25 de agosto de 2013
25.08.2013

La singladura de los ciclistas

FARO DE VIGO vivió desde el propio barco el traslado marítimo realizado por el equipo Movistar antes de tomar la salida de la Vuelta a España desde la batea vilanovesa

25.08.2013 | 00:00
Ciclistas del Movistar durante el traslado en la embarcación hasta la batea. // Noé Parga

El momento más espectacular y novedoso de esta vuelta ciclista fue el traslado de los diferentes equipos desde el muelle en el que se encontraban los autobuses de los equipos hasta la batea. Este recorrido duró apenas cuatro minutos, pero desde el propio barco y justo antes de dar comienzo la salida, se transforman en cuarenta. La batea vista desde atrás con los corredores a punto de salir y el público de fondo ofrece una de las mejores imágenes.

Todos los momentos anteriores a cualquiera salida vienen acompañados por la tensión y el nerviosismo, y si esta salida se realiza desde alta mar, los nervios se multiplican por mil. Esto es lo que ocurrió en la salida de la Vuelta ciclista a España.

Atracados en uno de los muelles de la ría de Arousa, se encontraban arrimados tres barcos encargados de transportar a los ciclistas, bicicletas y mecánicos de los diferentes equipos hasta la batea. Cada uno de ellos contaba con sillas o bancos para mayor comodidad de los corredores y evitar mareos innecesarios.

FARO DE VIGO acompañó al equipo Movistar en su recorrido por mar hasta la batea. Se subieron a la embarcación a las 20,08 horas. El recorrido hasta la batea duró tan solo 4 minutos y en él hubo tiempo de reír pero también de morderse las uñas.

Los ciclistas se mostraban serios y concentrados pero no dejaban de admirar el paisaje marinero y también saludar a la gente que se encontraba en barcos cercanos, a pesar de eso las risas no cesaron en ningún momento.

Varios ciclistas intentaron relajarse por medio de bromas. "Vivan los novios", gritaba Pablo Lastras tirando a sus compañeros pétalos de rosas que inundaban el suelo del barco. El movimiento del barco era prácticamente inexistente lo que hizo que varios ciclistas saltasen graciosamente intentado mover el barco, inútil por cierto.

Los demás hablaban de sus impresiones para la carrera y se animaban entre todos. Otros, como Alejandro Valverde, se mostraba mucho más concentrado de cara a la salida y solo tenía palabras de agradecimiento para los que coreaban su nombre.

Una experiencia única en un escenario único.

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