Desde mi atalaya
Nuestra Patrona, Santa María del Puerto
El próximo martes día 8 se celebrará, la fiesta de nuestra Patrona: Santa María del Puerto. Y para cumplir con la tradición escribimos hoy nuestro comentario semanal con este motivo de nuestra «Fiesta Grande», es decir la Fiesta de nuestra Excelsa Patrona, porque acaso, nuestro silencio pudiera ser interpretado como dejadez u olvido de nuestras viejas convicciones, o aún peor, como signo de indiferencia o alejamiento de los sentimientos, afanes e inquietudes, que alientan en todo buen marinense.
Por eso, nada más lejos de mi realidad, por el contrario, refuerza aún más nuestro natural amor al pueblo que nos vio nacer, a sus gentes, a su historia y a sus cosas.
De manera que escribimos este comentario con una honda emotividad, y ni siquiera sentimos la necesidad de remover viejos documentos, ni descifrar antiguos pergaminos, eso queda para otras ocasiones, porque en nuestro querido Marín todavía quedan entuertos históricos por «desfacer», y algún agravio que reparar.
Pero hoy nos basta con ceder a esa llamada íntima del espíritu, para glosar, una vez más, el valor y la transcendencia secular, casi milenaria, de nuestra historia mariana. Y cuando habla el corazón huelgan las razones y los testimonios.
Tradición mariana, larga, sentida y venerada, que los marinenses, de todos los tiempos han conservado a nuestra celestial Patrona, como prueba de su filial amor y reconocimiento a sus repetidos favores. Tradición mariana que se remonta a los primeros tiempos del medievo cuando Marín todavía no había logrado construir su primer núcleo de población.
Allá por los remotos tiempos del siglo VI, ya una ermita dedicada a Nuestra Señora de la Guía se alzaba dominando el leve promontorio sobre lo que más tarde se desarrollaría el perímetro urbano de la villa, verdadero hito, que abre el secular acontecer de nuestra historia, Esta primitiva advocación mariana perdura a través de los tiempos llegando hasta las postrimerías del siglo XI con la instauración del Priorato de Osera.
La primitiva ermita se transformó, en iglesia parroquial, con el nombre de Santa María del Puerto, cuya denominación llega hasta nuestros días, conservando la fe mariana a través de las vicisitudes de los tiempos, sin norma alguna de su pureza y fervor.
Advocación mariana que fue invocada por nuestros humildes pescadores del «xeito» y de la «traíña», en sus azarosas tareas, que alentó a nuestros navegantes a surcar ignotos mares, que acompaño a los muchos marinenses que formaron parte de las temerarias expediciones en la Conquista del Nuevo Mundo, y que sostuvo la esperanza del retorno de tantos emigrantes, que acaso no pudieron volver. Santa María del Puerto, que es la fecha de la celebración litúrgica de la Navidad de Nuestra Señora, reúne a los marinenses ausentes en torno a los lares de sus antepasados, en la ancestral costumbre de «xantar» familiar, matizado de vivencias y recuerdos.
Pero tristemente tenemos que añadir que la fiesta de nuestra patrona, desde hace ya mucho tiempo, en su parte lúdica y festiva para el goce y disfrute de todos los marinenses, cada año va a peor, y apenas «cuatro foguetes de dos estralos», y poco más.
No hay iluminación, no hay orquestas, que era lo que esperábamos los jóvenes, para poder bailar, etc. etc. Es decir, que va de mal en peor, y creo que tendremos que recurrir, al pasado y pedir por calles y bares para recaudar algún dinero que nos permita hacer unas fiestas lúdicas, el día de nuestra Patrona, como se merecen. Todo depende de nuestro ayuntamiento, que entienda, que la nuestra es el 8 de septiembre, y no el 16 de julio, con todos nuestros respetos para ese día. No sé si nos entienden. Y así guardar algún dinerito para nuestra Patrona milenaria, de nuestra villa que nos vio nacer. Porque nuestra Patrona merece unas fiestas «como Dios manda», y nunca mejor dicho. Desde este comentario ya hace muchos años, muchos, y en varias ocasiones, que criticamos esta situación de dejadez, por no decir desprecio, y hasta ahora no tuvo ningún resultado, ninguna reacción, y es quien tiene la última palabra. Después hablaremos los marinenses, aunque parece, que ya quedan pocos, por lo que se ve. Pero de lo que estamos seguros es que nos escucharán.
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