17 de marzo de 2019
17.03.2019

Carmen González Costoyas: "Si a alguien le quedaba mal un traje, yo siempre era la primera en decírselo"

"De lo que se trata es de que la gente confíe en ti, que se pruebe con tranquilidad, y que tú puedas confiar también en tu clientela"

17.03.2019 | 03:45
Camen González posa junto a su marido, Manuel Mato, en su tienda de Silleda. // Bernabé/Javier Lalín

El 15 de marzo de 1989 abría sus puertas Carmiña Moda en la rúa Morón (entonces Butano) de Silleda y también un 15 de marzo, de hace dos años, desembarcaba en plena calle Joaquín Loriga de Lalín. El establecimiento celebra sus tres décadas de existencia sorteando este fin de semana, y también la próxima semana, vales de compra y de descuento entre su extensa clientela. La dicharachera Carmen González Costoyas fue la encargada de poner en marcha un negocio que ahora regentan sus dos hijas, Yolanda y Patricia.

-¿De quién fue la idea de poner la tienda de ropa en Silleda?

-Nosotros teníamos una sastrería, que abrimos en 1978. Mi marido era sastre y trabajábamos los dos en la sastrería. Él hacía las chaquetas y los chalecos porque en aquellos tiempos se hacían muchos trajes y muchos pantalones. No era como pasa ahora. Yo hacía los pantalones, los chaquetas y los chalecos. Con esto te quiero decir que los dos trabajábamos de manera conjunta. En el 89 fue cuando decidimos poner una tienda de ropa de mujer. Yo dejé de hacer pantalones, él siguió con la sastrería y yo me encargué de sacar adelante la tienda de mujer en el mismo local. Arreglamos la tienda como mejor pudimos. Tengo que decir que la tienda de mujer de aquellos años no tiene nada que ver con la de hoy. Los tiempos eran distintos, pero tengo que reconocer que nos funcionó bastante bien, y estábamos muy contentas con ella. En el año 93 fue cuando los dos decidimos ampliar el negocio con la sección de hombre.

-¿Qué funcionaba mejor, la ropa de señora o la de caballero?

-En conjunto funcionaban bien, pero en aquellos primeros años funcionaba mejor la de mujer que la de hombre. Date cuenta de que entonces todavía se trabajaba mucho la sastrería porque la gente te venía mucho a encargar pantalones y se hacían los trajes para las bodas. Eran tiempos en los que la confección de hombre era, sobre todo, de trajes artesanales y no de confección industrial. Ahora, tanto mi marido como yo estamos jubilados y son las niñas las que siguen con el negocio. Yo enfermé en 2005, que ni yo ni mi la familia pensábamos en llegar aquí, y tuvimos dos años algo problemáticos. Yolanda trabajaba en Florentino y Patricia, en el hospital, en Santiago, y fue cuando las dos decidieron ponerse al frente de la tienda.

-Usted tiene fama de mujer afable y de saber tratar a la clientela. ¿Para eso se nace o es algo que se aprende con años de oficio?

-Yo pienso que se nace porque en mi casa toda la vida hubo negocio. Yo me crié en una panadería y en un ultramarinos y traté desde muy pequeña con la gente. Siempre digo que nací en medio del público y un mostrador. Eso va con la persona y, al mismo tiempo, yo mamé lo que es tener clientela en casa desde el principio. Conocí a muchísima gente porque cuando era joven repartía el pan yendo por las aldeas y no tenía nada que ver con lo que es el trabajo hoy en día. Yo estuve siempre delante de la gente y eso te vale mucho a la hora de ponerte, después, al frente de un negocio. Tuve una clientela muy buena y jamás intenté engañar a nadie en todos esos años.

-¿Ni siquiera una mentira piadosa para cerrar una venta?

-Es más, le decía a mis hijas que cuando vieran un defecto en la ropa se lo comentaran al cliente porque no se trata de vender sólo en un día. Les recordaba que la gente siempre confió en mí y, por eso, me gustaría que también lo hicieran en ellas. Yo tengo defectos como tiene todo el mundo, pero si a alguien le quedaba mal un traje era la primera en decírselo. Prefería dejar de vender en esos casos porque siempre quise que la gente viniera libremente a mirar lo que tenía en la tienda, y si le gustaba bien y si no que volviera en otro momento. Eso siempre fue mi lema y también lo que inculqué a mis hijas. No se trata de vender como sea, se trata de que la clientela nos visite con confianza. Se trata de que la gente confíe en ti y que tú puedas hacerlo también en tu clientela.

-¿El cliente siempre tiene la razón o eso es sólo una frase hecha?

-Yo sí soy de las que dicen que el cliente siempre tiene la razón, incluso cuando no la tiene. Hay muchas veces que a lo mejor tú no lo ves de esa forma, pero yo traté de que el cliente fuera el que tuviera la razón cuando entraba en la tienda. Lo que tienes que tener es mucha paciencia, dejar que la gente se pruebe la ropa tranquilamente y que se mire en el espejo. Ahora se compra con más frecuencia que antes. Cuando nosotros empezamos se compraba más para las bodas, los bautizos o una cena. Era diferente. Y, si tengo que ser sincera, nunca traté de meterle a la gente lo que no quería comprar.

-¿Quienes son más meticulosos a la hora de vestirse y de comprar, los hombres o las mujeres?

-Las mujeres siempre somos más exquisitas que los hombres. De toda la vida. El hombre cuando compra viene directo a lo que quiere y te lo pide. El hombre te dice que quiere un pantalón, una camisa, un traje o un jersey y, como te comento, ya va directamente a por eso que quiere. Tú ya sabes que las mujeres somos más quisquillosas. Probamos un vestido, nos queda bien, pero nos probamos otro por si sienta mejor. Es verdad. Las mujeres somos más coquetas que los hombres, y eso se tiene que notar también a la hora de comprar.

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