14 de marzo de 2019
14.03.2019

Los peces del Umia seguirán muriendo

Los vertidos, la desaparición del bosque de ribera, los azudes y dragados, o las especies exóticas son solo algunas de las agresiones que sufre el principal río de O Salnés

14.03.2019 | 04:48
Trabajos de limpieza en el curso medio del río Umia. // Iñaki Abella

Hoy se celebra el Día Internacional de los Ríos. Una ocasión para reflexionar sobre el estado de salud de estos complejos ecosistemas vitales para la población que los circunda. Según el Plan Hidrolóxico Galicia-Costa, el Umia es uno de los ríos más alterados de O Salnés, tanto por la presencia de sustancias químicas tóxicas en sus aguas, como por la falta de organismos vivos que solo aparecen en cauces sanos. Pero no todo es por culpa de la contaminación. Biólogos, pescadores y deportistas describen al Umia como un enfermo que necesita muchos cuidados, pero que aún puede sanar.

"Es un enfermo grave con múltiples patologías que debería estar sometido a cuidados intensivos". Así describió el biólogo y profesor universitario Fernando Cobo al río Umia en una reciente entrevista en FARO DE VIGO. Tanto él, como aficionados a la pesca o usuarios habituales del río, como son los piragüistas del Náutico O Muíño, coinciden en que el Umia es un curso severamente maltratado.

Vertidos de aguas residuales de viviendas y de industrias, la desaparición del bosque de ribera, el embalse, los azudes y dragados, o la proliferación de especies exóticas, que acaban desplazando a las autóctonas, son solo algunas de las agresiones que sufre el Umia. El principal río de O Salnés aporta el agua que utilizan en sus casas y empresas más de 100.000 personas, riega los bancos marisqueros de Cambados y O Grove y es un ecosistema tan importante como frágil.

El investigador de la Universidade de Santiago, y director de la Estación de Hidrobioloxía Encoro do Con, Fernando Cobo, es probablemente la persona que más sabe sobre el Umia, y afirma que "si comparamos su situación actual con la de hace 20 años, vemos que cambió totalmente". Para peor.

De unos años a esta parte, las mortandades masivas de peces se repiten todos los veranos, y la lamprea apenas ha vuelto a sus aguas tras la extinción masiva causada por el incendio de la química Brenntag en 2006.

José Manuel Vázquez, del club Náutico O Muíño, cuyos palistas salen a entrenar a diario por el Umia desde la sede de la entidad, en Cabanelas, hace también un diagnóstico pesimista. "El río está totalmente abandonado. La gente no se da cuenta de que todo O Salnés bebe de él y de que su agua va a dar a los bancos marisqueros de Cambados y O Grove".

Para O Ruso, como es conocido en Ribadumia y en el mundo del piragüismo, la culpa es colectiva. Responsabiliza a Augas de Galicia de no retirar del cauce ni una rama; a los concellos de escudarse en sus limitaciones localistas a la hora de afrontar mejoras; a la concesionaria del saneamiento, Espina y Delfín, de no achicar el agua en épocas de lluvia antes de que desborde la estación de bombeo de Cabanelas; y a los ecologistas, de ir por el Umia, "solo una o dos veces al año, para quitarse la foto quitando basura en Ponte Arnelas".

También es duro el punto de vista de Manuel Cándido López González, presidente de la sociedad de pesca Pontemoamar, que tiene la concesión del coto de 9,3 kilómetros situado entre los puentes y de Baión y Cabanelas. "La pesca mermó mucho en estos últimos años. La situación es muy delicada". Y una de las razones de ese descenso son, en su opinión, los vertidos.

El azud y las alimañas

Fernando Cobo plantea que "es un río muy alterado desde el punto de vista ecológico". El embalse de Caldas, la extracción de agua para la riega y las piscina, las especies invasoras -el cangrejo americano y la egeria densa son auténticas plagas-, los dragados, la desaparición del bosque de ribera... La enumeración de agresiones que sufre el Umia parece interminable. Aunque eso no significa que el biólogo lo vea todo negro.

Por ejemplo, cuenta que la depuradora de aguas residuales de Barrantes le hizo mucho bien al Umia, y que si se sigue trabajando en la línea correcta, se verán los resultados. "Los ríos son muy agradecidos. Cualquier cosa que hagamos por mejorar su situación tendrá una respuesta favorable y rápida".

José Manuel Vázquez, por su parte, se queja de los constantes vertidos y del azud construido en Cabanelas por la inmobiliaria de la isla de A Toxa, para evitar que el agua salada entre en sus tuberías durante la pleamar. "Los desniveles naturales del río se alteran. Se allana el lecho. Y todo eso se está haciendo con el permiso de Augas de Galicia, cuando bastaría con que esa empresa se conectase a la red de abastecimiento general, o que construyesen su captación un kilómetro aguas arriba".

Manuel López, por su parte, explica también la merma de peces en que, "hay una invasión de alimañas que son auténticas depredadoras", y cita los cormoranes, las garzas y las nutrias. Y también cree que hay que mejorar la convivencia entre todos los que desean disfrutar del río. En esto, critica precisamente a O Náutico. "Hay días en que tenemos que recoger la caña y marcharnos para no tener problemas, y ellos ya tienen 500 metros de Cabanelas hacia abajo".

Mortandad de peces

En 2015, se detectó una gran mortandad de peces entre Baión y Meis. Las sospechas apuntaron inicialmente a la existencia de un vertido. Pero éste nunca apareció. En los años siguientes volvieron a producirse estos episodios, y según Fernando Cobo la población debe asumir que seguirán produciéndose. Porque no se deben a un vertido, que podría ser atajado y corregido; son un síntoma más de la enfermedad del río.

"Las mortandades de peces se deben a que el río está en el filo de la navaja, y a poco que varían sus condiciones, la consecuencia es la pérdida de biodiversidad".

En el agua hay amonio, que es inocuo para los peces, pero cuando la temperatura del agua sube mucho, el amonio se transforma en amoníaco, que sí es un veneno. El proceso es natural, pero en el caso del Umia se ve acentuado por la multitud de alteraciones que ha sufrido, y que provoca que su agua se caliente más.

Fernando Cobo recuerda que durante décadas, el Umia se empleó como arenera, por lo que se extrajeron de su lecho toneladas y toneladas de sedimentos. Eso provocó que la parte baja del río sea uniforme, y que haya desaparecido buena parte de su pendiente. A consecuencia de ello, el agua baja más lenta, y se calienta más.

Pero la temperatura del Umia aumenta también por la desaparición casi total en muchos tramos del bosque de ribera, que en condiciones normales no solo es un refugio para cientos de especies animales y vegetales, sino que también proporciona sombra y frescor. Sin esos árboles, el sol del verano convierte el agua en caldo.

Y, finalmente, el biólogo alerta sobre la rapidísima propagación de la egeria densa, una planta invasora que gracias a ese festín de luz solar que recibe crece más, formando películas tan densas sobre el cauce que se pierde oxígeno y se altera el pH del agua, pasando ésta a ser casi ácida.

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