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O Demo desafía al agua y llena de algarabía Pontevedra

La lluvia no pudo con la Festa do Demo en Pontevedra

Gustavo Santos

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La piedra mojada de la plaza de A Ferrería devolvía este mediodía el eco de una fiesta que se resiste a achantarse por el agua. Bajo la bóveda de los soportales, resguardando los instrumentos de la lluvia racheada para no suspender el rito, los músicos marcaban el compás mientras a pocos metros estallaba la algarabía. O Demo, con su inconfundible rojo recortado contra el cielo plomizo de agosto, cumplió puntualmente con la tradición de medirse con los pequeños de la casa. El cambio en la meteorología obligó a sacrificar el pasacalles previsto de música, sonido y humo, pero sobró esencia.

Los actores sudaron para recrear la atmósfera, y de hecho el público aplaudió el intenso esfuerzo de ambientación en una mañana que no lo ponía fácil. Frente a los embates del protagonista de la jornada, se formó una barrera de chubasqueros infantiles donde al principio ganaba el desconcierto. Eran, en su mayoría, niños de familias de turistas que miraban con ojos como platos a ese ser armado con un tridente que los azuzaba. La confusión duró exactamente lo que tardaron en traducirles la tradición.

Numerosos niños de familias de turistas miraban con ojos como platos a ese ser armado con un tridente que los azuzaba. La confusión duró lo que tardaron en traducirles la tradición, antes de arrancarse a intentar hacerse con el rabo de O Demo

En cuanto les explicaron las reglas del juego, la incomprensión forastera se transformó en un entusiasmo desbordante. Locales y visitantes acabaron fundidos en la misma carrera, el mismo grito y la misma carcajada nerviosa cada vez que el diablo amagaba con iniciar la embestida. Y un único objetivo: hacerse con el rabo de O Demo.

Os Chichisos tomarán las riendas de la Foliada do Demo esta noche en la plaza de Curros Enríquez, el último baile colectivo para despedir al diablo hasta el próximo verano

Esa adrenalina infantil de la mañana es solo el aperitivo de una jornada consagrada a la travesura patronal. A medida que la luz comience a retirarse, las calles del centro histórico volverán a agitarse. A las ocho de esta tarde, la comitiva infernal tiene programada su segunda incursión. Esta vez, el Demo y su séquito sonoro retomarán el pulso de la zona monumental para ir desgranando burlas, juegos y trastadas entre los viandantes que se atrevan a cruzarse en su camino.

Y como en Pontevedra no hay celebración que se entienda sin banda sonora, la noche de San Bartolomeu quedará en manos de la música. A las nueve, la plaza José Martí cederá el protagonismo a la solemnidad y el arraigo de la Banda de Música de Salcedo. Media hora más tarde, el espíritu más irreverente y popular de la jornada buscará su propio espacio en la plaza de Curros Enríquez. Allí, Os Chichisos tomarán las riendas de la Foliada do Demo, el último baile colectivo para despedir al diablo hasta el próximo verano.

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