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Marín recupera un caserón histórico para convertirlo en un referente cultural y artístico

El edificio de 1790 de la Rúa do Sol que llegó a ser consulado y casa de emigración se convertirá en la Galería Portas

Los hermanos Portas, ante la casa señorial que están rehabilitando.

Los hermanos Portas, ante la casa señorial que están rehabilitando. / Gustavo Santos

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Hay esquinas en Marín donde el viento todavía parece traer el eco de las viejas sirenas de los vapores y el traqueteo de los baúles de quienes partían rumbo a América. En el número 2 de la Rúa do Sol, acariciando el Pirogato y a unos pasos de la iglesia más antigua de la villa, se alza un caserón que lleva resistiendo el embate del tiempo desde 1790. Sus gruesos muros, curtidos por la sal y los temporales, se preparan ahora para una segunda vida.

La culpa de esta resurrección la tienen los hermanos Luis y Pancho Portas. El primero, un artista de vocación incombustible; el segundo, un hombre curtido en el sector inmobiliario que reside en Marbella. La chispa prendió casi por casualidad, tejiendo lazos familiares y atendiendo a un velado mandato materno. «Mi hermano un día pasó por aquí y nos enamoramos de esa casa», relata Luis. La alianza entre ambos mundos era el paso natural: «Mi madre le había dicho que a ver si hacía algún negocio conmigo, porque yo soy artista». Y así, entre el arte y la piedra, sellaron la compra.

Cruzar el umbral de este inmueble es pisar la historia viva de la navegación gallega y de la propia estirpe de los Portas. A principios del siglo pasado, el edificio funcionaba como un hervidero de sueños de ultramar. «Venían aquí en 1900 a coger los paquebotes para Uruguay, Argentina... era inmigración y trámite», recuerda el artista. La vivienda llegó a ejercer de consulado cuando su bisabuelo, José Manuel Martínez, asumió el cargo de vicecónsul de Portugal en Marín para despachar el denso papeleo marítimo de la época.

Pero si un fantasma impone respeto y orgullo entre estas paredes es el de Amalia Méndez, su bisabuela. Tras enviudar, esta emprendedora indomable tomó las riendas de un destino que a principios del siglo XX parecía reservado en exclusiva a los hombres. «Cuando su marido se murió, malvendió el ultramarinos e hizo el cine Quiroga en 1917», evoca su bisnieto. Amalia capitaneó su empresa rodeada de una red de apoyo femenino en una época de hierro: «Fue una emprendedora, mujer sola, con todas las amigas. Una al piano, la otra limpiaba... Eran mujeres maravilla».

Marín. Casa señorial en la Plaza del Reloj que se convertirá en una galería de arte

El edificio albergará una galería de arte y un espacio para residencias creativas. / Gustavo Santos

En aquellos años de tránsito constante y ecos de corsarios como Gago de Mendoza, el caserón no era un simple refugio, sino el gran vigía de la costa. «Era el control del mar desde esa casa, casi. No había nada alrededor», explica Luis Portas

En aquellos años de tránsito constante y ecos de corsarios como Gago de Mendoza, el caserón no era un simple refugio, sino el gran vigía de la costa. «Era el control del mar desde esa casa, casi. No había nada alrededor», explica Luis. Desde sus ventanales, la familia tomaba el pulso a las mareas y al tráfico portuario. «Desde ahí se veía si el barco estaba a medio fondeo, si faltaba media hora para salir... todas esas cosas de la navegación».

Hoy, el proyecto para transformar este coloso de piedra en la 'Galería Portas' aguarda el visto bueno de Patrimonio y la licencia municipal, tras pasar por la mesa del arquitecto Anselmo Villanueva. El plan es ambicioso, mira hacia el 2028 y huye del concepto de simple sala de exposiciones.

Marín. Casa señorial en la Plaza del Reloj que se convertirá en una galería de arte

Escalera interior del edificio, con madera y azulejería. / Gustavo Santos

«Vamos a crear una galería de arte en la planta baja, y una planta alta para residencia... y los invitados que vengan, pintores o músicos y actores, pues pasarán unos días en la casa», detalla Luis sobre este futuro faro cultural.

Mientras la burocracia avanza al ritmo que marcan los despachos, la maquinaria ya se engrasa en el mundo digital (la galería ya está en la red: galeríaportas.com) y con acciones a pie de calle, como el reciente concierto organizado coincidiendo con el eclipse. La vieja casa de los trámites y los paquebotes vuelve a desperezarse con una vocación clara, impresa ya en su propio nombre: «Galería Portas, sí, nada más. Por los Portas y sobre la puerta abierta al mundo, la puerta abierta y adelante».

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