16 de marzo de 2014
16.03.2014

Eduardo Fajardo, un cowboy de O Mosteiro

Su potente voz le convirtió en una estrella del doblaje

16.03.2014 | 01:27
Eduardo Fajardo, durante un homenaje que le tributaron en Meis en el año 2010. // Rafa Vázquez

El actor Eduardo Martínez Fajardo, más conocido en el mundo del teatro y del cine como Eduardo Fajardo, nació, como él mismo dice en sus entrevistas, "en un pueblecito de Galicia", concretamente en O Mosteiro, el 14 de agosto de 1924. Aunque posteriormente se traslada a La Rioja con sus padres, en donde desarrollará gran parte de su juventud, Eduardo Martínez nunca olvidará ese "pueblecito" del Ayuntamiento de Meis, que incluso recordaría con emoción cuando la Semana de Cine de Lugo lo homenajeó, en septiembre de 2009.

Eduardo Martínez Fajardo vive en Haro hasta los 15 años y después en Santander, donde su madre monta un negocio de productos lácteos para poder mantener la familia.

Cuando cumple los 20 años de edad, da el gran salto y decide ir a Madrid para dedicarse al mundo del espectáculo, y como él mismo dice en una entrevista, "encontré grandes dificultades", hasta que alguien le indicó las muchas posibilidades que tendrá en el doblaje de películas americanas por las especiales características de su voz.

Al parecer, su primer doblaje fue el papel de Charles Boyer en la película "Cena de media noche", y será en el mundo del doblaje de películas donde desarrollará sus facultades durante ocho años ininterrumpidos, mientras tantea el teatro y el cine, debido a la enorme gravedad de su voz.

Es mientras trabaja en el doblaje cuando conoce a uno de los actores de cine más importantes que ha tenido España, el también gallego Fernando Rey, del cual cita la anécdota que fue el primer actor de doblaje que exigió que su nombre saliera en el fotograma o lista de actores que intervienen en una película determinada. Todo ocurrió cuando Fernando Rey fue contratado para doblar al actor británico Lawrence Olivier en su película "Hamlet" por su especial voz, y tan convencido estaba el actor coruñés de su importancia en el doblaje que exigió de la productora que su nombre apareciera en el fotograma en el que se aclara que un actor determinado es doblado por tal persona.

La segunda vez en que un actor de doblaje consigue en España que su nombre figurase en el reparto de una película, fue precisamente nuestro personaje Eduardo Fajardo, que al igual que su amigo Fernando Rey exige que al doblar a Orson Welles en su papel de Otelo, su nombre figure en dicho reparto, y tan contento quedó el actor inglés, que efectivamente apareció como tal en la citada lista. Posteriormente, el actor inglés quedó tan impresionado del doblaje de Eduardo Fajardo que al oírlo en castellano quiso conocerlo personalmente.

Desde entonces, pocas veces se ha visto que un actor o actriz de doblaje figure en el reparto.

El salto al cine lo da en el año 1947, cuando la compañía "Cifesa" le contrata por un año, para después conseguir otros tres años más, dado el buen resultado de su trabajo. Rueda entonces "Don Quijote", seguido de "Héroes del 95", "Locura de Amor", "Balarrasa" y otros títulos, aunque siempre en papeles secundarios. A la vez, entra en el mundo del teatro consiguiendo un contrato de 49 funciones por toda España, logrando finalmente entrar en la compañía de María Fernanda Ladrón de Guevara, en el teatro Poliorama de Madrid. De alguna forma, era la consagración como actor de teatro por la extraordinaria personalidad de Ladrón de Guevara.

En el año 1953, estando doblando a Orson Welles alguien pregunto quién era ese actor que le ponía voz. Cuando le dijeron que era Eduardo Fajardo, lo invitó a cenar y tras una amena conversación le convenció para que marchase a Méjico para trabajar en un papel importante en una película sobre Hernán Cortés. Fue curiosamente una película que, tras ser contratado, jamás llegó a realizarse.

Ello se debió, según posteriores declaraciones de Eduardo Fajardo, a que una película realizada en Méjico sobre el conquistador español siempre traería problemas con España, y si por el contrario se rodaba en España, traería complicaciones con Méjico. Era una visión distinta de la conquista que tenía cada nación y cada historia.

Sin embargo, una vez en Méjico se integró totalmente en el mundo del teatro, del cine y de la naciente televisión, alcanzando la cantidad de dos mil intervenciones, destacando sobre todo en las telenovelas, en las que llegó a ser uno de los actores más conocidos y apreciados de Méjico.

Su vida en Méjico transcurrió como si hubiera nacido en dicha nación, y hasta probó el mundo empresarial, llevando durante un tiempo la gerencia del teatro Chopin de la capital. Tanto, que se llevó a su madre a vivir con él, y allí murió. Actualmente siguen viviendo en esa tierra sus hijas y nietas.

Hablando de esta tierra tan desértica en aquellos años, diría posteriormente nuestro personaje recordando a Galicia, "que allí no es verde".

De vuelta a España se integra totalmente en el mundo del cine, que por los años 60 y 70 está totalmente envuelto en el conocido como "spaghetti western", financiado en gran parte por compañías italianas y españolas, haciendo famoso el desierto de Tabernas, en donde tuvo lugar el rodaje de gran parte de las películas de este curioso género.

A pesar del largo tiempo transcurrido desde su salida de España, tan pronto se incorpora de nuevo al mundo del cine, es nombrado presidente del Sindicato de Actores Nacional, cargo que ostentará durante cuatro años y que sirve de prueba para comprobar el enorme prestigio que tenía entre sus compañeros de trabajo.

En el cine del western español destaca enseguida como el "malo", o "el villano" de las películas, como el mismo Fajardo comentaría en sus entrevistas, junto a los también grandes actores José Bódalo y Fernando Sancho, llegando a realizar hasta 15 películas por año. Filmes como "El séptimo de caballería", "Winchester. Uno entre mil", "Salario para matar", "Una tumba para el sheriff", "El sabor del odio" y un largo etcétera hasta casi las 200 películas, que hacen de Eduardo Fajardo uno de los actores más prolíficos del cine español.

Es probablemente la película "Django", de Sergio Corbucci, realizada en 1966, la que le hizo más internacional, ya que el filme sirvió de modelo para una película del japonés Takhasi Miike titulada "Sukiyaki Western Django" y posteriormente al mismo Quentin Tarantino, muy aficionado a los "spaghetti western", de los cuales opinaba que "no eran de baja calidad; creo que su legitimidad está fuera de toda duda, a la misma altura que los grandes western americanos".

El gran actor de Mosteiro trabajó a lo largo de su vida con los mejores actores y actrices del mundo hispano: Fernando Rey, Sara Montiel, Pedro Infante, Conchita Montenegro, Jorge Negrete, -del que era compadre-, José Bódalo, Fernando Sancho, Amparo Rivelles, Aurora Bautista o Katy Jurado, así como actores italianos famosos como Franco Nero. Su reconocimiento ha sido tanto oficial como popular. En España el mismo Rey le entregó la Orden del Mérito, y en Méjico obtuvo el Premio Ignacio de Monfort que le entregó el presidente de la República. A nivel popular, buena prueba de la estima en que se le ha tenido es que se le ha dado su nombre a cinco calles, tres en Almería, una en Málaga y otra en Jimeleo, en La Rioja.

Su vuelta a Galicia no se produciría hasta el rodaje de la serie "Los gozos y las sombras", en el año 1982, junto con actores de la talla de Charo López, Amparo Rivelles y Carlos Larrañaga, y posteriormente en el año 2009 cuando la Semana de Cine de Lugo le rindió un homenaje, al que asistieron las concejalas de Meis, Celia Barral y Mónica Outeda, "como invitadas del lugar en que nació el actor".

Prueba de su valía humana es que ya establecido en Almería para descansar, y tras conocer la problemática de los minusválidos, se dijo "que aún podía servir para algo" y se dedica intensamente a colaborar con los mismos organizando un grupo teatral en el que les enseña a actuar, hablar, andar, mantener la memoria y todo aquello que ayuda a la interpretación.

Eduardo Fajardo comentaba recientemente, como prueba de hombre sencillo que "la vida ha sido generosa conmigo; no me puedo quejar, porque a mi edad conduzco, dirijo teatro, interpreto y escribo".

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