Entrevista | Aquilino Fariñas Godoy Médico y ensayista
«La democracia liberal nos está arrastrando a una nueva tecnocracia»
«Mi diagnóstico sobre la salud de nuestra democracia es que es una tumoración imparable», asevera el autor de Democracia. El gran fraude

Aquilino Fariñas, autor de «Democracia. El gran fraude». / Gustavo Santos
El médico y ensayista pontevedrés Aquilino Fariñas Godoy presenta mañana en el Espacio Arquitectónico Colectivo TRAC de Vigo un texto diseñado para incomodar. En Democracia. El gran fraude (SND Editores), Fariñas toma el bisturí para diseccionar el actual sistema liberal parlamentario, diagnosticándolo sin anestesia: considera que la libertad que el ciudadano de a pie cree respirar es, en realidad, un espejismo en fase de metástasis.
Usted afirma que vivimos bajo una «mentalidad democrática» que funciona casi como una secta ¿a qué se refiere?
La mentalidad democrática es una falsificación de una evolución ideológica que ha convertido el concepto de democracia —que podríamos acotar exclusivamente a la democracia liberal parlamentaria— en un dogma intocable. Sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial y, más todavía, tras la caída del Muro de Berlín, este sistema se ha impuesto como mecanismo conceptual fundamental del funcionamiento de las sociedades occidentales. A eso me refiero: la hemos identificado como una nueva religión autoexcluyente, autorreferencial, fuera de la cual no puede ni debe existir ninguna crítica a sus mecanismos íntimos de funcionamiento.
Acusa al sistema de imponer un «relativismo cognitivo» en el que la historia, la ética o la filosofía dependen de una mayoría temporal
Esto se estructura fundamentalmente a partir de las revoluciones burguesas del siglo XVIII. La aparición de la 'voluntad general' es un concepto que desarrolla inicialmente Jacobo Rousseau en la ilustración francesa. A partir de ahí, se establece como la única forma posible de alcanzar el bien común, adquiriéndose única y exclusivamente mediante el sufragio electoral. Una vez que se sublima, esa voluntad general ya es indiscutible y no permite ninguna disidencia intelectual. Pero esto no deja de ser una creencia metafísica; hay que creer en ella igual que antes se creía en la voluntad divina o de los dioses. Es la nueva imposición de una realidad sujeta solo al consenso temporal. Ninguna de las realidades naturales que han estructurado la existencia tiene valor si no está garantizada por un consenso electoral que, yendo a la valoración de los datos, suele ser minoritario si sumamos abstenciones, votos nulos e irregulares.
Si vaciamos a esas mayorías de su legitimidad, ¿quién o qué debe sostener entonces la brújula moral para que la sociedad perviva?
Es difícil responder a quién debe sostener esa brújula moral, probablemente yo tampoco tengo una respuesta exacta aún. Mi libro es un análisis diagnóstico de los problemas de esta democracia y demuestra sus pies de barro. Como médico, primero debo establecer un diagnóstico claro antes de pautar un tratamiento, lo cual sería materia de un segundo libro.
La mentalidad democrática es una falsificación de una evolución ideológica que ha convertido el concepto de democracia —que podríamos acotar exclusivamente a la democracia liberal parlamentaria— en un dogma intocable
¿Qué diagnóstico hace de la salud de nuestra sociedad?
Mi diagnóstico sobre la salud de nuestra democracia es que es una tumoración imparable. Inicialmente podría considerarse benigna, pero se ha ido malignizando hasta llegar a una metástasis multiorgánica que ha afectado al elemento fundamental de la sociedad: la moral social.
Menciona que esa moral individual está mediatizada por consignas…
Totalmente. Cuando la moral social se ve mediatizada por consignas prefabricadas entra en juego la opinión pública, que hoy en día, a través de los algoritmos, las nuevas tecnologías y el bombardeo constante de información precocinada, es una falsificación más. Esto no solo altera resultados electorales —lo cual ya no sería tan trascendente—, sino que produce un cambio antropológico en la forma de pensar del ser humano. Determina nuevas realidades sociales, como el globalismo o el capitalismo financiero internacional, que son inducidas por esa nueva tecnocracia a la que la democracia liberal clásica nos está arrastrando.
La democracia liberal parlamentaria, que en el caso español es un método de gobierno ajeno, tiene adquisiciones de la cosmovisión luterana y calvinista anglosajona, donde el enriquecimiento a ultranza y el éxito económico son métodos de salvación. Esto motivó un proceso imperial depredador muy distinto al planteamiento generador de imperios meridionales como Roma o España
Para diseccionar todo este entramado, bucea en las raíces puritanas del sistema. Sostiene que nuestra democracia bebe de una cosmovisión ajena a la nuestra, donde el enriquecimiento es casi un método de salvación
La historia no es un proceso progresivo; es cíclica. Las civilizaciones tienen un nacimiento, un apogeo y un declive. La democracia liberal parlamentaria, que en el caso español es un método de gobierno ajeno, tiene adquisiciones de la cosmovisión luterana y calvinista anglosajona, donde el enriquecimiento a ultranza y el éxito económico son métodos de salvación. Esto motivó un proceso imperial depredador (holandés, anglosajón, americano) muy distinto al planteamiento generador de imperios meridionales como Roma o España; la Hispanidad no tiene nada que ver con ese depredador imperialismo anglosajón. Por eso mi libro tiene tres partes: una genealogía histórica que va desde Grecia hasta la revolución francesa; una segunda sobre la evolución en España desde la Constitución de 1812 a la actual de 1978; y una tercera donde profundizo en los mecanismos íntimos, en esa «arquitectura democrática» que justifica toda la parafernalia.
La polaridad mundial ha cambiado hacia China, India, en general hacia oriente
Sin duda. Ya hay un cambio de polaridad evidente. El ciclo imperial de la anglosfera —Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Australia— está llegando a su fin, o al menos se está topando con el apogeo del ámbito de la cultura oriental. El polo económico y financiero ya se ha trasladado a Lejano Oriente. Las cifras macroeconómicas de China ya superan en muchos aspectos a las de Estados Unidos, y desde el punto de vista militar, el bloque que forma con la India y con una Rusia díscola al poder americano, representa un nuevo centro de atracción mundial. Todo aquello que decía Fukuyama del fin de la historia, asumiendo que solo reinaría la democracia liberal bajo una cosmovisión geocéntrica estadounidense, desaparece ahora ante el predominio de una potencia creciente y poderosamente floreciente como es China.
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