08 de enero de 2019
08.01.2019

Los guardapescas de las cofradías reclaman más apoyo para luchar contra el furtivismo

Tienen que vigilar millones de metros cuadrados y enfrentarse a personas que los insultan, amenazan e incluso agreden - En ocasiones se sienten amedrentados y ninguneados -El sector pide más apoyo a la Administración

08.01.2019 | 05:17

Los vigilantes de las cofradías de pescadores constituyen una herramienta fundamental para mantener vivo el sistema extractivo en las rías gallegas. Aunque a veces se sienten amedrentados por los furtivos y en ocasiones se ven obligados a actuar en solitario y absolutamente desbordados, ellos se encargan de plantar cara a los ilegales.

Objeto de todo tipo de amenazas, insultos y agresiones, los guardapescas o guardas rurales reivindican mayor apoyo a las cofradías de las que forman parte, y éstas, por extensión, reclaman más implicación a las Administraciones públicas, ya que el trabajo de los hombres y mujeres que vigilan los bancos marisqueros y pesquerías resulta esencial no solo para preservar el sistema actual de explotación, sino también para mantener la paz en las rías.

Es cierto que tienen el respaldo de Gardacostas de Galicia, Policía Autonómica, Guardia Civil y, en algunos municipios, de la Policía Local, siendo estos los cuerpos que suelen llevarse todo el mérito en la lucha contra el furtivismo.

Pero aunque puedan pasar desapercibidos en demasiadas ocasiones, los guardapescas están ahí, al pie del cañón, de día y de noche.

Y no solo vigilando las autorizaciones marisqueras de cada pósito para tratar de erradicar la lacra del furtivismo, sino también controlando las zonas de libre marisqueo, tratando de garantizar que los mariscadores se ajustan a los topes establecidos y, en definitiva, contribuyendo de manera decisiva a que el engranaje de la pesca y el marisqueo en Galicia siga funcionando.

Todo ello a pesar de que son muy pocos, como lo demuestra el hecho de que a una cofradía con 400 o 500 socios y cuatro o cinco millones de metros cuadrados de superficie productiva a su cargo pueda tener entre seis y ocho vigilantes.

Se antoja una cifra muy limitada, máxime cuando no todos trabajan a la vez, ya que hay que respetar sus horarios de trabajo y demás condiciones laborales.

En Vilanova, por ejemplo, disponen de siete efectivos para vigilar zonas como Aduana, Rego do Alcalde, Esteiro de Vilamaior, A Corbala, Punta Basella y As Sinas.

Como los guardapescas de Carril deben controlar A Fangueira y los de Vilaxoán deben hacer lo propio en bancos como Punta Ferrazo, Borreiros, Corón, Rial, Saíñas, O Preguntoiro, Canelas y Castelete.

Aún así, trabajando bajo mínimos, unos y otros deben custodiar los bancos marisqueros de cada cofradía enfrentándose a veces a amigos e incluso familiares que ejercen como furtivos.

"Podemos encontrarnos gente ilegal a la que tenemos que llamar la atención, identificar y/o denunciar aunque unas horas antes o al día siguiente coincidamos con ellos en los mismos bares o en el parque infantil, junto a nuestros hijos", explica uno de los vigilantes.

"Es un trabajo duro, a veces muy desagradable, y más aún cuando te encuentras a furtivos organizados que no tienen miedo a nada y no dudan en amenazarte e incluso agredirte", apostilla su compañero de turno.

Otro indicen en que la de guardapescas "es una profesión de alto riesgo", y la mayoría espetan que la Consellería do Mar "tiene que invertir más en vigilancia, apoyando a las cofradías para que puedan contratar a más gente".

Es un argumento expuesto también hace unos días por la Asociación Profesional de Autónomos del Mar (Aproamar), que pronostica "un futuro nada halagüeño para el mantenimiento y supervivencia de la sostenibilidad de las cofradías" si éstas no reciben el respaldo de la Consellería do Mar en labores de vigilancia y asistencia técnica.

Saben en dicho colectivo que "la lacra del feroz furtivismo pone en jaque continuo y permanente, casi impunemente, no solo las economías de miles de mariscadores en Galicia, sino incluso la salud alimentaria de los ciudadanos que acceden a productos sin las garantías sanitarias pertinentes".

De ahí que consideren a los guardas rurales fundamentales para la protección de zonas marítimas y marítimo-terrestres sensibles.

Esto lleva a Aproamar a incidir en que la Consellería do Mar, "que de un modo u otro les ordena, manda y dirige", debe asumir los costes de esos vigilantes e incluso hacer todo lo necesario para incrementar su número mediante la concesión de las subvenciones necesarias.

"La ruina"

En caso contrario, y en ello abundan también diversos patrones mayores de la ría de Arousa, resultará "del todo inviable" que las cofradías puedan sostener económicamente a los vigilantes, lo cual abocará al sector "a la ruina".

Si no se amplía el número de vigilantes, si se mantiene como está, y, sobre todo, si se reduce o es preciso modificar a la baja sus condiciones salariales, se generará de forma inmediata "un aumento del furtivismo" que redundará "en perjuicio de la sostenibilidad de los recursos pesqueros y marisqueros de Galicia", reflexionan tanto los patrones mayores como Aproamar.

Lo que está claro es que los vigilantes de los pósitos, lógicamente en colaboración con Gardacostas, Policía Autonómica, Guardia Civil y Policía Local, contribuyen a "mantener el equilibrio en la explotación racional de los recursos y la obtención de rentas dignas de trabajo para miles de personas". La pregunta que se hace el sector es: "¿Qué pasará sin ellos?".

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