14 de febrero de 2019
14.02.2019

A falta de conserje, un robot

El CEIP de Vilatuxe idea un mecanismo que se encarga de transmitir las ausencias para el comedor escolar mientras el Concello tramita la contratación de un nuevo bedel

14.02.2019 | 03:18
El robot, parado mientras una niña cubre el registro de ausencias.

Desde hace un par de años, profesores y alumnos del CEIP Vicente Arias de la Maza, en Vilatuxe, están inmersos en el uso de robots en materias como Plástica, Matemáticas o en trabajos con alumnos que tienen necesidades educativas especiales. El curso pasado contaba con media docena de equipos, y ayer incorporó una nueva habilidad: un robot, aún sin nombre, se encarga de recoger la lista de alumnos ausentes y llevarla al comedor, para cocinar la cantidad justa.

El viernes pasado terminó el contrato del conserje del CEIP Vicente Arias de la Maza, en la parroquia de Vilatuxe. Esta plaza es competencia del Concello de Lalín, que calcula que en marzo estará cubierta, como indican desde el propio centro. Faltan sólo un par de semanas, pero la plantilla de docentes (son 15 profesores) no puede encargarse de todas las tareas que desempeña en el día a día un bedel. Así que entre los profesores y los alumnos de quinto y sexto de Primaria han programado un mecanismo que no se encarga de recoger llamadas, regar las plantas del jardín u otras tareas, pero sí de una que es la más urgente: contabilizar los escolares que comen a diario en el comedor, para evitar así que se haga comida de más y saber, de paso, cuántos alumnos con intolerancia alimentaria usarán cada día ese servicio.

La directora del centro, Teresa Aller, explica que el robot, aún sin nombre, recorre dos líneas paralelas: una de ida con pasos de cebra y otra de vuelta, totalmente negra y que llega a la cocina. En la de ida, cuando el robot llega al paso de cebra y topa con una línea blanca, se para. Mientras camina, va en silencio y con una luz verde. Pero, al pararse, se enciende la luz roja y suena el Himno de la Alegría. Al oír esa melodía, el encargado de cada clase tiene que salir y anotar quién falta en la ficha de registro, una ficha que transporta el robot. El alumno le ayuda manualmente a cruzar el paso de cebra y, cuando el robot vuelve a encontrarse con la línea negra, continua con su camino, hasta llegar a la puerta de la siguiente clase. En la última aula el encargado de turno marca qué compañeros faltan y coloca al robot en la línea paralela que es toda negra y que conduce a la cocina. Allí, las cocineras recogen la lista, calculan cuántos estudiantes se quedan a comer y cuántos precisan de comida sin alérgenos.

La comida justa

Este sistema permite que, mientras no cuente con el nuevo bedel, no sea necesario desperdiciar comida. Aller apunta que el martes faltaron 11 alumnos con intolerancias y, como aún no se disponía del robot, hubo comida de más.

Desde la ANPA se reclama que se cubra cuanto antes este puesto. La comunidad educativa quiere dejar claro que tiene claro que el gobierno local sí va a cubrir ese puesto, pero insiste en que no dispone de profesorado suficiente (muchos son interinos) como para disponer de tiempo para realizar este tipo de tareas.

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