Urban Sketchers, el grupo que desafía a la lluvia para dibujar en la calle
Se reúnen una vez al mes en Pontevedra y pintan plazas, parques o monumentos, sin importar el nivel de habilidad que tengan

Gustavo Santos
El dibujo, normalmente, es una actividad individual, pero hay gente que se reúne en grupo para acompañarse en el proceso de una ilustración, para aprender junto con otros artistas más experimentados o simplemente para dibujar en la calle con un apoyo para sentirse menos observado. Es el caso de Urban Sketchers Pontevedra, un grupo compuesto de dibujantes de todos los niveles que se junta una vez al mes en diferentes lugares de la ciudad.
El plan es dibujar algún elemento del entorno en el que quedan, y cada resultado es único. El grupo está fundamentalmente compuesto por mujeres, cada una con su propia técnica, aunque la mayoría escogen el lápiz para bocetar y después la acuarela para completar la escena urbana.
Esta mañana se juntaron seis del conjunto habitual, que suele rondar las diez personas. Se enfrentaron al desafío de la lluvia y acudieron a la plaza de Curros Enríquez armadas con sus utensilios y, algunas, hasta con taburetes para evitar el suelo mojado. Sentadas bajo los soportales, cada una se enfrascó en su bloc y comenzó a dibujar aquella composición que le llamaba atención.
Macu, una de las creadoras del grupo, eligió una escena con una vista diáfana de la plaza, captando el momento justo en el que pasaba alguien con un paraguas: «Lo que estoy intentando es, en este espacio, encajar lo que estoy viendo», apunta sobre su proceso. A la pregunta de si quiere incluir al transeúnte con paraguas en recuerdo de este día tan lluvioso de agosto, dice que más bien es una decisión sobre la composición: «Le da un encaje perfecto. Primero saqué una foto y la recorté hasta que la figura coincidía con un tercio, en las líneas imaginarias de la composición».
En su experiencia en el mundo del arte, conoció a Chus Rojo, una ilustradora profesional que se dedica a crear los dibujos de cuentos para niños. Decidieron juntarse para dibujar en la calle, porque en solitario les daba vergüenza, y al final surgió el Urban Sketchers Pontevedra, que se articula alrededor de una cuenta de Instagram. «La mejor forma de coger soltura para dibujar es quitarte el miedo, salir a la calle y ponerte a dibujar. Esta es una forma de buscar gente a la que le guste lo mismo que tú y no sentirse solos, porque cuando viene gente y se te queda mirando... La verdad es que impresiona», explica Macu sobre el origen.
Chus corrobora esa parte positiva: «La verdad es que se ha convertido en una cosa maravillosa. Cada una dibujaba en su casa y, bueno, yo es que ya me dedico a esto, pero también necesitaba dibujar de forma más libre; sin presiones, sin que tenga que estar todo perfecto, simplemente dibujar para disfrutar. Empezamos porque vimos que los grupos de urban sketch se convirtieron en un movimiento global hace unos años y en Pontevedra no había ninguno». Destaca también que las sesiones duran dos horas y que la idea es terminar la obra en ese tiempo, quedándose con el recuerdo y la imagen de ese momento.
Ellas dos ya son veteranas del arte, junto con una cartaginesa de 25 años afincada en Pontevedra llamada Maika. Lleva acudiendo a las quedadas desde marzo, y esta mañana se encontraba dibujando la fuente de la plaza, con sus rostros característicos de hierro.
«Yo estudié animación pero ahora mismo soy ilustradora freelance, estoy metida en eventos como salones del manga vendiendo mis productos e ilustraciones», explicó Maika sobre su relación con el arte. A su lado estaba Abesti, de Pontevedra, que empezó a dibujar este año a raíz de acompañarla en las quedadas: «Me interesaba de antes, solo que nunca había probado, así que me traigo una libreta y un lápiz y hago alguna cosa».
Otra recién iniciada al dibujo es Ana, que viene desde Poio y a sus 53 años ha decidido empezar: «No tengo ni idea, y como las vi pues me animé. Además como es un grupo tan agradable, nos ayudamos unas a otras. Yo les pregunto muchas dudas a las que tienen más experiencia. Me quita el miedo, porque yo sola no vendría». Cuenta que, además, es una actividad que relaja, y que al intercambiar impresiones en grupo se avanza y se aprende más rápido.
Es verdad que, a la hora de crear, cada una se sumerge en su proceso y se deja un poco de lado la conversación, pero como explica Ana, «al terminar hacemos una foto de grupo y nos vamos a tomar un café, una caña; y hablamos sobre arte o de la siguiente quedada, sobre dónde podría ser».
Así, se juntan múltiples perspectivas de la ilustración en una misma congregación: por un lado, los dibujos para público infantil de Chus Rojo; por otro, la ilustración de personajes de Maika y, finalmente, las imágenes urbanas, ya sean las experimentadas de Macu o las recientes de Ana.
Macu, que es de Madrid, afirma que le encanta pintar Pontevedra: «Los edificios de piedra tienen una textura única y la humedad le da tonos muy interesantes, en la propia roca, o con la vegetación que le va saliendo». Sobre este día frío y lluvioso, afirma que las ganas de dibujar le pueden: «El día más frío que bajamos hacían 3 grados, pero con tu chaqueta, tu chuvasquero y unos guantes sin dedos se soluciona». El grupo lleva dos años reuniéndose, y parece que se mantendrá con ilusión.
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