16 de noviembre de 2014
16.11.2014

Cálago: Historia de tres milenios

El lugar donde todavía se asienta el emblema de Vilanova permanece aún sin explorar en profundidad

15.11.2014 | 23:21
Torre de Cálago, en Vilanova de Arousa. // Noé Parga

La torre de Cálago es uno de los emblemas del Concello de Vilanova que figura en su escudo. Sin embargo, esa torre esconde en todo su entorno un tesoro mucho más importante, como son los restos de 3.000 años de historia del municipio. En el subsuelo se sospecha que existen varias capas de un castro, datada la más antigua en el primer milenio antes de Cristo, así como los restos de un monasterio altomedieval que acabó desapareciendo en el siglo XVII y una iglesia de la que todavía se conserva alguna fotografía. Vilanova lleva años tratando de sacar a la luz ese legado.

La torre de Cálago es una de las grandes desconocidas de la comarca de O Salnés. Escondida entre varios edificios y ubicada en terrenos privados, tan solo luce en el escudo de Vilanova, pero todo el entorno que ocupa esconde una de las riquezas patrimoniales más atractivas para los arqueólogos. Así lo reconoce el único que realizó una pequeña intervención en la zona a finales de la década de los 90, el arqueólogo Vicente Caramés, hoy integrante del Museo do Mar de Vigo. Los cálculos que realiza Caramés es que en una amplia extensión de terreno no solo se encuentra la torre, sino que también se pueden hallar restos del antiguo monasterio altomedieval, cuya fundación se le atribuye a San Fructuoso en el siglo VII y sobre todo, varias capas de un antiguo castro que estaría habitado desde el primer milenio antes de Cristo.

La única intervención que se realizó en la zona fue a finales de la década de los 90 y sirvió para descubrir una pequeña capilla sepulcral perteneciente a un noble vilanovés, pero en el subsuelo de todo el entorno que rodea a la torre de Cálago todavía quedan muchos secretos a descubrir.

El propio Caramés reconoce que "Cálago es muy interesante no solo por los restos existentes sino porque es el germen de la Vilanova actual y un yacimiento como este, enclavado en una zona urbana, puede ofrecer un atractivo patrimonial muy importante para el municipio".

Desde hace algún tiempo, el Concello ha puesto sus miras en un proyecto que permita sacar a la luz esos restos. El primer paso para poner en valor el enclave de Cálago pasa por adquirir los terrenos en los que se sitúa la torre y que en el pasado ocupó el castro. En ese sentido, el Concello entabló contactos con los propietarios y, según el alcalde del municipio, Gonzalo Durán, estos tienen predisposición a colaborar. El problema es encontrar el dinero para financiar la operación, y dada la situación económica, el proyecto parece que puede ir para largo. De todas formas, la intención es realizar cuanto antes, al menos, una serie de sondeos para tratar de identificar el perímetro de lo que es el yacimiento para saber en qué lugares se debe actuar en el futuro y conocer cual puede ser la riqueza que esconde el subsuelo de Cálago.

Sin embargo, poder sacar a la luz 3.000 años de historia es una oportunidad que en Vilanova no se quiere dejar escapar. "Es una joya que tiene condensado en varios cientos de metros cuadrados gran parte de la historia no solo de Vilanova, sino de la forma de vida que existía en O Salnés durante muchos siglos".

El único vestigio de todo aquello que todavía queda en pie es el campanario, una estructura que tiene importantes particularidades. Se trata de un campanario exento, es decir, alejado de la iglesia o monasterio al que prestaba servicio, como los que existen en Bamio y San Adrián de Vilariño. Esto lleva a pensar que el campanario hacía otro tipo de funciones más allá de la llamada a las oraciones. Esas funciones pasarían por la vigilancia, ser una atalaya desde la que se controlaba el acceso a la ría de Arousa o como "facho". El campanario se encuentra en la cima del castro y su estructura se encuentra prácticamente íntegra. Está formado por una base trapezoidal de sillares de granito sobre la que se asienta una espadaña con dos arcos de medio punto apoyados sobre tres pilastras. Conserva restos de sillares embutidos que, se cree, corresponderían a la escalera de subida.

Si de la torre se conserva gran parte de la misma no ocurre los mismo con la antigua iglesia a la que servía, un recuerdo que dejó de utilizarse en el siglo XVII, pero cuyos restos todavía eran visibles a principios del XX, como atestigua un documento fotográfico que está en manos del Concello desde hace tiempo. La mayor parte de la piedra acabó siendo utilizada en trabajos de mampostería.

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