28 de agosto de 2009
28.08.2009

Armenteira honra a su fundador

San Ero era un cortesano que se retiró del mundo para construir un monasterio en Meis

28.08.2009 | 04:04
En Armenteira se encuentra uno de los grandes conjuntos arquitectónicos de O Salnés.

Un santo que pasó trescientos años escuchando el trino de un pájaro; unos ladrones condenados a construir una estela de cruceiros tras robar unos objetos religiosos... A Armenteira no sólo es uno de los conjuntos histórico-artísticos más relevantes de O Salnés, sino también un fantástico nido de leyendas y tradiciones populares. Este domingo celebran la fiesta de San Ero, que fundó la iglesia y el cenobio a principios del siglo XIII. Una oportunidad para aproximarse a un tesoro cultural y a uno de los espacios naturales más impresionantes de O Salnés.

La de San Ero es una de las leyendas más populares de O Salnés. Cuenta ésta que el fraile deseaba fervientemente conocer el significado de la eternidad y que rezaba muy a menudo a la Virgen María para que le ayudase en sus meditaciones.
Hasta que un día salió a dar un paseo por el monte y, durante la caminata, escuchó el canto de un pájaro. Parece ser que ese trino le pareció tan cautivador que el santo se detuvo a escucharlo... durante 300 años.
Esta leyenda está escrita en piedra sobre el dintel de la entrada al recinto del monasterio de Armenteira, en Meis, y durante décadas ha iluminado la imaginación popular. Pero lo que resulta incontestable es que San Ero fue el fundador de la iglesia y el monasterio de Armenteira, además de su primer abad.
El párroco, Ramón Fernández, cuenta de Ero que se trataba de una persona muy influyente en la Corte Real, pero que cansado de la vida disipada y superficial decidió retirarse a la soledad del monte Castrove, entre O Salnés y Pontevedra, donde tenía muchas propiedades.
Ese fue el origen del monasterio de Armenteira, que con el tiempo se convertiría en una de las congregaciones religiosas más importantes del norte de la provincia de Pontevedra. Las obras del cenobio se iniciaron en el siglo XII y terminaron en los albores del XIII.
Poco después, las comunidades cistercienses ya tenían en su calendario litúrgico una fiesta dedicada a San Ero, que –como ahora– se celebraba todos los días 30 de agosto.
No obstante, la tradición de celebrar esta fiesta cayó en desuso a partir de la Desamortización de Mendizábal, en 1836. Con la exclaustración de los monjes la fiesta de San Ero dejó de celebrarse.
También a partir de esos traumáticos acontecimientos se le pierde la pista a los restos mortales del santo, que estaba enterrado en la iglesia. Y es que debido al temor de los religiosos a que los descontrolados se hiciesen con las reliquias –por aquel entonces existía un fuerte sentimiento anticlerical entre determinados sectores–, hizo que enterrasen a Ero en un lugar secreto, que todavía se desconoce en la actualidad.
El párroco de Armenteira cuenta que desde hace medio siglo –coincidiendo, más o menos, con el inicio de los trámites para la rehabilitación del monasterio– San Ero vuelve a ser honrado en su parroquia con misas. Este domingo, los feligreses de Armenteira tendrán la oportunidad de recordar al santo fundador del monasterio con una misa que comienza a las 12 del mediodía, y a la que seguirá una procesión.
"La festividad de San Ero –explica el párroco de Armenteira– fue solemnísima en sus tiempos, cuando estaban aquí los monjes, y venía gente de toda la comarca". En la actualidad, sin embargo, se trata de una celebración más íntima y recogida, a la que por norma general sólo acuden los vecinos de la zona.
El conjunto formado por el monasterio y la iglesia de Armenteira es una de las cumbres artísticas de O Salnés. A medio camino entre el románico y el gótico, varios de sus elementos figuran en las más prestigiosas guías de turismo de la provincia, como el claustro monacal, el rosetón y la puerta con arquivoltas de la entrada, o el baldaquino del altar.
También es un lugar prolijo en tradiciones –a menudo basadas en hechos reales–, como la de los ladrones que después de saquear el interior del monasterio fueron castigados a construir –en penitencia– muchos de los cruceiros que ahora jalonan los caminos y los cruces de carreteras de O Salnés.

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