Pontevedra se convierte en el refugio del turismo estival ante el mal tiempo
La lluvia dispara la ocupación en la hostelería y las oficinas de Turismo constatan un agosto de «rotundo éxito»

Turistas se refugian de la lluvia en un soportal de la plaza de A Leña. / Gustavo Santos
El cielo gris y las precipitaciones intermitentes obran una suerte de milagro turístico en el corazón de las Rías Baixas. Lejos de ahuyentar a los visitantes, la tregua térmica y la lluvia han convertido a Pontevedra en el gran refugio del turismo estival, disparando la afluencia en sus calles y colgando el cartel de completo en los alojamientos. La coincidencia de este cambio meteorológico sumado a los recientes días grandes de las fiestas da Peregrina ha generado una tormenta perfecta que ha llenado hasta los topes en este final de este agosto el centro histórico y las localidades vecinas.
La dinámica del visitante es clara: si la arena no es una opción, el destino es la piedra. Así lo constatan en la oficina de turismo de la Xunta en la ciudad, donde el trajín de planos y consultas es incesante. Las cifras dibujan un mes de agosto de rotundo éxito. Solo en los últimos treinta días, estas instalaciones han atendido a 3.341 personas que buscaban exprimir su estancia en la capital de la provincia.
La estadística se condensa a medida que se acortan los plazos, con 1.657 visitantes registrados en la última quincena, 590 en apenas una semana y una media diaria que se mueve cómodamente en torno a las 77 atenciones.
Como reconocen las técnicas autonómicas, la meteorología adversa actúa paradójicamente a favor de destinos puramente patrimoniales. Las previsiones de lluvia empujan a los veraneantes a abandonar la costa para redescubrir Santiago de Compostela o la propia Pontevedra.

Técnicos de la oficina de Turismo de la Xunta aconsejan a los visitantes. / Gustavo Santos
Esa avalancha de visitantes en busca un plan alternativo se ha sentido en la hostelería, que enlaza jornadas de intensa demanda absorbiendo a quienes deciden cambiar la toalla por la gastronomía local. El impacto ha sido aún mayor en el sector de los alojamientos, que este fin de semana colgó el cartel de lleno absoluto.
La urgencia por pernoctar ha derivado este fin de semana en desembolsos excepcionales que ilustran la magnitud de la ocupación. «Como un dato, ayer un señor pagó por un hotel en Pontevedra 275 euros», revela la técnica de la oficina de Turismo de la Xunta
«El sábado y viernes, completamente lleno. Pensiones, albergues, hoteles, casas de turismo rural... no había manera», relatan desde la oficina de Turismo de la Xunta, donde vivieron de primera mano la desesperación de quienes llegaban a la ciudad sin reserva. La urgencia por pernoctar ha derivado en desembolsos excepcionales que ilustran la magnitud de la ocupación. «Como un dato, ayer un señor pagó por un hotel en Pontevedra 275 euros», revela la técnica. «Eran peregrinos que no encontraban para el Camino de Santiago. Al final el señor consiguió uno y ya le digo, pagó lo que sea».

Una pareja lee la carta de un restaurante del centro histórico. / Gustavo Santos
La onda expansiva de esta altísima ocupación saturó de inmediato las reservas en los municipios limítrofes. Las derivaciones de turistas hacia el entorno del monasterio de Poio o Combarro se toparon con los mismos alojamientos completos, una situación idéntica a la vivida en Vilagarcía de Arousa, inmersa de lleno en las celebraciones de San Roque.
La hostelería ha sido la otra gran beneficiada de este giro en los planes vacacionales. Bares, cafeterías y restaurantes han encadenado jornadas de intensa demanda, absorbiendo a los miles de veraneantes que decidieron cambiar la toalla por la gastronomía local y el recorrido por el centro histórico

Una familia revisa en un mapa turístico su itinerario por la zona monumental. / Gustavo Santos
La hostelería pontevedresa ha sido la otra gran beneficiada de este giro en los planes vacacionales. Bares, cafeterías y restaurantes han encadenado jornadas de intensa demanda, absorbiendo a los miles de veraneantes que decidieron cambiar la toalla por la gastronomía local y el recorrido por el centro histórico. Durante esta mañana de domingo en las principales arterias se sucedía la imagen de los grupos de familias, turistas y parejas cubiertos con paraguas y chubasqueros en busca de una terraza recogida o leyendo los menús de los locales.
El tirón es producto de la consolidación de un modelo. «Pontevedra, este año, dio un empuje, un salto muy importante; somos el segundo conjunto histórico-artístico más importante después de Santiago», recalcan desde las dependencias de Turismo de la Xunta. A esta monumentalidad se suma el aval de un entorno amable pensado para caminar de punta a punta, llueva o haga sol. «Tenemos grandes premios a la movilidad y entonces a la gente le atrae muchísimo, resulta especialmente cómodo y atractivo» para quienes deciden perderse caminando por sus plazas y callejuelas, llueva o haga sol.
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