03 de noviembre de 2019
03.11.2019

La "esmola" más dulce de A Illa

Los niños del municipio arousano se lanzaron ayer a las calles a recoger caramelos en todas las puertas

03.11.2019 | 03:45

"Unha esmoliña polos defuntiños que van alá". Esta es la frase que recitan, cada 2 de noviembre, los niños de A Illa a la puerta de cada casa para conseguir todo tipo de golosinas durante toda una mañana. Ayer no fue una excepción, ya que la lluvia no consiguió arredrarlos de su objetivo en ningún momento.

El 2 de noviembre es una fecha señalada en el calendario de los niños de A Illa de Arousa. Esa jornada, todos ellos, se lanzan a las calles a pedir una dulce limosna puerta a puerta que degustarán con calma horas después. La tradición, que bebe en las fuentes del ancestral Samaín, volvió a repetirse ayer en A Illa, sin que la lluvia llegase a intimidar a las decenas de niños que recorrieron las calles del municipio. Con una mochila a sus espaldas, todos ellos llamaban a la primera puerta que encontraban. Allí se encontraban con el propietario de la casa al que le pedían "unha esmoliña polos defuntiños que van alá".

En algunas ocasiones la recibían sin más, pero en otras, el propietario de la vivienda les ponía una prueba en forma de recitar un padrenuestro para conseguir el preciado tesoro. Una vez alcanzado el objetivo, el camino les llevaba a la siguiente puerta, y así hasta recorrer todo el casco urbano del municipio.

No siempre la recompensa obtenida es un dulce. De hecho, las panaderías han sustituido las golosinas por un pan que se elabora expresamente para esta fecha y que los niños devoran con ansia. Pulseras, canicas, latas de mejillones o chocolatinas contribuyeron a engordar las mochilas con las que todos salieron a las nueve de la mañana, recogiéndose antes de comer.

Antiguamente los pequeños se iban con los sacos llenos de mazorcas de maíz, patatas o castañas asadas. Luego fueron las mandarinas y pequeñas cantidades de dinero que precedieron a las golosinas que ahora consiguen los pequeños, en gran parte de las ocasiones, tras recitar un Padrenuestro a la persona que les abre las puertas.

Foráneos

Aunque tradición en A Illa, lo cierto es que, en los últimos años, no son solo los niños del municipio los que se pasean por sus calles, ya que cada año se suman más de otros conncellos limítrofes en los que esa costumbre o nunca existió o ha desaparecido. Todos ellos consiguen el premio que los dueños de las viviendas ya guardan tras la puerta desde el día anterior en previsión de la llegada de los pequeños.

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