09 de noviembre de 2005
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"EU APARECÍN, MAIS OU MENOS, COMO ZAPATERO NO GOBERNO, SEN CONTALO"
 

Un último pitillo como alcalde

09.11.2005 | 01:00
El alcalde de Agolada fumó ayer su último pitillo en el salón de plenos. / bernabé

En el adiós, el abrazo de Costa a su yerno dejó entrever la satisfacción de Varela por el ansiado relevo.

Mónica G. Alonso / LALÍN
Manuel Costa Casares encendió ayer su último pitillo como alcalde en el salón de plenos agolense. Con más de un cuarto de siglo ocupando el sillón de la Alcaldía, afrontó la despedida con las justas palabras, contenidas por una emoción que sorprendió al regidor local, quien pensaba que el trance sería "máis fácil". Quiso agradecer a su homólogo de Dozón, Adolfo Campos Panadeiros, el haberle "levado da man", siendo responsable comarcal para convertirlo en miembro del equipo de Unión de Centro Democrático. Algo que también hizo posible el diputado provincial de UCD y su amigo, Víctor Moro.
Fue un pleno fugaz, marcado por una concordia poco habitual en el consistorio agolense, y con numeroso público, entre el que se encontraban los alcaldes de Dozón y Rodeiro, Campos y Eliseo Diéguez García; el, a todas luces, futuro alcalde, Ramiro Varela Peón; y dos de los tres candidatos de la lista del PP local que renunciaron a formar parte de esta candidatura para abrir paso al relevo hereditario: José Gabriel Ribadulla (número 8) y Oliva Galego Varela (número 10). El número 9, Alberto Pereiro Blanco, no pudo acudir, puesto que trabaja en Vigo.
También asistieron como expectadores los representantes locales del PP, Francisco Balboa; del PSOE, José Ribas; y del BNG, José Ramón Porto. Todos ellos presenciaron la archianunciada marcha del regidor agolense que llegó con la democracia, y conocieron la renuncia como concejales suplentes de los números 8, 9 y 10 de la lista popular. Así queda franca la entrada al yerno de Costa, que pasa del 11 al 7. Seguramente en breve tomará posesión del cargo de edil. Circunstancia que el propio alcalde accidental, Juan Coego, ratificó ayer al decir que esperaba ocupar el sillón presidencial durante poco más de un mes.
Costa prendió un pitillo y saboreó el humo, como acostumbra a hacer en cada pleno. Y reconoció que dejar el cargo le estaba costando más de lo previsto: "Despois de 26 anos e medio parecía que ver chegado o fin desta candidatura ía ser fácil pero non o foi tanto. Tiña firme e seguro que me ía retirar pero, chegado o momento, un ponse coma un flan".
Hizo extensivos sus agradecimientos a sus compañeros en las distintas legislaturas y "en especial ós meus compañeiros de equipo de goberno nesta última". Y, como no, a sus vecinos que hicieron posible su reelección hasta el día de su retiro.
Echando la vista atrás se recordó como un joven empresario que regentaba una empresa de transportes de viajeros y mercancías, y no pisaba el concello ni para realizar las indispensables gestiones municipales de su empresa. "Cando empecei como alcalde non pisara máis de 3 ou 4 veces o concello, porque nin tiña tempo para os trámites", dijo.
No dejó sin salpicar su despedida con una pizca de esa gracia que siempre lo acercó mucho más al pueblo, a pesar de las controversias, que el resto de sus rivales políticos. "Eu aparecín, máis ou menos, como apareceu no goberno Zapatero, sen contalo", apuntilló Costa, quien ya ha iniciado su jubilación. La nota siniestra la puso la tormenta con un ligero apagón y tronada.

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