14 de abril de 2019
14.04.2019
Chequeo a las infraestructuras ferroviarias dezanas

Estaciones que han perdido su último tren

Ninguna de las cinco paradas opta a proyectos para reconvertir sus inmuebles -Su lejanía de aldeas y villas forzó la continua pérdida de pasajeros -La de Botos pasó de 3.900 pasajeros en 2011 a solo 300 en 2016

14.04.2019 | 03:30

El 8 de septiembre de 1958, Francisco Franco inauguraba las estaciones de Ponte Taboada, O Castro y A Bandeira. El Caudillo cogió el tren en O Carballiño y cuando el convoy se acercaba a cada parada, aminoraba la marcha para que los vecinos pudiesen responder al saludo del Jefe del Estado desde el vagón. Hoy, 51 años después, estas tres paradas están sin vida, mientras que las personas que las construyeron sobrevivieron a ellas, como indica Ana Cabaleiros, la autora del libro As Ramonas y en el que estas tres paradas son un personaje más de la trama con la que ganó el año pasado el premio García Barros.

Ninguna de estas tres estaciones, al igual que las de Botos y Vilanova, en Lalín, forman parte de proyectos ni promovidos por los gobiernos locales ni por entidades públicas para reconvertirlas en espacios lúdicos o museísticos, como indican desde Adif. Y podría hacerse. Basta con ir a la de Os Peares, en Ourense. Esta "estación emprendedora", como aparece en la web de Adif, es una línea obsoleta, con muy poco tráfico y que el Inorde (Instituto Ourensán de Desenvolvemento Económico) reconvirtió en un área con espacio para el Museo do Pallaso, una zona como sala taller y un punto de información turística, conservando la histórica cantina. El proyecto incluso contemplaba un merendero en el área de acceso. El Inorde acometió reconversiones idénticas en las estaciones de Vilar de Barrio, Santa Cruz de Arrabaldo, Vilavella-A Mezquita y Castrelo do Val-Campobecerros.

A decir verdad, el único reciclaje llevado a cabo fue en Ponte Taboada: en 2016 abrió el restaurante Camiño de Ferro en la antigua sala de espera de los viajeros, y el Concello de Silleda habilitó el edificio central para destinarlo a vivienda de acogida temporal para familias en riesgo de exclusión. Dispone de cinco habitaciones y aún no llegó a estrenarse. La idea original era llegar a un acuerdo para materializar algo similar con las de Silleda y A Bandeira (ubicadas en las parroquias de O Castro y Abades). Entre estas tres estaciones, Renfe llegó a tener 32 viviendas. Hoy quedan cinco, en Ponte Taboada, y algunas de ellas sí tienen inquilino.

Es cierto que la entrada en funcionamiento de las líneas de alta velocidad dieron el jaque mate a estas cinco estaciones con servicios "regionales". Pero el problema viene ya de raíz: en los años 50 se buscó un trayecto lo más recto posible y que pudiese acometerse cuanto antes. Esto motivó que las estaciones no pasasen por núcleos de población, "de hecho, la que está más cerca de villas o aldeas es la de O Carballiño", apunta Cabaleiro, que recuerda cómo en años de prosperidad el bus escolar de Silleda recogía a los viajeros que se apeaban en la parada de O Castro. Caso más extremo es la de A Bandeira: su distancia de la villa es de apenas dos kilómetros, pero la carretera que une el caso y la parada, la PO-210, muere justamente al llegar a la estación, lo que ya da una idea de hasta qué punto no se tuvo en cuenta a la población. A un lado del edificio central, una de las viviendas que antaño perteneció a personal de la estación perdió la batalla contra la maleza, mientras la finca acumula poco a poco neumáticos y hasta una bañera oxidada. La misma suerte corre el almacén, en la otra esquina y ya sin puertas ni ventana pero con las paredes decoradas por graffitis. El abandono de A Bandeira (que aún es más crudo en O Castro ) tiene otra metáfora: las dos papeleras cercanas al banco de espera están llenas y una fina capa de polvo cubre las latas de refresco y los envoltorios de paquetes de tabaco. Por no quedar, no quedan en el panel ni los últimos horarios con los trenes que antaño pasaron por aquí.

Cierto es que las estaciones de tren dezanas no pueden proponerse una idea como la del Parque Ferroviario dos Carrileiros, en las proximidades de la estación ourensana de San Francisco. Este parque tiene 4.000 metros cuadrados y recorridos familiares con mini trenes todos los domingos (en esta Semana Santa funcionará los días 19, 19 y 21 de 11.30 a 13.30 horas). Pero sí es que ni siquiera optan a otras propuestas como los Trenes Turísticos de Galicia, que este año incorporan a sus trayectos por las D.O. vitícolas, por el Ourense Termal o la Ruta de la Lamprea recorridos por cuatro rutas jacobeas en las que no está la Vía da Prata, ni en los Trenes Turísticos de Renfe, centrados en recorridos por Aranjuez, Alcalá de Henares o Castilla.

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