitantes de Ons y en 1925 comenzó a funcionar la escuela. Sin embargo, fueron años díficiles para el doctor. Por un lado, en el plano personal perdió a tres de sus cuatro hijos (Iligio, Sofía y Alfonso). Por el otro, la gestión económica de las islas no resultaba sencilla. En la administración le ayudaba su hijo Didio y tuvieron que acudir en varias ocasiones a préstamos e hipotecas. Especialmente pesada fue la carga hipotecaria formalizada en 1931 a favor del Banco Hipotecario de España en 1931, pero que pudo ser cancelada en 1941.
Precisamente para mejorar la gestión Manuel Riobó creó en 1930 la sociedad "Isla de Ons S.L", que todavía sigue existiendo hoy en día, y en la que estaba también su hijo Didio. La sede social se fijo en el número 32 de la Avenida Montero Ríos de Bueu, en un edificio propiedad del propio médico. Tanto la administración como el uso de la firma social quedaron en manos de Didio y Manuel Riobó aportó como capital social las islas. Poco pudo conocer de los avatares de la sociedad puesto que falleció el 30 de diciembre de 1933, a los 74 años. Era natural de Cela, vivía en Vigo y según el libro de defunciones era "accidentalmente vecino de Bueu".

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
En estas fiestas, sobran los motivos para beber elaboraciones de vino gallego. En 2018, Galicia firmó la segunda mejor cosecha de su historiay nuestras bodegas despiden el año con un buen balance en todos los sectores