06 de febrero de 2017
06.02.2017

Destrozos en los dominios del monasterio de Armenteira

Los vecinos comentaron los daños del temporal del fin de semana a la salida de la misa de domingo

06.02.2017 | 02:10

Las campanas repican al unísono a mediodía en las iglesias de San Tomé, San Salvador y San Martiño, tres templos de estilo románico, surgidos por la influencia del monasterio de Armenteira en el siglo XII. La llamada a rebato fue efectiva pues la misa dominical era la excusa perfecta para analizar los efectos del temporal. Poco a poco, en los atrios de las tres iglesias comenzaron a formarse corrillos con un único tema de conversación alrededor de las numerosas tejas y ramas caidas en los recintos religiosos. El día estaba espléndido para buscar la mejor solución al desastre natural.

Herminio Sánchez Alba tiene 86 años y jamás había visto en San Martiño, su parroquia, un desastre como el causado por el paso del "Kurt" el pasado viernes. Acudió a misa de una como cada domingo pero enseguida se prestó a enseñar los destrozos en la iglesia y en las propiedades con las que se ensañó el brutal viento del viernes.

"Es triste que acabe de reabrir la iglesia después de que un rayo tirase el campanario y que ahora haya perdido gran parte de la cubierta", explica tras dar una vuelta alrededor de la iglesia por un cèsped salpicado por decenas de tejas rotas en añicos.

Luego entró en misa pues esperaba, como otros fieles, que Don Ildefonso hiciera alguna referencia al temporal pero se ciñó a la liturgia, a recordar que la luz se encuentra "cuando el hombre ve al otro como un hermano".

A cien metros había otras familias angustiadas por las pérdidas que han sufrido a consecuencia del temporal y que tendrán que esperar a que alguien les brinde una solución porque a lo mejor la administración encuentra la fórmula si el lugar se declara como "zona catastrófica", lo que franquearía el camino a algún tipo de indemnización.

Como explica el alcalde de Meis, José Luis Pérez, son más de una treintena de viviendas las afectadas y los daños "son más que los que parecen", aunque los técnicos ya han realizado una primera evaluación.

Marta Torres, una de las damnificadas, muestra ciertas esperanzas porque se trata de una catástrofe natural, pero no las tiene todas consigo "porque el alpendre en el que guardábamos muchas de nuestras pertenencias carece de seguro".

Afirma que el galpón había sido construido por su abuelo en los años setenta. "Fue emigrante en Alemania y con los ahorros construyó la casa y el alpendre por lo que las pérdidas no son solo materiales sino que también tiene mucha importancia sentimental". "Le costó mucho hacerlo, ¿sabe?", lamenta.

Por ello, que se hayan caído las tejas de la iglesia románica que tiene enfrente de su casa es para ella un daño menor. Ni siquiera lo menciona aún cuando se acuerda de que Patrimonio puede desautorizar la reconstrucción de su alpendre por situarse en su entorno.

A poco más de kilómetro y medio, cuando se llega a la parroquia de San Salvador se comprueba que el temporal también arremetió con fuerza contra su templo, provocando la caida de un importante número de tejas.

Un vecino que prefiere el anonimato subraya que fue una noche tremenda. "Parecía el fin del mundo" describe. A su casa solo le cayó el canalón de desagüe y una teja pero el alboyo de enfrente quedó destruido y la techumbre de la casa vecina está prácticamente desplomada.

"Alguien tiene que pagar esto pero ahora seguro que van a pedir que seamos los vecinos quienes lo costeemos", dice con desconfianza y alguna resignación.

También en San Tomé había preocupación. Una mujer, ayudada por un bastón, se acercaba con calma y cuesta arriba a la iglesia. Se temía un desastre.

"Voy al cementerio porque me han dicho que hay eucaliptos que se podrían caer sobre las sepulturas", explica avanzando a paso lento. A unos metros, un poste de alumbrado se había resquebrajado sobre la viña de un vecino y no auguraba nada bueno, pero por suerte los daños eran escasos.

Llegó hasta la sepultura de sus familiares y vio que el camposanto estaba aceptable. Solo unas ramas esparcidas demostraban que el temporal arreció con fuerza pero tanto la iglesia como la necrópolis se habían salvado.

Con todo cree que algo habrá que hacer con los gigantescos eucaliptos. "Son un peligro y el ayuntamiento debería mandar cortarlos", razona con sabiduría. Y es que muy cerca varios ejemplares habían partido por la mitad y todavía ayer ocupaban la mitad de la carretera. La suerte la acompañó.

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