30 de octubre de 2009
30.10.2009

La cita de los vivos con los muertos

En algunas floristerías hacen turnos para poder trabajar las 24 horas del día

30.10.2009 | 02:13
Uno de los responsables del tanatorio de Caleiro, en la capilla. // I.A.

Espectaculares centros de flores de hasta 500 euros; auténticas delicias de frutos secos en los expositores de las pastelerías; interminables mareas humanas en los cementerios... La fiesta de Todos los Santos está rodeada de numerosas tradiciones y creencias. Algunas no sobrevivirán al siglo XXI.

La de Todos los Santos no es la fiesta más importante del calendario gallego, pero sí que es una de las que se viven con mayor fervor. En Galicia el culto a los difuntos –los "finados"– está revestido de toda una serie de ritos, creencias y símbolos.
La muerte tiene su propia cultura, y ésta evoluciona con los años. Uno de los ejemplos más claros de esto es cómo hasta no hace mucho era casi imposible convencer a una persona mayor de que organizase el velatorio de un fallecido en un tanatorio –durante siglos, el muerto pasaba su última noche antes de ser enterrado en su casa–, y ahora es una práctica muy extendida, incluso en el rural.
Otras tradiciones, sin embargo, permanecen inalterables. Una de las más significativas de Todos los Santos es la de acudir a los cementerios y pasar un rato ante la tumba de los amigos y familiares fallecidos. Unas tumbas previamente acicaladas y decoradas con luces, velas y ramos de flores.
En Vilagarcía ya se ha instalado junto al río de O Con, en las inmediaciones de la plaza de abastos, la gran carpa del "Mercado das Flores".
La venta está regulada este año en Vilagarcía para evitar la competencia desleal, de modo que sólo podrán vender las floristas habituales del mercado –que son media docena–, los comercios de flores del ayuntamiento –aunque varios de ellos ya anunciaron que no van a acudir al mercado– y aquellas placeras que tengan flores de producción propia.
El Concello avisa también de que la Policía Local vigilará que nadie se salte el reglamento y se ponga a vender a las puertas de los cementerios, como ocurrió en otras ocasiones. Y es que los que sean sorprendidos con un puesto de estas características se arriesgan a una multa y a perder la mercancía.
Los crisantemos
Mientras tanto, las floristerías no dan abasto estos días. En la Caravel, de Vilaxoán, cuentan que llevan trabajando las 24 horas del día desde el lunes, por lo que no les queda más remedio que hacer turnos. En su almacén disponen ya de más de mil centros preparados, y algunos son auténticas obras de arte.
Tienen encargos de más de 550 euros para para decorar capillas. "Incluso tenemos más gente que el año pasado", cuentan a la pregunta de si la crisis les ha perjudicado.
En las floristerías Arco Iris y Dorgambide, de Vilagarcía, coinciden en este argumento. "La crisis no nos está afectando". La flor que más se vende es con mucha diferencia el crisantemo, seguida por la rosa –sobre todo la roja– y las orquídeas. El precio del centro más sencillo oscila entre los 15 y los 25 euros.
En otras localidades, como O Grove y Cambados, también se han disparado las ventas de flores estos días. En la plaza de abastos meca venden desde ayer y hasta el sábado tres floristerías y para también se intenta evitar que vendan personas sin autorización. En Cambados, por su parte, ya ayer se podía apreciar una larga y colorida fila de puestos de flores apostados delante del centro de salud.
Tanatorios
La tradición de comprar flores en vísperas de Difuntos permanece inalterable. Lo que sin embargo parece que empieza a perderse es la costumbre de velar a los fallecidos en las casas.
Esta fue una práctica arraigadísima en Galicia, sobre todo en las zonas rurales, hasta el extremo de que muchos presagiaban la ruina de los que, sobre los años ochenta, se aventuraron en la construcción de los primeros tanatorios. Jaime Fidalgo, sin embargo, nunca dudó de que el tanatorio era el futuro.
Este empresario creó el primer tanatorio enclavado en una zona rural de O Salnés –los demás están en Vilagarcía, Cambados, O Grove y Sanxenxo– y de los 96 servicios que hizo durante su primer año de funcionamiento, en 2003, ha pasado a los 170 de 2008. "La costumbre de hacer los velatorios en casa se está perdiendo casi totalmente. Ahora, más del 90 por ciento de la gente los hace en los tanatorios, incluso en las zonas rurales".
El tanatorio de Jaime Fidalgo se encuentra en Caleiro (Vilanova) y es el resultado de un viejo proyecto. "Yo empecé con los trámites en 1990. El primero que abrió en O Salnés fue uno de los dos que hay en Vilagarcía, sobre 1992, y ya entonces había gente que demandaba un tanatorio".
Este cambio de tendencia conlleva la creación de nuevos servicios. Así, hay en proyecto otros dos tanatorios para O Salnés, uno de iniciativa privada en Meis y otro municipal en Ribadumia, y también están en marcha los trámites para hacer un crematorio en Vilagarcía.
Unos 2.500 euros
También es ya relativamente frecuente ver como la gente contrata los seguros de deceso, popularmente conocidos como "la funeraria". Los que contratan estos seguros pretenden protegerse del sobresalto económico que significa una muerte. Y es que el coste medio de un servicio, según Jaime Fidalgo, puede situarse entre los 2.300 y los 2.500 euros. Un precio que incluye desde la caja –que puede valer desde 600 ó 700 euros una de pino o de chapa hasta 2.900 una de roble–, hasta la impresión y reparto de esquelas, el transporte en autobús o taxis, el velatorio, las coronas o el servicio fúnebre en la iglesia. Lo que sí aprecia también Fidalgo es que se gasta más en las aldeas que en la ciudad.

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