17 de marzo de 2020
17.03.2020

Tu casa, su mundo

Madres y padres tiran de ingenio para que sus hijos vivan felices estos días de encierro

17.03.2020 | 01:05
Un niño juega al aire libre en una casa en Souto. Hermanos haciendo postres caseros, en horas de estudio y pintando. Otro niño en un tobogán en la finca familiar.

-Mamá, ¿hasta cuándo tenemos que quedarnos en casa?

-Cariño, son unos días. El problema es que hay un virus ahí fuera, de ese del que todo el mundo habla y que viste en la tele. Es muy contagioso. No te va a pasar nada, pero tenemos que quedarnos aquí para que no se enferme mucha gente a la vez y los médicos puedan atender a los que están malitos.

-Qué suerte tiene el coronavirus ese, mamá. Mira, salió el sol y tiene todo el parque para él.

Situaciones como esta son ahora el pan de cada día. Niños recluidos en sus casas sin entender muy bien por qué, mientras sus padres intentan hacerles comprender que no están encerrados por capricho, sin poder prometerles que pronto volverán a correr al aire libre o a disfrutar con sus amigos de la sensación de vuelo que les regala el columpio.

El dibujo de un arco iris acompañado del esperanzador lema "todo saldrá bien" circula entre los trabajos que algunos padres recomiendan a sus hijos en estos días de encierro. Al final, no queda otra que echarle ingenio y buscar tareas para entretenerlos durante unos días que ahora parecen tener más horas. Las redes sociales reparten de forma altruista propuestas de juegos, experimentos y manualidades para intentar que los más pequeños lleven de la mejor manera posible el confinamiento. Además, algunos colegios utilizan las ventajas de las nuevas tecnologías para proponer tareas a los alumnos, intentando que los efectos del coronavirus sobre el curso académico sean más benignos.

Cuando la vida discurre entre cuatro paredes, parten con ventaja quienes cumplen con la máxima "quédate en casa" desde el ámbito rural. "Mi hijo apenas nota lo que está pasando", explica la madre de Pablo, que aún no ha cumplido los tres años. En su caso, el único cambio es que no acude a la escuela infantil, ya que el privilegio de seguir respirando aire puro en la parroquia estradense de Souto no se ha interrumpido para él. El pequeño puede salir de casa cuando el tiempo lo permite o correr con sus botas de lluvia por la finca si la hierba está mojada.

Algunas familias de A Estrada han decidido mudarse a viviendas del rural para que la situación no les obligue a mantener a los niños encerrados, estos 15 días o los que puedan venir a mayores. "Si no llueve pueden jugar fuera y, si llueve, tienen el garaje o bien pintamos y jugamos a algún juego", explica una de las madres que optaron por esta solución.

Martiño también disfruta de las ventajas de vivir en una casa con finca. Puede pasear con los perros, montar en bicicleta, probar su destreza con el balón o tirarse por el tobogán. "Le encanta ayudar con las tareas de casa, sobre todo con la lavadora, la aspiradora y el momento de hacer la comida, así que aprovecho para dejarle, porque así, en lugar de llevarme una horita, pues ya estamos entretenidos un par de horas o tras", bromea su madre. "Me parece un buen momento para dejarles responsabilidades y cosas que nunca o pocas veces les dejamos porque siempre andamos con prisa. Pero, ahora que no podemos salir a ningún lado, no llegamos tarde a ningún sitio", añade.

Kevin también se entretiene con las fichas del colegio y los dibujos, mientras que Daniella se ha puesto manos a la obra para sacar partido artístico a los rollos de papel que está ahora tan de moda. En casa de Aroa y Xenxo se montaron ayer una versión doméstica del colegio, para que los niños conserven alguna de sus rutinas en estos días tan diferentes. En el hogar de Sofía y Alejandro se reserva espacio para hacer magdalenas, buscando robarle horas a la jornada y asegurando un desayuno delicioso.

Muchos padres de A Estrada han sumado a sus hijos al aplauso que desde ventanas y balcones se ha brindado estos días al personal sanitario. En casa de Clara no quisieron perdérselo. "Cuando salimos a aplaudir al balcón a su hermana, de 20 meses, le puse la chaqueta y se cogió un superberrinche después porque pensó que era para salir a la calle", relata su madre.

Estos días de encierro forzoso el tiempo pasa lento. Hay que echarle ingenio y reprimir la desesperación para que los niños lo lleven lo mejor posible. "Deja la ventana abierta, mamá, que entre el aire", dice una pequeña. En un piso la situación es más complicada que en una casa en la aldea. Su mundo tiene que caber estos días entre cuatro paredes, mientras añoran el aire en la cara y la energía de los rayos de sol. Tiene que ser así, por ellos, por todos. Hasta que el coronavirus se canse de apropiarse del tobogán y de la libertad.

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