16 de abril de 2017
16.04.2017

La segunda oportunidad que la esclerosis le concedió a Glasz

Un pintor alemán afincado en Vilagarcía expone en Portugal 41 obras tras resultar finalista en la Bienal del Eixo Atlántico

16.04.2017 | 03:46

La esclerosis múltiple es un monstruo que permanece agazapado en algún rincón del cerebro, tan bien escondido que aún hoy es un enigma para la ciencia. A veces se despierta, y asesta un zarpazo terrible. Luego vuelve a adormecerse. A Ralf Glasz, la esclerosis múltiple le cambió la vida. Le apeó de los escenarios en los que había cosechado docenas de ovaciones como cantante de ópera, y le dejó muchas secuelas. Pero, paradójicamente, tras la irrupción de la dolencia, Glasz tuvo la oportunidad de reencontrarse con una pasión de juventud a la que en su día había tenido que renunciar.

Ralf Glasz expone a partir del próximo día 29 en el Museo Municipal de Barcelos, en el norte de Portugal. Una nueva muestra en la carrera de un pintor autodidacta, pero con amplia experiencia y varios reconocimientos a sus espaldas como creador plástico.

Glasz empezó a pintar a tiempo completo desde que en 2005 le diagnosticaron esclerosis múltiple, una grave enfermedad del sistema nervioso central para la que no existe cura, y de la que ni siquiera se sabe qué la provoca. Al coger de nuevo el pincel estaba reencontrándose con una pasión a la que muchos años antes había tenido que renunciar.

"Siempre pinté -apunta el artista, natural de Alemania y afincado en Vilagarcía desde 2012-, pero en su día tuve que tomar una decisión y escoger entre la pintura y la música". En la familia de Glasz había sangre artística por todos lados, con lo que a él no le costó vislumbrar el camino que deseaba recorrer. Pero llegó un momento en que ese camino se bifurcó. "La gente me decía que con la pintura no sería capaz de ganarme la vida, de modo que me decanté por la música. Fue una decisión difícil, y la tomé con mucha pena".

Glasz inició entonces una exitosa carrera como pianista, tenor dramático de ópera o actor (tuvo un papel en "Calle nueva", la popular telenovela española de finales de la década de los 90), hasta que la esclerosis múltiple irrumpió en su vida sin llamar a la puerta. Él tenía entonces poco más de 40 años. "Empezaron a sucederme cosas raras, como mareos o que me olvidaba de los textos que había leído poco antes. Pero nadie sabía qué era lo que pasaba, hasta que acudí a una clínica privada". El diagnóstico fue estremecedor. "Fue un impacto muy grande, no parecía real", recuerda el artista.

La vida puso de nuevo a Glasz ante la disyuntiva de elegir: podía hundirse en un pozo de tristeza y autocompasión; o podía levantarse y seguir caminando. Tampoco en esta ocasión la decisión fue sencilla, ni inmediata. Al final, cogió el camino más largo.

Vuelve a pintar

A partir de 2005, Ralf Glasz volvió a tomar los pinceles. En realidad, nunca los había abandonado del todo. En la soledad de las habitaciones de hotel que tanto conoció durante sus giras como tenor pintaba o escribía (es autor de ocho novelas), pero el hecho de que la enfermedad le inhabilitase para volver a subirse a los escenarios fue la excusa perfecta para que Glasz se arrojase, ahora sin freno, a los brazos de le experiencia de la creación plástica.

También en esta nueva aventura artística, las cosas le van bien. Fue seleccionado por la Xunta de Galicia para participar en un proyecto de promoción de las islas del Parque Nacional Illas Atlánticas -él se ocupó de la de Cortegada-, y en 2015 fue finalista en la Bienal de Pintura del Eixo Atlántico, en la que participaron artistas de Galicia y Portugal. Desde el día 29 de abril y hasta junio expondrá en el Museo Municipal de Barcelos, una de las salas de arte más importantes del norte luso.

Ralf Glasz pinta al óleo sobre lienzo, y su estilo es figurativo, realista. La espina dorsal de su obra la componen tres grandes ejes temáticos: los retratos, los paisajes, y los bodegones. En sus cuadros, la luz y el color tiemblan hasta conferirles, en ocasiones, un trasfondo vagamente onírico.

"El problema de muchos pintores hiperrealistas es que en su obra falta sentimiento", plantea este hombre que ha encontrado en Bamio el clima, la alimentación y el sosiego que, según los médicos, mejor le pueden sentar a sus nervios.

En febrero pasado, quienes acudieron a ver la exposición del Eixo Atlántico en la sala Antón Rivas Briones, de Vilagarcía, ya pudieron ver como trabaja. Pero quienes no tuviesen entonces oportunidad de hacerlo, podrán hacerse una idea bastante completa de su obra a partir del día 29 en Barcelos, a algo menos de dos horas en coche de la capital arousana. Allí, el germano mostrará 41 piezas. Son 41 cuadros, pero también podrían ser 41 cantos a la vida.

"El arte no lo haces por dinero, fama o prestigio, sino porque tienes un don con el que has nacido y porque tienes una voluntad de servicio. Además, yo con mis cuadros quiero transmitir a la gente la idea de que incluso después de una enfermedad grave como la mía es posible seguir adelante, vivir con esperanza".

¿Es el final del mundo?

Glasz no sabía qué era la esclerosis múltiple cuando se la diagnosticaron. Entonces brotaron miles de preguntas. Alguien que ha saboreado el éxito profesional, como él, podría llegar a pensar que sería el final del mundo. Pero Glasz, transcurrido un tiempo, llegó a la conclusión de que únicamente era un punto y seguido.

"Una enfermedad no es el final de todo, sino solo el comienzo de otra cosa", sentencia. "¿De qué iba a servirme sentarme a llorar día y noche?", también se pregunta. "La mayoría de las personas que sufren una enfermedad grave se acostumbran a ella, a vivir con ella. Es algo que debes aceptar. Sí, te cambia la vida, pero hay tanta gente en el mundo a la que le cambia la vida, por una guerra por ejemplo".

Glasz recuerda a unos abuelos suyos, que con a los noventa y tanto años hicieron las maletas y se fueron a dar una larga vuelta al mundo que les tendría cinco años. fuera de casa. Su existencia no había sido sencilla, con dos guerras mundiales padecidas en suelo alemán, y a Glasz le sorprendía que con ese bagaje tuviesen la capacidad de reírse tanto como lo hacían. "Y ellos me respondían que es que la vida es así? La vida no es un camino de rosas, y cuanto antes de acostumbres, mejor".

"¿Cuántas personas han sobrevivido al cáncer? Muchas, y muchas lo han conseguido porque lucharon con una actitud positiva. Hay que vivir con el problema, no en contra". "Mi vida no es como la de antes, eso está claro. Pero aún puedo cantar, y si no tengo tanta destreza en una mano, conservo la otra. ¿Qué se le va a hacer?".

Lo que él hizo fue trabajar, mantenerse erguido. Glasz tiene una espartana concepción de la creación artística. Cree en las musas y en el talento, pero más aún en la dedicación y en el trabajo. "El arte es sobre todo trabajo. El talento por sí solo no basta. Incluso hay gente sin talento que tras esforzarse mucho ha creado obras perfectas".

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